música Desigual arranque del festival en el Monasterio de la Cartuja

El ciclón del 'kuduro'

El colectivo lisboeta Buraka Som Sistema y el jerezano Tomasito pusieron patas arriba la primera noche de 'Territorios Sevilla'

Blas Fernández / Sevilla | Actualizado 30.05.2009 - 05:00
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Buraka Som Sistema, auténtico huracán rítmico sobre uno de los tres escenarios de Territorios .

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Con permiso de Alpha Blondy, que a las primera de cambio ya estaba tirando de una canción tan emblemática como Jerusalem -porque sí, porque él puede-, la primera jornada de la XII edición de Territorios, la noche del pasado jueves, tuvo para este cronista dos citas con resultados muy por encima de la media: una esperada, aunque no exenta de cierto escepticismo, la de Buraka Som Sistema; otra inesperada, pero alojada en la memoria y presta a saltar al primer plano por derecho propio, la de Tomasito.

Con el Monasterio de la Cartuja abarrotado -se colgó el cartel de No hay entradas y fueron centenares los que se quedaron sin ellas-, Alpha Blondy, flanqueado por una superbanda con tendencia al exceso rockista, se ajustó al milímetro a ese guión que hace ya tiempo lo consagró en el papel de leyenda del reggae africano. El costamarfileño lo sabe y juega con ello, aunque el exceso de ortodoxia quizás sólo sirva para convencer a los incondicionales.

Si hace décadas el reggae llegó a África con su fraternal mensaje revolucionario, de África, en concreto de Angola, nos llegó a finales de los 90 el kuduro -culo duro en su traducción literal- con un recado bien distinto: páselo bien.

Exportado a Portugal por la inmigración y al contacto con la cultura rave del momento, el kuduro europeo vivió así un proceso de transformación, con permanentes reajustes en uno y otro sentido geográfico, que en el pasado 2008, con el revival nu rave, se concretó en una propuesta incontestable, la del colectivo lisboeta Buraka Som Sistema a través del álbum Black Diamond.

Servidor se reconoce incapaz de escuchar en casa dicho disco de cabo a rabo -me raya-, pero en directo... Un Dj encargado de las secuencias, dos percusionistas y dos MC's, amén de una elástica y fibrosa cantante ocasional, bastan y sobran a nuestros vecinos del Oeste para poner en marcha una apisonadora rítmica con graves de 20 toneladas, samples de ascendente macarra -sí, y qué: de Prodigy a AC/DC- y pildorazos vocales desinhibidores de la líbido -que se lo pregunten a las atractivas señoritas reclutadas entre el público y subidas a bailar al escenario-.

Tras semejante derroche de energía en el escenario Cruzcampo, encontrarse en el principal a Emir Kusturica en plan pachanga con su No Smoking Orchestra no puede definirse sino como de auténtica bajona. Lejos, muy lejos de la solvencia de su amigo Goran Bregovic, cabe preguntarse quién le haría caso a esta formación de no ondear como reclamo el nombre del cineasta.

Tras unos minutos observando el despegue hard house de Boy 8 Bit, pareció recomendable dirigir los pasos hacia el escenario del patio interior, donde el jerezano Tomasito daba rienda suelta al animal escénico que lleva por dentro y por fuera con un concierto trepidante, eléctrico, en el que, a medio camino de Lola Flores, Chiquito de la Calzada, Kiko Veneno y no sé bien qué más, picó de repertorio propio y ajeno metiéndose al respetable en el bolsillo del pantalón. Bueno, hasta que en el bis -nada menos que el Back in Black de AC/DC- se lo quitó quedándose, también literalmente, en calzoncillos.

Después de semejante demostración de flamenco-rock preferí ahorrarme esa empanada de presuntas hechuras jondas, que tanto me indigesta, servida por Ojos de Brujo. Lástima que el esperado Diplo, tipo versátil y cultivado, pese a los ocasionales destellos referenciales, tampoco estuviera en su día más fino. Frío.

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