la tribuna

Paradojas electorales

Ana M. Carmona Contreras | Actualizado 28.11.2011 - 01:00
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LAS elecciones generales celebradas el pasado día 20 han dibujado un cuadro representativo que se presenta como el más abigarrado de los que ha albergado el Congreso de los Diputados en las legislaturas transcurridas desde la aprobación de la Constitución. Si por un lado se constata la preeminencia indiscutible del Partido Popular, que ha alcanzado una histórica mayoría absoluta (con 186 escaños), por otro encontramos una oposición conformada por un variopinto conjunto de fuerzas políticas. He aquí donde reside la originalidad del nuevo escenario parlamentario surgido tras los recientes comicios: frente a una mayoría sólida y cohesionada se sitúa una oposición extraordinariamente fragmentada en la que coexisten representantes procedentes de 12 fuerzas políticas distintas.

Es cierto que la fórmula electoral que se aplica en la Cámara Baja -el D'Hondt- es la menos proporcional de los sistemas proporcionales, puesto que tiende a favorecer a las candidaturas más votadas distorsionando (a la baja) la representación de aquellas que obtienen un número inferior de votos. También lo es que, como consecuencia de tal premisa, aquellos países en donde dicha fórmula rige manifiestan una acusada tendencia al bipartidismo, si bien dejando espacios a la representación de otras fuerzas políticas. Hasta ahora, la experiencia española ha venido ajustándose a esta pauta de comportamiento, constatándose la existencia de dos grandes partidos (que se alternan en el ejercicio de la acción de gobierno) y un ramillete -de extensión variable- de grupos minoritarios entre los que despuntan, como inquilinos habituales, los de índole nacionalista e Izquierda Unida.

Va a a ser precisamente en este ángulo del cuadrilátero en el que se aprecie una transformación más relevante. No tanto en lo que se refiere a la existencia de un gran partido en la oposición, rol que en la presente legislatura asume el socialista, si bien con un número de escaños (110) que lo sitúa en mínimos históricos (muy por debajo de los 125 obtenidos por Joaquín Almunia en las elecciones de 2000) y que lo deja en una posición de debilidad muy acusada. La primicia, antes bien, se sitúa en la cantidad de fuerzas políticas que lo acompañan en el ejercicio de dicha labor de oposición.

Empezando por aquellas que ya cuentan con experiencia representativa previa, encontramos un primer grupo integrado por las que mantienen el tipo y no experimentan cambios sustanciales: Esquerra Republicana, Coalición Canaria y Bloque Nacionalista Galego. Junto a éstos, hay un segundo bloque de fuerzas políticas que muestran un crecimiento cuantitativo considerable: Izquierda Unida, que deja la penumbra del Grupo Mixto para volver a tener el suyo propio (con 11 diputados) y los nacionalistas catalanes de CiU (que de 11 escaños suben a 16). Sin embargo, en este terreno la subida más espectacular se la apunta UPyD, que con cinco diputados da un salto cualitativo fundamental que se le sitúa en una posición óptima para abandonar el carácter preferentemente testimonial que ha mantenido hasta ahora para pasar a configurarse como fuerza política con voz propia.

En el capítulo de estrenos parlamentarios, a pesar de el novedoso plantel de actores noveles que se incorporan al Congreso (Compromis-Q, Foro Asturias y Geroa Bai), no cabe duda de que quien se lleva la palma es Amaiur. No sólo contará con grupo parlamentario propio gracias a los 7 escaños con que cuenta sino que, además, se afirma como la fuerza nacionalista vasca con mayor representación parlamentaria por delante del Partido Nacionalista Vasco (que cuenta con 5). Beneficiarios electorales directos de los efectos deducidos de la declaración del cese de la violencia anunciado por ETA en los prolegómenos de la campaña, esta coalición ha venido claramente a ocupar ese espectro del nacionalismo más radical que había quedado huérfano de referente político en los últimas citas autonómicas y generales -no así en las locales, gracias a Bildu- tras la ilegalización de Herri Batasuna y la de sus diversos sucesores. En ausencia de terror, el independentismo sin armas ha irrumpido con voz propia en el Congreso de los Diputados y habrá que estar muy atentos a su discurso.

Así pues, iniciamos una legislatura dominada por una aritmética parlamentaria fuertemente monocolor por lo que a la mayoría se refiere y en la que la oposición presenta una intensa variedad cromática ideológica, cargada de ricos matices políticos. Si ya de entrada sabemos que todas las iniciativas gubernamentales van a salir adelante gracias a la fuerza de la mayoría absoluta, el interés del nuevo escenario representativo residirá en las diversas estrategias desarrolladas por parte de las minorías. Eliminado de raíz el factor sorpresa (lo que en la anterior legislatura se denominaba "geometría parlamentaria variable") tendremos el aliciente del variado coro de respuestas formulado desde la oposición.
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