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Dos años latiendo en el corazón del Cerro
Dos años latiendo en el corazón del Cerro
El Teatro Salvador Távora, aún en trance de "consolidarse", cumple el segundo aniversario de su inauguración en Hytasa con casi 26.000 espectadores, 198 funciones y una ocupación media del 67%
Francisco Camero / SEVILLA | Actualizado 17.03.2009 - 05:00A mediados de marzo de 2007, tras 36 años de exitosa y reputada experiencia internacional, Salvador Távora, animado antes por el entonces delegado de Cultura, Juan Carlos Marset, decidió "volcar todo ese prestigio acumulado" en una nave del Polígono Hytasa, en el Cerro del Águila, un barrio al que siempre ha estado ligado este dramaturgo que aspira a que su lenguaje condense "la profundidad filosófica popular de la tragedia griega", la "magnitud de la ópera" y la "emoción del circo". Dos años después de ese impulso, tomado "a pesar del riesgo que implicaba", el Teatro Salvador Távora acumula casi 26.000 espectadores y una ocupación media del 67%.
"El balance es positivo en todos los aspectos, sobre todo en el fundamental, que era acercar el teatro a un sector de la ciudad que estaba totalmente alejado de él, o que ni lo conocía. Yo destacaría por encima de todas las cosas la posibilidad que ha tenido este público de ver en un paisaje no habitual espectáculos que han estado antes en París, Londres, Nueva York, Ciudad de México... Y de verlo en este especio tan cercano, que es un descubrimiento en todos los sentidos", dice Távora, convencido desde sus inicios, y también ahora, de que "la belleza y el buen hacer no tienen por qué olvidar el compromiso social inherente al teatro".
Defensor de un teatro emocionante, alejado de la literatura y la pedagogía intelectual, unido radicalmente a las raíces de su identidad y basado en el movimiento y la acción, Távora se muestra especialmente satisfecho de haber contribuido un poco a "descentralizar la cultura" en Sevilla. "El esplendor del teatro no son grandes recintos con cortinajes lujosos, sino su contenido y su búsqueda de una sociedad mejor". Para poner en práctica esta idea, explica, el teatro colabora desde sus orígenes con asociaciones de vecinos, organizaciones no gubernamentales y colectivos de mujeres y presos, para los que el recinto reserva cada semana -con el apoyo de la Diputación y la Junta- funciones a precios reducidos; un tipo de público, dice, menos viciado ante el teatro y que le provoca una "emoción especial" cuando comprueba que los espectadores sienten un mismo "escalofrío" ante la "vivencia del teatro, que es mucho más que una experiencia intelectual".
Después de 198 funciones de Carmen, Construction Under the Wind, Flamenco para Traviata y Las Bacantes, al teatro sólo le falta "consolidarse". "Que el público que asiste habitualmente al Maestranza -continúa a modo de ejemplo- venga también aquí; que sea capaz de entender que el teatro no es un gran acontecimiento, sino un hecho cultural directo relacionado con la intimidad". A Távora no se le ha olvidado la promesa de los políticos en vísperas electorales -el alcalde y Juan Carlos Marset, ya como director general del Instituto de las Artes Escénicas y de la Música- de convertir el Polígono Hytasa en un "polo de referencia" de la cultura y el teatro de "alcance internacional".
"Nuestro teatro es como un corazoncito que puede empezar a latir dentro de un cuerpo mayor. Ya han venido aquí otros, como Los Ulen o Maestranza Films. Políticamente el asunto no ha prosperado, pero sé que hay buena disposición. Yo seguiré visitando despachos para que esa promesa se convierta en una realidad. De lo que me siento muy satisfecho en mi conciencia es de haber dado un pequeño paso, de haber demostrado que un teatro en la periferia puede funcionar. Otras cosas no dependen ya de La Cuadra: no podemos arreglar la calle que lleva al teatro, ni mejorar la iluminación de la vía pública, ni fomentar la apertura de bares y locales en la zona para que empiece a animarse de verdad", concluye el dramaturgo sevillano.
