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Los editores dan la espalda a la crisis
Los editores dan la espalda a la crisis
El sector registra en Sevilla un incremento en el número de empresas · Un diseño esmerado, el rescate de clásicos y la diversidad de contenidos son las claves con las que las nuevas propuestas buscan diferenciarse
Braulio Ortiz / SEVILLA | Actualizado 04.04.2009 - 05:00En un panorama en el que todo parece encarar por culpa de la crisis un inevitable declive, el ámbito editorial sevillano, sin embargo, crece. Cada vez es mayor el número de empresas: en el plazo de los dos últimos años, han sido varias las aportaciones procedentes de la ciudad -nombres como El Olivo Azul, Metropolisiana, Guadalturia o la recién creada Paréntesis- que han contribuido a una oferta más plural en las librerías. Y las expectativas, pese a la situación económica, no caen en el derrotismo.
"El consumo no va a verse afectado, porque el libro es un ocio barato", opina José María Toro, de Guadalturia. El editor empezó su carrera "con la venta a crédito" y sabe que hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Por eso su equipo ha desarrollado una herramienta que comercializan en centros escolares, N@o, un buscador que facilita "la información que el alumno tiene que aprender".
Además de su contacto con las nuevas tecnologías, la empresa busca en la diversidad de contenidos otra clave para la supervivencia. Tras iniciar la Biblioteca Nicolás Salas con dos obras dedicadas al autor, Sevilla fabril y Sevilla desaparecida, Guadalturia ha ampliado su catálogo con la reconstrucción histórica de Marruecos ¡17 a las 17!, de Joaquín Gil Honduvilla, y la novela La tierra negra, del poeta y traductor Manuel Moya. La idea es trabajar en torno a cuatro ejes: una colección literaria, una línea centrada en la Historia, otra de temas educativos y una serie de ensayos que abordará "temas sensibles" como "el cambio climático".
Otra de las nuevas editoriales, Metropolisiana, nació hace algo más de un año con la pretensión de defender la calidad antes que la cantidad. "No se trata tanto de crecer si no de publicar bonitos libros", afirma el escritor José Daniel M. Serrallé, uno de los editores. El poemario Oro, de Manuel Rosal; la novela Deriva, de Alberto Marina Castillo; los ensayos El arte inútil, de Manuel Gregorio González y Un cine febril, de Alfonso Crespo, fueron los primeros lanzamientos de una aventura que se ha reforzado ahora con el rescate de dos títulos, Bartleby el escribiente, de Herman Melville, y Olalla, de Robert Louis Stevenson. Las expresivas ilustraciones de Manolo Cuervo y Bella Moreno para estas obras demuestran la preocupación por el diseño que existe en Metropolisiana. "Queremos que los libros sean atractivos en su apariencia y en su contenido, en lo físico y en lo anímico", declara Serrallé.
Junto al esmerado aspecto de sus productos o la difusión de autores locales, las editoriales sevillanas buscan en el rescate de clásicos descatalogados o mal traducidos un distintivo que les haga destacar. Desde que apareciera a finales de 2007, El Olivo Azul ha ido formando un impresionante catálogo con textos de Victor Hugo, Guillaume Apollinaire, Rudyard Kipling o el portugués Almada Negreiros. Guadalturia, por su parte, competirá con la fiebre por la novela histórica mediante una curiosa maniobra, reeditar una insólita incursión de Emilia Pardo Bazán en el género, Misterio.
Paréntesis, creación del grupo MAD tras una larga experiencia en libros técnicos, combinará los análisis de actualidad con obras recuperadas de un limbo que no merecían sufrir -entre ellas, La sangre y el eco, de Julio Manuel de la Rosa, y Todas las mujeres, de José María Conget- y creaciones de autores en proceso de consolidación, como el gaditano Benítez Ariza o el sevillano Emilio Durán. El hilo conductor de todo, sostenía Antonio Rivero Taravillo en la presentación del sello, será "la calidad". Un argumento con el que otros han prosperado. "Hay ejemplos de pequeñas editoriales que se han ganado el respeto, la fidelidad de los lectores", explica Serrallé, antes de mencionar algunos nombres como Pre-textos o Acantilado. Quizás, en un futuro, esta lista incluya alguna representación sevillana.
"El consumo no va a verse afectado, porque el libro es un ocio barato", opina José María Toro, de Guadalturia. El editor empezó su carrera "con la venta a crédito" y sabe que hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Por eso su equipo ha desarrollado una herramienta que comercializan en centros escolares, N@o, un buscador que facilita "la información que el alumno tiene que aprender".
Además de su contacto con las nuevas tecnologías, la empresa busca en la diversidad de contenidos otra clave para la supervivencia. Tras iniciar la Biblioteca Nicolás Salas con dos obras dedicadas al autor, Sevilla fabril y Sevilla desaparecida, Guadalturia ha ampliado su catálogo con la reconstrucción histórica de Marruecos ¡17 a las 17!, de Joaquín Gil Honduvilla, y la novela La tierra negra, del poeta y traductor Manuel Moya. La idea es trabajar en torno a cuatro ejes: una colección literaria, una línea centrada en la Historia, otra de temas educativos y una serie de ensayos que abordará "temas sensibles" como "el cambio climático".
Otra de las nuevas editoriales, Metropolisiana, nació hace algo más de un año con la pretensión de defender la calidad antes que la cantidad. "No se trata tanto de crecer si no de publicar bonitos libros", afirma el escritor José Daniel M. Serrallé, uno de los editores. El poemario Oro, de Manuel Rosal; la novela Deriva, de Alberto Marina Castillo; los ensayos El arte inútil, de Manuel Gregorio González y Un cine febril, de Alfonso Crespo, fueron los primeros lanzamientos de una aventura que se ha reforzado ahora con el rescate de dos títulos, Bartleby el escribiente, de Herman Melville, y Olalla, de Robert Louis Stevenson. Las expresivas ilustraciones de Manolo Cuervo y Bella Moreno para estas obras demuestran la preocupación por el diseño que existe en Metropolisiana. "Queremos que los libros sean atractivos en su apariencia y en su contenido, en lo físico y en lo anímico", declara Serrallé.
Junto al esmerado aspecto de sus productos o la difusión de autores locales, las editoriales sevillanas buscan en el rescate de clásicos descatalogados o mal traducidos un distintivo que les haga destacar. Desde que apareciera a finales de 2007, El Olivo Azul ha ido formando un impresionante catálogo con textos de Victor Hugo, Guillaume Apollinaire, Rudyard Kipling o el portugués Almada Negreiros. Guadalturia, por su parte, competirá con la fiebre por la novela histórica mediante una curiosa maniobra, reeditar una insólita incursión de Emilia Pardo Bazán en el género, Misterio.
Paréntesis, creación del grupo MAD tras una larga experiencia en libros técnicos, combinará los análisis de actualidad con obras recuperadas de un limbo que no merecían sufrir -entre ellas, La sangre y el eco, de Julio Manuel de la Rosa, y Todas las mujeres, de José María Conget- y creaciones de autores en proceso de consolidación, como el gaditano Benítez Ariza o el sevillano Emilio Durán. El hilo conductor de todo, sostenía Antonio Rivero Taravillo en la presentación del sello, será "la calidad". Un argumento con el que otros han prosperado. "Hay ejemplos de pequeñas editoriales que se han ganado el respeto, la fidelidad de los lectores", explica Serrallé, antes de mencionar algunos nombres como Pre-textos o Acantilado. Quizás, en un futuro, esta lista incluya alguna representación sevillana.









