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Contundencia y minucia melódica
crítica flamenco
Contundencia y minucia melódica
Juan Vergillos | Actualizado 19.03.2010 - 10:35Miguel Ángel Cortés. Guitarra y dirección musical: Miguel Ángel Cortés. Guitarra: Niño Marín. Cante: Raquel Enamorado, Noelia Millares, Macarena de la Torre. Percusión: Joselito Carrasco. Palmas: Bobote, Torombo. Lugar: Sala Joaquín Turina. Fecha: Jueves 18 de marzo. Aforo: Media entrada.
La música de este guitarrista vive en las dos polaridades en las que se mueve el flamenco actual: la rotundidad, casi atlética, del ritmo, y la minucia melódica. Digo minucia porque su música se articula en torno a esbozos, a frases musicales breves pero de gran sabor, que dan a su toque carne. La contundencia rítmica, sobrada, la expresó en forma de bulerías paqueras, tangos y alegrías bailables. Es un ritmo bronco, con lo que declara su filiación oriental. Bronco en el buen sentido. Algo montaraz, algo asilvestrado. Cortés conoce los secretos de la amalgama pero los hace de esa manera desarbolada, algo cándida, del oriente andaluz. Lejos de la estilización sevillana o gaditana. Y ahí reside su encanto.
Ocurre lo mismo con la melodía: no se pierde en desarrollos armónicos complejos. Su base musical es muy simple, directa, y esa es la gracia que tiene. Además, esta sencillez, está llevada también a la estructura de los temas, con prólogos, inicios y finales muy obvios, y una duración de cada pieza razonable: ayer hizo diez temas en una hora. Y con estribillos corales tan hipnóticos como el que nos regaló en la guajira. Básico, primitivo, y de bella factura. Un toque brusco que contiene poesía: Unamuno escribiendo versos. La seguiriya como paradigma: bordón de acero con pura melancolía dentro.
La música de este guitarrista vive en las dos polaridades en las que se mueve el flamenco actual: la rotundidad, casi atlética, del ritmo, y la minucia melódica. Digo minucia porque su música se articula en torno a esbozos, a frases musicales breves pero de gran sabor, que dan a su toque carne. La contundencia rítmica, sobrada, la expresó en forma de bulerías paqueras, tangos y alegrías bailables. Es un ritmo bronco, con lo que declara su filiación oriental. Bronco en el buen sentido. Algo montaraz, algo asilvestrado. Cortés conoce los secretos de la amalgama pero los hace de esa manera desarbolada, algo cándida, del oriente andaluz. Lejos de la estilización sevillana o gaditana. Y ahí reside su encanto.
Ocurre lo mismo con la melodía: no se pierde en desarrollos armónicos complejos. Su base musical es muy simple, directa, y esa es la gracia que tiene. Además, esta sencillez, está llevada también a la estructura de los temas, con prólogos, inicios y finales muy obvios, y una duración de cada pieza razonable: ayer hizo diez temas en una hora. Y con estribillos corales tan hipnóticos como el que nos regaló en la guajira. Básico, primitivo, y de bella factura. Un toque brusco que contiene poesía: Unamuno escribiendo versos. La seguiriya como paradigma: bordón de acero con pura melancolía dentro.









