Jesús Cota. Escritor

"La fidelidad es importante porque protege algo más grande, el amor"

El autor publica 'Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad', un ensayo no exento de humor sobre las diferentes actitudes del hombre frente a la tentación

Braulio Ortiz / SEVILLA | Actualizado 09.01.2010 - 14:24
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Jesús Cotta pone el amor bajo la luz de la filosofía y la ética.

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El malagueño afincado en Sevilla Jesús Cotta se decidió a abordar en su nuevo libro, Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad (Editorial Paréntesis), un análisis de los deslices más allá de la pareja y de las irregularidades que escondía un orden articulado alrededor de la monogamia. En un principio, el autor de Las vírgenes prudentes creía que la fidelidad no era más que "un atavismo hecho de miedos, celos y sentimientos de propiedad, bendecido por el cristianismo y aureolado por el romanticismo", pero, a través de los testimonios que fue recogiendo, coligió que se trataba más bien de un "anhelo vital, legítimo, universal y profundo de la persona". En su ensayo -uno de los primeros libros que se pueden leer en teléfonos móviles con el sistema 360 de Vodafone- Cotta pone "bajo la luz de la filosofía y de la ética" las diferentes actitudes con que el ser humano afronta sus tentaciones sexuales.

-Empieza el libro desmontando una serie de tópicos sobre el flechazo, sobre el deseo de casarse o sobre la caducidad del amor.

-La palabra amor está desgastada, yo creo que habría que matar a los príncipes azules y a las princesas. Hoy se busca la realización profesional, la realización amorosa... y se busca a un príncipe que responda a todas las expectativas, como una realización mía. Pero el amor gira en torno al tú, no en torno al yo. Es terrible esa idea de que tenemos derecho a la perfección: no es cierto, porque las personas no somos perfectas.

-En un pasaje de su obra, inventa el síndrome de Ginebra.

-Hago muchos juegos, me invento palabras, hago clasificaciones, para hacer ameno el libro y para distinguir cosas que son diferentes. Ginebra y Arturo se querían, pero Lanzarote estaba de muy buen ver. Ella siente fascinación por Lanzarote, probablemente la misma que un día sintió por su marido. Y la situación es que quiere darse el lote con él sin engañar a su marido. Pero es difícil unir libertad y compromiso. El hombre vive en un dilema continuo: siempre querrá que le sean fiel pero siempre tendrá la tentación de ser infiel... Para acabar con ese conflicto habría que acabar con el ser humano, porque es algo implícito a él.

-Hace una descripción muy detallada de lo que es, para usted, el cuerno de oro.

-Hay una historia que para mí es un cuerno de oro. Le ocurre a un albañil en la casa en la que está trabajando: algo que no tiene posibilidad de continuación, que ocurre sin que te lo esperes y que no tiene complicaciones sentimentales, no se entera nadie... La gente no pone los cuernos porque son ideales, sino porque son reales, están ahí. El cuerno ideal es el que no has buscado.

-A través de la historia de Penélope y Ulises, usted enseña que la fidelidad no es un bien absoluto.


-Pienso que la fidelidad no es lo mismo que el amor. La gente que dice: "Corto contigo, porque me has puesto los cuernos" no distingue entre fidelidad y amor, y no es lo mismo. El amor es un sentimiento involuntario, y la fidelidad es como una postura voluntaria. Digamos que la fidelidad es esperarte para comer y el amor es como tener hambre. La fidelidad es valiosa porque salvaguarda algo mucho más valioso, que es el amor. No desprecio la fidelidad ni la magnifico. Penélope y Ulises hicieron, cada uno a su manera, lo máximo que podían hacer para mantenerse unidos.

-En su ensayo hay una amplia catalogación de amantes. Está el socrático, el aristotélico, el posmoderno... ¿Qué tipo le llama más la atención de todos?

-Una persona que no quiera comprometerse debe ser un amante epicúreo. A quienes buscan convivir en pareja yo les recomiendo ser amantes aristotélicos con un toque de Nietzsche [ríe]. Es lo más sano para la naturaleza imperfecta, falible, del ser humano. Aristóteles dice: "Bueno, yo te amo, pero no soy perfecto". Yo quiero mucho a mi hermano, pero me he peleado con él muchas veces, y sería terrible que por pelearnos mi hermano me dejara de querer, que es lo que le ocurre a los amantes socráticos.

-¿Y lo de Nietzsche?

-Añado lo del toque de Nietzsche porque el amor es el terreno del placer y de la libertad, no puede haber deberes. Los deberes son enojosos y la fidelidad es un deber. Ese punto de espontaneidad y frescura me gusta mucho. Pero comento lo del toque porque Nietzsche condena el amor a no durar. Con libertad y placer únicamente no funcionaría, también hay que hacer algo para que se mantenga.

-El libro, aunque suene solemne, es una llamada al perdón de los infieles.

-Sí, sí, lo es. El amor es lo importante. Si hay algo parecido a la verdad es el amor. Ahora la gente demanda la coherencia, pero a mí eso no me interesa. Me gustan los chaqueteros y los conversos, porque cambian. Somos así. El amor es la guía: si tú estás con alguien, es con esa persona con la que te lo pasas bien. Pero si algún día no pasa eso, el amor puede perdonar. Y como conceder ese perdón es difícil, es mejor no contarlo. Ésa es mi conclusión.

-Una curiosidad. ¿Su mujer ha leído El dilema de la infidelidad? ¿No le ha molestado nada de lo que dice?

-No, no. Porque el libro no son confesiones mías, sino teorizaciones. No me pongo a contar con quién puse mi primer cuerno, ni nada de eso.

-Pero en su prólogo asegura, por ejemplo, que ha puesto "cuerno y medio".


-Ah, pero también aconsejo que no se enteren nunca [ríe]. Digamos que afirmaciones como ésa no son más que recursos literarios...

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