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Estremecimiento en el Duque con un clásico de la imaginería
El Amor
Estremecimiento en el Duque con un clásico de la imaginería
El Amor es más que una segunda entrega del Salvador, es una metáfora de la ciudad
Francisco Correal | Actualizado 06.04.2009 - 13:32
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Del blanco al negro. Amargura. Amor. Mucho más que orden alfabético. Fernando Amores, director de las excavaciones arqueológicas de la Encarnación, no puede ver Amor. Ve los restos de Amargura empujado en una silla de ruedas. El sábado de Pasión le cayó un jarrón "moderno" en el dedo pulgar del pie derecho y lo ha inhabilitado para ver cofradías.
El Amor es mucho más que una segunda entrega del Salvador. Presta al cronista una metáfora de la ciudad. La profundidad de la Semana Santa no está sólo en que sus raíces vienen de la infancia y todo lo que ahí se cimenta nada lo destruye; también está anclada en la infancia de la ciudad, su esplendoroso pasado, cuando Sevilla era "la Nueva York del siglo XVII", en palabras de un protagonistas de esta historia.
Víctor Díaz es profesor de Informática y Jesús Ramírez empleado de banca. Mientras llega el Crucificado del Amor, uno se muestra partidario de Martínez Montañés, el otro de Juan de Mesa. La dualidad sevillana de Joselito y Belmonte traslada a la imaginería. Víctor es hermano de Pasión y cita testimonios de la autoría de la imagen de esta hermandad atribuida a Martínez Montañés. "En su taller estuvo Juan de Mesa y pintaba Velázquez", le dice a Ramírez. "Existen muchas posibilidades de que el policromado de Pasión fuera de Velázquez".
El bancario, que estudió Derecho, es hermano de los Estudiantes, de la Macarena -con las dos saldrá de nazareno- y del Gran Poder de Juan de Mesa, su imaginero preferido. Ha tenido destinos laborales en Iznájar, la patria cordobesa de Montilla, el presidente de la Generalitat de Cataluña, en Cabra y en Aguilar de la Frontera. Destinos cordobeses, como la patria de Juan de Mesa que firma en los cielos el estremecimiento en madera que atraviesa la plaza del Duque.
Tienen una tertulia mensual de temas cofrades. La víspera del pregón hay puertas abiertas "a las que vamos consortes, agnósticos y demás", dice Rosa Pérez, mujer de Jesús. De Constantina como él.
El Amor es mucho más que una segunda entrega del Salvador. Presta al cronista una metáfora de la ciudad. La profundidad de la Semana Santa no está sólo en que sus raíces vienen de la infancia y todo lo que ahí se cimenta nada lo destruye; también está anclada en la infancia de la ciudad, su esplendoroso pasado, cuando Sevilla era "la Nueva York del siglo XVII", en palabras de un protagonistas de esta historia.
Víctor Díaz es profesor de Informática y Jesús Ramírez empleado de banca. Mientras llega el Crucificado del Amor, uno se muestra partidario de Martínez Montañés, el otro de Juan de Mesa. La dualidad sevillana de Joselito y Belmonte traslada a la imaginería. Víctor es hermano de Pasión y cita testimonios de la autoría de la imagen de esta hermandad atribuida a Martínez Montañés. "En su taller estuvo Juan de Mesa y pintaba Velázquez", le dice a Ramírez. "Existen muchas posibilidades de que el policromado de Pasión fuera de Velázquez".
El bancario, que estudió Derecho, es hermano de los Estudiantes, de la Macarena -con las dos saldrá de nazareno- y del Gran Poder de Juan de Mesa, su imaginero preferido. Ha tenido destinos laborales en Iznájar, la patria cordobesa de Montilla, el presidente de la Generalitat de Cataluña, en Cabra y en Aguilar de la Frontera. Destinos cordobeses, como la patria de Juan de Mesa que firma en los cielos el estremecimiento en madera que atraviesa la plaza del Duque.
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