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“El libro sobre Dueñas se publicará en 2011”
Jacobo Fitz-James Stuart Martínez de Irujo. Editor
“El libro sobre Dueñas se publicará en 2011”
Premio Nacional de Edición, Jacobo Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, creador de Atalanta y Siruela considera que esta muestra es “una satisfacción para todos”
Charo Ramos / Sevilla | Actualizado 15.10.2009 - 10:22Al tercer hijo de los duques de Alba se le conoce en el mundo literario como Jacobo Siruela y es uno de los editores más selectos y prestigiosos de Europa. En 2005 vendió su sello Siruela y creó Atalanta, un proyecto desde el que han visto la luz joyas de la cultura asiática (el año que viene editará el Ramayana de Valmiki) y hasta una apasionante biografía del gran Duque de Alba que posó para Tiziano.
–¿Qué papel han jugado los tesoros pictóricos de la Casa Ducal en su experiencia y aprendizaje estéticos? ¿Qué obra prefiere entre las que su madre muestra ahora en Sevilla?
–Nacer rodeado de cuadros y antigüedades parece que pudiera imprimir cierta afición al arte, pero no es así. Cada cual reacciona de una manera. Cuando era niño, los niños no podían ir a los salones. Cuando era joven me convertí en un vanguardista radical que vivía en una habitación totalmente blanca decorada por mí y reaccionaba contra la colección de arte clásico que se albergaba el palacio. A los 22 años me fui de mi casa. Sólo con el tiempo uno empieza a comprender las cosas; uno empieza a asimilar lo que representa el pasado, es decir, lo contemporáneo y vivo que puede resultar para cualquiera. De las obras que se exponen en Sevilla yo prefiero,en primer lugar, los dos Goyas. Los tópicos suelen ser ciertos. El Tiziano del III duque de Alba. El magnífico autorretrato de Mengs. El Ribera de las Dueñas. Y también otras tres obras de Liria:el paisaje de Ruysdael, La pequeña vaquera junto al agua de Corot y La verdad de Furini.
–La colección de Doña Cayetana ha incorporado en los años recientes a Chagall, Picasso y Miró. ¿Qué artistas le gustaría poder incluir en este gran museo que es la Casa de Alba?
–A mi me hubiera encantado tener alguna obra de Max Ernst, De Chirico, Brancusi, Rothko, Kapur, Richard Long, Tapies, Palazuelo y Guillermo Pérez Villalta, por ejemplo.
–¿Qué supone para su familia mostrar en Sevilla esta antología de tesoros familiares? ¿Conoce usted la colección permanente del Bellas Artes?
–Es una satisfacción para todos, y sobre todo para mi madre, poder exponer una parte importante de los fondos artísticos familiares en una ciudad a la que estamos en mayor o menor medida todos vinculados a ella. Visité el Museo de Bellas Artes sevillano en dos ocasiones hace ya bastante tiempo. Pero ahora quiero mostrar a mi mujer, Inka [Martí], las dos impresionantes cuadros con el tema de la Vanitas que pintó Carreño, que me parecen la verdadera culminación del pensamiento barroco. A Dalí le encantaban. Quizá ese tenebrismo melancólico horroriza ahora en Sevilla, pero me parecen únicos.
–¿Cuándo verán la luz en Atalanta los catálogos sobre los palacios de Liria y Dueñas?
–El año que viene en septiembre saldrá el libro de Liria. El de Dueñas, a lo largo de 2011. No he podido hacer otra cosa. Este año publicaré el mes que viene las memorias completas y auténticas de Casanova, y no las versiones mutiladas y tergiversadas que han circulado en España. Esta obra tiene 3600 páginas. Además preparo una novela erótica muy larga para 2010 y que es uno de los cinco libros más importantes de la cultura china. Estos dos proyectos me han comido todo el presupuesto de este año.
–Con la reedición de El gran Duque de Alba, Atalanta inició la colección Casa de Alba, que junto a libros sobre los palacios ducales incluirá biografías de otros miembros de su familia. ¿Qué datos ha descubierto de ese ilustre y quién le sucederá en esta serie?
–La figura del Gran Duque es un tema demasiado complejo como para despacharlo en dos frases. Durante muchos años ha sido un estereotipo ideológico, que ha cumplido una función política, y luego romántico, al gusto de la mentalidad moderna. Es un ejemplo claro de cómo la historia es leyenda, y de cómo la memoria histórica es una interpretación; es decir, una continua reinvención de los hechos históricos. La objetividad, como asegura la física cuántica, no existe: todo depende del observador. Aunque debo de decir que el norteamericano Maltby es el que más ha ahondado en esta sugerente figura llena de luces y sombras. Con respecto a las nuevas biografías, me lo voy a tomar con suma tranquilidad. Mi mujer y yo vivimos en el campo, en Gerona, y sólo hacemos diez libros al año. Todos libros de difícil ejecución intelectual, que tratamos de hacer con el mayor cariño artesanal.
–Durante su etapa en Siruela trabajó junto al recordado crítico de arte Juan Antonio Ramírez. ¿Le gustaría que Atalanta tuviera también una colección especializada en estética como aquella inolvidable Biblioteca Azul Mínima?