"El balance es positivo en todos los aspectos, sobre todo en el fundamental, que era acercar el teatro a un sector de la ciudad que estaba totalmente alejado de él, o que ni lo conocía. Yo destacaría por encima de todas las cosas la posibilidad que ha tenido este público de ver en un paisaje no habitual espectáculos que han estado antes en París, Londres, Nueva York, Ciudad de México... Y de verlo en este especio tan cercano, que es un descubrimiento en todos los sentidos", dice Távora, convencido desde sus inicios, y también ahora, de que "la belleza y el buen hacer no tienen por qué olvidar el compromiso social inherente al teatro".
Defensor de un teatro emocionante, alejado de la literatura y la pedagogía intelectual, unido radicalmente a las raíces de su identidad y basado en el movimiento y la acción, Távora se muestra especialmente satisfecho de haber contribuido un poco a "descentralizar la cultura" en Sevilla. "El esplendor del teatro no son grandes recintos con cortinajes lujosos, sino su contenido y su búsqueda de una sociedad mejor". Para poner en práctica esta idea, explica, el teatro colabora desde sus orígenes con asociaciones de vecinos, organizaciones no gubernamentales y colectivos de mujeres y presos, para los que el recinto reserva cada semana -con el apoyo de la Diputación y la Junta- funciones a precios reducidos; un tipo de público, dice, menos viciado ante el teatro y que le provoca una "emoción especial" cuando comprueba que los espectadores sienten un mismo "escalofrío" ante la "vivencia del teatro, que es mucho más que una experiencia intelectual".
Después de 198 funciones de Carmen, Construction Under the Wind, Flamenco para Traviata y Las Bacantes, al teatro sólo le falta "consolidarse". "Que el público que asiste habitualmente al Maestranza -continúa a modo de ejemplo- venga también aquí; que sea capaz de entender que el teatro no es un gran acontecimiento, sino un hecho cultural directo relacionado con la intimidad". A Távora no se le ha olvidado la promesa de los políticos en vísperas electorales -el alcalde y Juan Carlos Marset, ya como director general del Instituto de las Artes Escénicas y de la Música- de convertir el Polígono Hytasa en un "polo de referencia" de la cultura y el teatro de "alcance internacional".
"Nuestro teatro es como un corazoncito que puede empezar a latir dentro de un cuerpo mayor. Ya han venido aquí otros, como Los Ulen o Maestranza Films. Políticamente el asunto no ha prosperado, pero sé que hay buena disposición. Yo seguiré visitando despachos para que esa promesa se convierta en una realidad. De lo que me siento muy satisfecho en mi conciencia es de haber dado un pequeño paso, de haber demostrado que un teatro en la periferia puede funcionar. Otras cosas no dependen ya de La Cuadra: no podemos arreglar la calle que lleva al teatro, ni mejorar la iluminación de la vía pública, ni fomentar la apertura de bares y locales en la zona para que empiece a animarse de verdad", concluye el dramaturgo sevillano.












Ya podemos intuir la programación del "compañero" Távora: El Toro y Sevilla capital El Toro y Sevilla provincia El Toro y El Cerro Carmen y el Toro El Toro y. . . . . . . . el Toro
Moncho, tu análisis no se sostiene. Tal vez es al revés, que somos un pueblo que damos la espalda a la cultura. Yo personalmente me siento orgulloso de ser paisano de una eminencia teatral mundial, y lo que está haciendo en Hytasa sí que es recuperar la "memoria histórica" de los hitos culturales que han sido y son sus obras.
Távora quería tener "su teatro" y ya lo tiene. . . con millones de subvenciones públicas y haciéndole plas plas plas a los políticos correspondientes. Pero, como se ve, con eso no basta para "consolidarse".