desde mi córner

Antes y después de La Rosaleda

El partido de Málaga puede haber sido el punto de inflexión para un Sevilla que aúne brillo y efectividad

| Actualizado 18.03.2009 - 01:00
PODRÍA considerarse que el partido del domingo en Málaga ha sido el punto de inflexión definitivo con vistas a que el Sevilla compatibilice la efectividad con el brillo. Es, por supuesto, sólo una hipótesis sin argumentos científicos y en un apartado, el futbolístico, donde las masturbaciones mentales tienen especial incidencia. El Sevilla es más tercero que nunca, lo que hace que la Champions sea objetivo asequible, y lo ha ido logrando partido a partido mediante la vieja premisa de que el fin justifica los medios, absolutamente todos los medios, que todo lo que no sea ganar en fútbol es pura farfolla sin valor alguno.

Málaga puede marcar un antes y un después en la impresionante Liga que lleva a cabo el Sevilla. De la mano de Jiménez, el equipo ha ido a paso de oca en el campeonato doméstico y lo hizo a base de rentabilizar cada lance, pero sin espectacularidad, sin ese plus de brillantez que hubiese acabado con la pertinaz discusión en torno a la figura del entrenador. Porque es que hay que ver la cantidad de detractores que aparecieron en el entorno de Jiménez desde que tomó el relevo en el banquillo del que se fugó Juande. Cierto es que el Fenerbahçe marcó al de Arahal, pero ¿admite discusión alguna la cuenta de resultados que ofrece el Sevilla en la Liga?

En Málaga se aunaron efectividad y brillo. En La Rosaleda quedó claro el potencial del Sevilla con el adobo de un fútbol magnífico que sirvió para acular al contrario en su portería todo el tiempo, incluso cuando hizo Salva los goles estaba el Málaga a merced de un Sevilla que le metía manos por toda su anatomía. Manos al mentón, al hígado, moviéndolo para sacarle el aire a mucho del fin, todo como obedeciendo a un rol preestablecido, como un gran equipo. Más o menos, como lo que es, saliendo airoso y convenciendo. Estoy en que la tarde del 15 de marzo en La Rosaleda se produjo la catarsis que esperaba todo el sevillismo, Jiménez el primero.
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