- Diario de Sevilla. Noticias de Sevilla y su Provincia
- Cultura
- Cultura
- Lo comido por lo servido
Lo comido por lo servido
Lo comido por lo servido
En apariencia parece una exposición sobre la relación entre arte y comida · Sin embargo, y sin renunciar al componente festivo, plantea asuntos más trascendentes
| Actualizado 26.01.2009 - 05:00Casi al final del día de la inauguración de esta exposición, Javier Martín invitó a los presentes a degustar la tarta en forma de hongo atómico que había hecho a semejanza de la que en 1946 sirvió para que el almirante Blandy y su esposa celebraran el éxito de unas pruebas nucleares en el atolón Bikini. Fue un acto festivo en el que, sin que la mayoría de los que participaron fueran enteramente conscientes, se hizo desaparecer una obra de arte que parodiaba y subvertía el sentido de aquella otra celebración de dudoso gusto. Podría tomarse este hecho como una performance realizada delante de un cuadro del mismo artista, aunque no importa tanto su catalogación como lo que puede explicar para entender el sentido de toda la exposición.
En apariencia nos encontramos con una muestra que celebra la relación del arte con la comida y la alimentación de manera desenfadada. En este sentido no constituye ninguna novedad, ni siquiera como exploración de las conexiones sinestésicas entre diferentes sentidos. Incluso en Sevilla se celebraron hace unos años diversos festivales con obras realizadas por artistas a partir productos alimentarios. La presente es otro tipo de exposición; una exposición que sin renunciar al componente festivo y de exaltación de la reunión en torno a la mesa, quiere ensayar cuestiones más trascendentes de la práctica artística actual. Es mérito del comisario Francisco del Río elaborar una propuesta que con el poderoso referente de la comida y de todo lo que tiene de rito cotidiano, fomenta y rastrea las relaciones de la actividad artística con el entorno en el que se producen. Creo que es la primera exposición que en nuestro ámbito trata de introducir los presupuestos del arte relacional defendidos desde mediados de los noventa por Nicolas Bourriaud. Según este crítico y comisario francés responsable de la puesta en marcha del Palais de Tokyo en París, el arte relacional consiste en el conjunto de prácticas artísticas que toman como punto de partida teórico y práctico el conjunto de las relaciones humanas y su contexto social, más que un espacio autónomo y exclusivo del arte. Las obras así producidas han de ser juzgadas en función de las relaciones humanas que figuran, producen o suscitan.
Así se debe ver y vivir esta exposición que se exhibió por primera vez en Jerez a finales de 2007. Allí se mostraron obras realizadas por artistas unidos para la ocasión por afinidades familiares o de amistad. Otros prefirieron actuar sobre el contexto local y algunos dieron vía libre a su propia imaginación. En su presentación en Sevilla se han respetados estos apartados y se han incorporado otros artistas y nuevas obras. En general, las relaciones familiares, de amistad y la camaradería de los artistas seleccionados han facilitado la formación de grupos que han trabajado con procedimientos y materiales que no suelen ser lo habituales en sus obras individuales. Además de las obras realizadas por parejas o por hermanos, Mar García Ranedo, por ejemplo, en su obra A la mesa muestra un video realizado con la ayuda de familiares de tres generaciones. Igual de natural parece el resultado de la unión de artistas por lazos de amistad sin que en ningún caso aparezca como algo forzado. La reaparición de la Richard Chaning Foundation es buen ejemplo con su espectacular custodia de vasos de cristal que guardan en su interior un cubata de buen tamaño. Asimismo es representativa de la camaradería existente entre artistas la reunión de antiguos compañeros de facultad en torno al cocido preparado por la madre de Patricio Cabrera. Obras nuevas en este apartado son las tituladas Comiendo no se habla, o las de Ignacio Tovar y Eduardo d'Acosta.
En cuanto a las intervenciones en el contexto local, a piezas como las de González de la Calle, Guillermo Pérez Villalta, Kaoru Katayama, Fede Guzmán y el colectivo Scarpia, la Escuela de Arte de Jerez, Jesús Palomino, Sala de Estar o la del colectivo Blitz, se han sumado las intervenciones de la Escuela de Arte de Sevilla.
Pepa Rubio, con un video de primeros planos de bocas comiendo durante un encuentro anual de amigos, o Chema Alvargonzález se han situado en el entorno de la imaginación y los sentidos.
En apariencia nos encontramos con una muestra que celebra la relación del arte con la comida y la alimentación de manera desenfadada. En este sentido no constituye ninguna novedad, ni siquiera como exploración de las conexiones sinestésicas entre diferentes sentidos. Incluso en Sevilla se celebraron hace unos años diversos festivales con obras realizadas por artistas a partir productos alimentarios. La presente es otro tipo de exposición; una exposición que sin renunciar al componente festivo y de exaltación de la reunión en torno a la mesa, quiere ensayar cuestiones más trascendentes de la práctica artística actual. Es mérito del comisario Francisco del Río elaborar una propuesta que con el poderoso referente de la comida y de todo lo que tiene de rito cotidiano, fomenta y rastrea las relaciones de la actividad artística con el entorno en el que se producen. Creo que es la primera exposición que en nuestro ámbito trata de introducir los presupuestos del arte relacional defendidos desde mediados de los noventa por Nicolas Bourriaud. Según este crítico y comisario francés responsable de la puesta en marcha del Palais de Tokyo en París, el arte relacional consiste en el conjunto de prácticas artísticas que toman como punto de partida teórico y práctico el conjunto de las relaciones humanas y su contexto social, más que un espacio autónomo y exclusivo del arte. Las obras así producidas han de ser juzgadas en función de las relaciones humanas que figuran, producen o suscitan.
Así se debe ver y vivir esta exposición que se exhibió por primera vez en Jerez a finales de 2007. Allí se mostraron obras realizadas por artistas unidos para la ocasión por afinidades familiares o de amistad. Otros prefirieron actuar sobre el contexto local y algunos dieron vía libre a su propia imaginación. En su presentación en Sevilla se han respetados estos apartados y se han incorporado otros artistas y nuevas obras. En general, las relaciones familiares, de amistad y la camaradería de los artistas seleccionados han facilitado la formación de grupos que han trabajado con procedimientos y materiales que no suelen ser lo habituales en sus obras individuales. Además de las obras realizadas por parejas o por hermanos, Mar García Ranedo, por ejemplo, en su obra A la mesa muestra un video realizado con la ayuda de familiares de tres generaciones. Igual de natural parece el resultado de la unión de artistas por lazos de amistad sin que en ningún caso aparezca como algo forzado. La reaparición de la Richard Chaning Foundation es buen ejemplo con su espectacular custodia de vasos de cristal que guardan en su interior un cubata de buen tamaño. Asimismo es representativa de la camaradería existente entre artistas la reunión de antiguos compañeros de facultad en torno al cocido preparado por la madre de Patricio Cabrera. Obras nuevas en este apartado son las tituladas Comiendo no se habla, o las de Ignacio Tovar y Eduardo d'Acosta.
En cuanto a las intervenciones en el contexto local, a piezas como las de González de la Calle, Guillermo Pérez Villalta, Kaoru Katayama, Fede Guzmán y el colectivo Scarpia, la Escuela de Arte de Jerez, Jesús Palomino, Sala de Estar o la del colectivo Blitz, se han sumado las intervenciones de la Escuela de Arte de Sevilla.
Pepa Rubio, con un video de primeros planos de bocas comiendo durante un encuentro anual de amigos, o Chema Alvargonzález se han situado en el entorno de la imaginación y los sentidos.









