El fabuloso espectáculo de actores en estado de gracia

Carlos Colón | Actualizado 27.06.2010 - 05:00
zoom

Robin Wright, una mujer anulada por su marido que descubre sensaciones perdidas junto a Keanu Reeves.

Share
EEUU, 2008, Drama. 93 min. Dirección: Rebecca Miller. Intérpretes: Robin Wright Penn, Keanu Reeves, Julianne Moore, Alan Arkin, Winona Ryder, Maria Bello, Monica Bellucci, Mike Binder, Blake Lively, Shirley Knight. Cines: Alameda, Cinesur Nervión Plaza 3D.

Arthur Miller es uno de esos creadores con aura intelectual cuyas vidas pueden hacer aborrecer la creación y la intelectualidad. Porque la cultura tiene su propia teodicea profana. Si la teodicea religiosa se pregunta por la coexistencia de la omnipotencia y bondad de Dios con la existencia del dolor y el mal, la teodicea cultural y profana debería preguntarse por la coexistencia en una nación del alto nivel cultural y educativo con la barbarie (baste pensar en la Alemania nazi) o por la coexistencia en una persona de la sensibilidad y el talento con comportamientos despreciables. La vida de Miller plantea esta pregunta: mejor quedarse en el patio de butacas viendo sus obras que pasar después de la función a los camerinos y conocerlo. Entre sus episodios más oscuros figura el internamiento en una institución de su hijo Daniel, con apenas una semana de vida, afectado por el síndrome de Down. Su existencia se mantuvo en secreto durante años. Daniel fue el segundo hijo del matrimonio de Miller -el tercero- con la fotógrafa Inge Morath. Antes había nacido Rebecca, criada como hija única. Desde muy joven Rebecca demostró capacidades artísticas que no desplegó hasta sentirse a salvo de la larga sombra del padre. En 2008, con 46 años, publicó con buena acogida su primera novela, Las vidas privadas de Pippa Lee. No casualmente trataba de la lucha por su independencia de una mujer anulada por su matrimonio con un prestigioso y egocéntrico editor mayor que ella para el que es, a la vez, secretaria, esposa, enfermera y asistenta. El éxito le animó a llevarla al cine como guionista y realizadora.

Desde el arranque -planos cortos de Pippa maquillándose- es inevitable pensar en los retratos femeninos de un Casavettes o un Bergman. El problema es que Miller no tiene su talento, aunque sí comparte con ellos el de una actriz comparable a Gena Rowlands o Liv Ullmann: una inmensa Robin Wright. La falta de talento o sobre todo de inexperiencia se demuestra en que nada más empezar la película, la cuenta entera. Durante la cena de bienvenida a Pippa y su marido, quien tras tres infartos ha decidido refugiarse en una lujosa urbanización para ancianos arrastrando a su esposa con él, uno de sus hijos le dice: "El problema es que te adaptas muy fácilmente. Eres un enigma adaptable". Mientras prepara los postres la voz off de Pippa nos cuenta: "Para ser totalmente honesta: estoy cansada de ser un enigma. ¡Quiero ser comprendida!". Amiga Rebecca: teniendo una actriz como la Wright hubiera bastado la atmósfera de la cena, el evidente papel de suntuoso adorno que Pippa desempeña y su mirada a cámara para decirlo todo. Sin necesidad de la muletilla del hijo y la redundancia de la voz off.

Contado todo desde el principio, el resto del metraje se hace previsible. Los recuerdos de su infancia y juventud carecen de la gracia amarga que pretenden tener. El marido viejo y egoísta deriva también a la caricatura y la voluntariosa Pippa al estereotipo de la mujer anulada. Todos sabemos que tarde o temprano aparecerá un Keanu Reeves que devolverá a la mujer dormida que espera dentro de Pippa a que un príncipe la despierte. Eso sí: con un orgasmo en vez de con un beso.

Lo bueno es que todas las torpezas pueden perdonársele gracias a sus intérpretes. Alan Arkin es el perfecto intelectual egoísta y ensimismado. De Robin Wright ya se ha dicho que hace un trabajo digno de una Rowlands o una Ullmann. Keanu Reeves está bien en su versión más informal, erótica y atrevida del jardinero que interpretaba Rock Hudson en Sólo el cielo lo sabe. Y hay secundarios de lujo como Winona Ryder, Juliane Moore, Monica Bellucci y sobre todo una espléndida Shirley Knight (¿un homenaje a Petulia de Richard Lester, en la que interpretaba a la "previsible Polo"?) a quien la edad y los kilos parecen haber dado aún más fuerza dramática. Ellos soportan el peso de la película sin que sus defectos de cimentación narrativa la arruinen. Así que vaya una estrella para Arkin, otra para Wright, una más para Knight y otra para el resto del reparto.
0 comentarios
Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo o discriminatorio.

Nuevo comentario

Cine a fondo

Información, festivales y críticas

Una cita con la mejor literatura

Reseñas, críticas y entrevistas

Ventana Pop

Una visión de la música, por Blas Fernández.

Música

Críticas, entrevistas y novedades

El cine ha muerto

Blog sobre series de TV

Un blog sobre libros

En busca de la experiencia lectora total