PASA LA VIDA

De Micaela a Susana

Juan Luis / Pavón | Actualizado 06.05.2012 - 01:00
Share
EN la lucha por el poder político, a veces se pierde ganando y se gana perdiendo. Vean el baile de máscaras en los cambios que ha hecho Griñán para el Gobierno andaluz. Hace tres meses, Micaela Navarro era una consejera que él elogiaba tras refrendarla en el cargo respecto al mandato en el que ambos estaban a las órdenes de Chaves; era de las mejor valoradas por los ciudadanos; representaba el bastión de la igualdad, el bienestar social, el apoyo a las mujeres y a los dependientes, temas que caracterizan la identidad socialista; y formó parte destacada de la candidatura de Rubalcaba, la ganadora del congreso de Sevilla para relevar a Zapatero en la secretaría general del PSOE. Eso ha penalizado a Micaela Navarro para ser desalojada del Gobierno confeccionado por Griñán, que en el congreso apoyó a Chacón, la candidata perdedora, y que es el primer candidato socialista que pierde unas elecciones andaluzas.

Gracias a la reforma laboral decretada por el PP, factor decisivo en el cambio de voto de muchos andaluces, el PSOE se ha mantenido en el poder cuyos dirigentes daban por hecho que lo perdían. Funciona con la respiración asistida que le aporta IU. Como premio al castigo electoral que les ha paliado Valderas, Griñán sitúa como número dos de su gobierno, y vicepresidenta de facto, a Susana Díaz, la organizadora del partido y de la campaña, bajo la que estaban a la greña entre sí los socialistas de la mayor parte de las provincias, más aún después de ser enviados a la oposición en tantos ayuntamientos.

Conservar la Junta tiene un efecto milagroso para hacer amigos, recibir pleitesía de los díscolos y ningunear a los compañeros que son vistos como tu alternativa a la sucesión. Griñán se arroga la condición de salvador del PSOE para la reconquista nacional, sitúa en San Telmo a Susana Díaz como su Soraya de pararrayos y, demostrando que su talante no es el de la neutralidad activa, aleja a Micaela Navarro, una de las bazas de Rubalcaba hace tres meses para reconstruir la cúpula del partido en Andalucía, y para que las bases socialistas a pie de calle siguieran confiando en sus siglas, si el 25 de marzo Arenas alcanzaba la mayoría absoluta.

Tan coyunturales son los méritos en la escalera de la política así entendida, que todo lo que ahora sube de rápido Susana Díaz es lo que puede bajar aún con mayor celeridad. Y los compañeros que estaban deseando su caída, y ahora la estrujan a besos, le darán la espalda y la condenarán al ostracismo, aunque gobernando lo haga de diez a partir de mañana, si en las próximas elecciones no tienen bisagra en la que apoyarse.
0 comentarios
Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo o discriminatorio.

Nuevo comentario