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Clásicos populares españoles
Clásicos populares españoles
Pablo J. Vayón | Actualizado 24.09.2010 - 05:002º Programa de abono de la Temporada 2010-11. Solistas: Pablo Sainz Villegas, guitarra; Daniel del Pino, piano; Sarah Bishop, corno inglés. Directora: Gloria Isabel Ramos Triano. Programa: 'La Torre del Oro' de Gloria Isabel Ramos; Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo; 'Noches en los jardines de España' y 'El amor brujo' de Manuel de Falla. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves 23 de septiembre. Aforo: Dos tercios de entrada.
Coincidiendo con la Bienal de Flamenco, Halffter decidió ofrecer un programa completamente español recurriendo a algunas de las obras más populares del repertorio, que son de las más presentadas por la ROSS en sus casi 20 años de historia también. Se contó para ello con la batuta de la canaria Gloria Isabel Ramos Triano (Sta. Cruz de Tenerife, 1964), quien fuera en 2001 sucesora de Leo Brouwer como titular de la Orquesta de Córdoba, puesto que mantuvo hasta 2004.
De gesto nervioso, vehemente y florido, Ramos Triano se presentó también en el Maestranza como compositora, con una obra dedicada a la ciudad de Sevilla cuya relación con su título (La Torre del Oro) resulta tan difícil de encontrar como de explicar. Se trata de una pieza de un atonalismo ecléctico que transcurre de forma más bien anodina y en la que es difícil hallar ese "color español" a la que hace alusión la autora en su presentación incluida en las notas al programa.
Tampoco hubo derroche de color en el resto del concierto, pues la directora canaria pareció más preocupada por fraseo, articulación y equilibrio que por la exuberancia tímbrica, lo cual se apreció especialmente en la versión de El amor brujo que cerró el recital, una interpretación quizá no demasiado idiomática y, como decía, poco colorista (lo que corroboró la sequedad del final), pero matizada de forma muy precisa, tanto en agógicas como en dinámicas. Es como si Ramos Triano hubiera preferido atemperar el carácter agitanado de la partitura con una adustez si se quiere castellana. Por cierto, que se ofreció una interpetación con la voz solista asumida por el corno inglés de Sarah Bishop, quien había dejado ya muestras de su calidad en ese celebérrimo Adagio del Concierto de Aranjuez.
En la pieza de Rodrigo, Pablo Sainz Villegas, que tocó sin amplificar la guitarra, lo que para auditorios tan grandes como el Mestranza no es siempre habitual, brindó una versión de apreciable elasticidad y elegancia, con un tiempo central más meditativo que sublime y una chispeante danza final. Acompañamiento muy medido, claro y equilibrado, sin tapar en ningún momento al delicado instrumento solista.
Más turbia resultó la interpretación de las Noches en los jardines de España, no tanto por la muy sensible participación de Daniel del Pino, sino por la de una orquesta que no terminó de encontrar la atmósfera de transparencia y misterio que la obra exige.
Coincidiendo con la Bienal de Flamenco, Halffter decidió ofrecer un programa completamente español recurriendo a algunas de las obras más populares del repertorio, que son de las más presentadas por la ROSS en sus casi 20 años de historia también. Se contó para ello con la batuta de la canaria Gloria Isabel Ramos Triano (Sta. Cruz de Tenerife, 1964), quien fuera en 2001 sucesora de Leo Brouwer como titular de la Orquesta de Córdoba, puesto que mantuvo hasta 2004.
De gesto nervioso, vehemente y florido, Ramos Triano se presentó también en el Maestranza como compositora, con una obra dedicada a la ciudad de Sevilla cuya relación con su título (La Torre del Oro) resulta tan difícil de encontrar como de explicar. Se trata de una pieza de un atonalismo ecléctico que transcurre de forma más bien anodina y en la que es difícil hallar ese "color español" a la que hace alusión la autora en su presentación incluida en las notas al programa.
Tampoco hubo derroche de color en el resto del concierto, pues la directora canaria pareció más preocupada por fraseo, articulación y equilibrio que por la exuberancia tímbrica, lo cual se apreció especialmente en la versión de El amor brujo que cerró el recital, una interpretación quizá no demasiado idiomática y, como decía, poco colorista (lo que corroboró la sequedad del final), pero matizada de forma muy precisa, tanto en agógicas como en dinámicas. Es como si Ramos Triano hubiera preferido atemperar el carácter agitanado de la partitura con una adustez si se quiere castellana. Por cierto, que se ofreció una interpetación con la voz solista asumida por el corno inglés de Sarah Bishop, quien había dejado ya muestras de su calidad en ese celebérrimo Adagio del Concierto de Aranjuez.
En la pieza de Rodrigo, Pablo Sainz Villegas, que tocó sin amplificar la guitarra, lo que para auditorios tan grandes como el Mestranza no es siempre habitual, brindó una versión de apreciable elasticidad y elegancia, con un tiempo central más meditativo que sublime y una chispeante danza final. Acompañamiento muy medido, claro y equilibrado, sin tapar en ningún momento al delicado instrumento solista.
Más turbia resultó la interpretación de las Noches en los jardines de España, no tanto por la muy sensible participación de Daniel del Pino, sino por la de una orquesta que no terminó de encontrar la atmósfera de transparencia y misterio que la obra exige.












E Concierto de Aranjuez sencillamente maravilloso, excepcional. . . pero el Adagio insuperable.