–Ha sido muy triste para mí la inesperada pérdida de Juan Antonio Ramírez. Un hombre muy trabajador y con ideas muy imaginativas. Tengo algunos proyectos de libros de arte en mi cabeza. El primero de ellos ya ha salido. Las novelas en imágenes de Max Ernst, cuyo prólogo encargué precisamente a Juan Antonio. Pero ya veremos, el libro de arte es complicado en España. En una casa de un francés, inglés o alemán siempre verá libros de arte. Pero rara vez ocurre en la casa de una persona cultivada en España.
–¿Qué papel han jugado los tesoros pictóricos de la Casa Ducal en su experiencia y aprendizaje estéticos? ¿Qué obra prefiere entre las que su madre muestra ahora en Sevilla?
–Nacer rodeado de cuadros y antigüedades parece que pudiera imprimir cierta afición al arte, pero no es así. Cada cual reacciona de una manera. Cuando era niño, los niños no podían ir a los salones. Cuando era joven me convertí en un vanguardista radical que vivía en una habitación totalmente blanca decorada por mí y reaccionaba contra la colección de arte clásico que se albergaba el palacio. A los 22 años me fui de mi casa. Sólo con el tiempo uno empieza a comprender las cosas; uno empieza a asimilar lo que representa el pasado, es decir, lo contemporáneo y vivo que puede resultar para cualquiera. De las obras que se exponen en Sevilla yo prefiero,en primer lugar, los dos Goyas. Los tópicos suelen ser ciertos. El Tiziano del III duque de Alba. El magnífico autorretrato de Mengs. El Ribera de las Dueñas. Y también otras tres obras de Liria:el paisaje de Ruysdael, La pequeña vaquera junto al agua de Corot y La verdad de Furini.
–La colección de Doña Cayetana ha incorporado en los años recientes a Chagall, Picasso y Miró. ¿Qué artistas le gustaría poder incluir en este gran museo que es la Casa de Alba?
–A mi me hubiera encantado tener alguna obra de Max Ernst, De Chirico, Brancusi, Rothko, Kapur, Richard Long, Tapies, Palazuelo y Guillermo Pérez Villalta, por ejemplo.
–¿Qué supone para su familia mostrar en Sevilla esta antología de tesoros familiares? ¿Conoce usted la colección permanente del Bellas Artes?
–Es una satisfacción para todos, y sobre todo para mi madre, poder exponer una parte importante de los fondos artísticos familiares en una ciudad a la que estamos en mayor o menor medida todos vinculados a ella. Visité el Museo de Bellas Artes sevillano en dos ocasiones hace ya bastante tiempo. Pero ahora quiero mostrar a mi mujer, Inka [Martí], las dos impresionantes cuadros con el tema de la Vanitas que pintó Carreño, que me parecen la verdadera culminación del pensamiento barroco. A Dalí le encantaban. Quizá ese tenebrismo melancólico horroriza ahora en Sevilla, pero me parecen únicos.
–¿Cuándo verán la luz en Atalanta los catálogos sobre los palacios de Liria y Dueñas?
–El año que viene en septiembre saldrá el libro de Liria. El de Dueñas, a lo largo de 2011. No he podido hacer otra cosa. Este año publicaré el mes que viene las memorias completas y auténticas de Casanova, y no las versiones mutiladas y tergiversadas que han circulado en España. Esta obra tiene 3600 páginas. Además preparo una novela erótica muy larga para 2010 y que es uno de los cinco libros más importantes de la cultura china. Estos dos proyectos me han comido todo el presupuesto de este año.
–Con la reedición de El gran Duque de Alba, Atalanta inició la colección Casa de Alba, que junto a libros sobre los palacios ducales incluirá biografías de otros miembros de su familia. ¿Qué datos ha descubierto de ese ilustre y quién le sucederá en esta serie?
–La figura del Gran Duque es un tema demasiado complejo como para despacharlo en dos frases. Durante muchos años ha sido un estereotipo ideológico, que ha cumplido una función política, y luego romántico, al gusto de la mentalidad moderna. Es un ejemplo claro de cómo la historia es leyenda, y de cómo la memoria histórica es una interpretación; es decir, una continua reinvención de los hechos históricos. La objetividad, como asegura la física cuántica, no existe: todo depende del observador. Aunque debo de decir que el norteamericano Maltby es el que más ha ahondado en esta sugerente figura llena de luces y sombras. Con respecto a las nuevas biografías, me lo voy a tomar con suma tranquilidad. Mi mujer y yo vivimos en el campo, en Gerona, y sólo hacemos diez libros al año. Todos libros de difícil ejecución intelectual, que tratamos de hacer con el mayor cariño artesanal.
–Durante su etapa en Siruela trabajó junto al recordado crítico de arte Juan Antonio Ramírez. ¿Le gustaría que Atalanta tuviera también una colección especializada en estética como aquella inolvidable Biblioteca Azul Mínima?
–Ha sido muy triste para mí la inesperada pérdida de Juan Antonio Ramírez. Un hombre muy trabajador y con ideas muy imaginativas. Tengo algunos proyectos de libros de arte en mi cabeza. El primero de ellos ya ha salido. Las novelas en imágenes de Max Ernst, cuyo prólogo encargué precisamente a Juan Antonio. Pero ya veremos, el libro de arte es complicado en España. En una casa de un francés, inglés o alemán siempre verá libros de arte. Pero rara vez ocurre en la casa de una persona cultivada en España.









