Savia nueva en la copla y el musical

12 actores andaluces protagonizan cada noche en la Gran Vía madrileña 'Enamorados anónimos', un montaje de los creadores de 'Hoy no me puedo levantar' que recupera los grandes temas del género l Enamorados anónimos. Teatro Rialto de Madrid. De martes a domingo. De 25 a 55 euros.

Patricia Godino / SEVILLA | Actualizado 23.03.2009 - 05:00
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Sandra Carrasco en un momento de su actuación, rodeada de bailarines disfrazados de corazones.

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"Puedes enseñar a actuar, pero no a cantar ni a sentir la copla; por eso hemos preferido escoger cantantes antes que actores". Quien así opina es José María Cámara, productor de Enamorados anónimos, un musical "nada ortodoxo" que cada noche, sobre las tablas del Teatro Rialto de la Gran Vía madrileña, congrega a un ramillete de intérpretes andaluces que participan de la nueva vida de la que está disfrutando la copla. En total, 13 actores/cantantes (de ellos todos andaluces menos uno), 14 bailarines dirigidos por la coreógrafa Blanca Li y una banda de 10 músicos en directo, que siguen las órdenes del todoterreno Javier Limón, sirven de reclamo de este espectáculo "cien por cien genuino y español", como define Cámara.

Este veterano productor, al que se le debe el descubrimiento o el desarrollo de carreras como la de Mecano, Concha Buika o Pasión Vega, fue además el responsable del disco Tatuaje (1999) en el que intérpretes contemporáneos como Marta Sánchez o Ana Belén versionaban las coplas de toda la vida. Este disco fue el germen del musical que se estrenó el pasado 16 de octubre, porque Enamorados anónimos es eso mismo pero adaptado al formato de una obra de teatro musical en clave de comedia. El montaje que dirige Limón y que tiene a Daniel Sánchez Arévalo entre sus guionistas propone una divertida reflexión sobre el amor y la pareja a partir del repertorio tradicional -Ojos verdes, La bien pagá, Y sin embargo te quiero, La falsa moneda- al que se añaden varios temas de autores contemporáneos como Sabina, Serrat o el mismo Limón. El marco elegido es una clínica de desintoxicación del amor. Por este centro desfilan una actriz caprichosa, un fan enloquecido, una pareja de lesbianas en el armario, un donjuán irredento y hasta un travesti que interpreta el madrileño Juan Carlos del Pozo, en una de las actuaciones más apoteósicas de las tres horas de musical.

Lo que en otra época se cantaba con bata de cola se hace en esta clínica que dirige Eva (la onubense Mara Barros, que se dio a conocer en el concurso de televisión Popstars) en "chándal o en calzonas", explica el sevillano Carlos Vargas, que da vida sobre el escenario a Alberto. A pesar de su juventud, 32 años, Vargas es uno de los intérpretes masculinos de copla más veteranos desde que debutara hace 14 años al lado de Imperio Argentina en el Lope de Vega de Sevilla. "En este género está todo inventado y cuando escuché que se estaba preparando un musical sobre la copla no me lo pensé", dice, deseoso de verse con este montaje frente al "complicado público de Sevilla".

Alejandro Vega (Sevilla, 33 años) comparte tablas con Vargas. En el doble sentido. Vega tiene grabados tres discos que caminan entre el flamenco y el pop que le han servido para hacerse un discreto hueco en el difícil mundo de la música. Pero el salto al terreno del musical era un camino por descubrir. "Es la primera vez que me acerco al mundo de la copla", dice este joven que con Enamorados anónimos ha hecho además "una apuesta de vida", ya que se ha trasladado a Madrid y ha dejado en Sevilla a su mujer y a su hija. Vega se mete en la piel de Antonio, un rudo marido que acude a la clínica a recuperar el amor de su joven esposa, María (interpretada por la granadina Sandra Guerrero, 25 años). "El ejemplo del ni contigo ni sin ti", dice sobre su personaje.

Poco o casi nada tiene que ver Mara Barros, 28 años, con su personaje: "Eva, la terapeuta, es estirada, fría y está empeñada en demostrarle al mundo que se puede vivir sin amor". De hecho, esta onubense, que también ha participado en Hoy no me puedo levantar (de los mismos creadores que Enamorados anónimos), abre el espectáculo con una divertida interpretación de Compuesta y sin novio, el tema que popularizó Juanita Reina y que ahora suena como nuevo gracias a unos acertados arreglos musicales.

Ése es uno de los ganchos de este espectáculo: acercar el patrimonio musical de la copla a nuevos públicos desde un teatro. Algo que ya consiguió Azabache, el montaje que en 1992 reunió a Rocío Jurado, Juanita Reina y María Vidal entre otras artistas. Pero la mayoría de los protagonistas de Enamorados anónimos apenas eran niños cuando Azabache se estrenó, aunque han convivido en sus casas con la copla. Es el caso de Juan Bedel, natural de Sanlúcar de Barrameda, de la sanroqueña Verónica Rojas, la benjamina de la compañía, de sólo 21 años, o de la onubense Sandra Carrasco, la más flamenca del grupo.

Ése es otro de los aciertos: un casting de voces que viajan desde el flamenco a la copla más pura con solvencia. En este montaje, la música se completa con una original escenografía entre futurista y kitsch a la que contribuye un vestuario petardo y desenfadado que rompe tópicos en este género tachado de casposo y trasnochado. Lo dicen los propios intérpretes, la copla no tiene edad.
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