la ciudad y los días

El llanto de Príamo

| Actualizado 25.04.2009 - 01:00
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AYER se cumplieron tres meses del asesinato de Marta del Castillo. El pasado 14 de abril se cumplieron dos meses de la confesión de su asesino y del inicio de la búsqueda del cuerpo que dijo haber arrojado al Guadalquivir. Estos días se cumple un mes del inicio de la búsqueda del cuerpo en el vertedero de Alcalá de Guadaira. Y a estas alturas la Policía sospecha que la primera versión de los imputados era la verdadera y que el cadáver podría estar en el Guadalquivir. Por eso no ha de extrañar, ni mucho menos escandalizar, que el padre haya dicho que si en dos o tres semanas no aparece el cuerpo en el vertedero, se demostraría que los acusados "siguen mintiendo"; que hay que reformar las leyes para "quitarles privilegios"; y que "estamos en este punto porque la ley da más privilegios al delincuente que al ciudadano de a pie".

Ciertamente es escandaloso que, llevando dos meses detenido el asesino confeso, no se haya podido lograr que deje de mentir para que la familia tenga siquiera el consuelo de poder enterrar el cuerpo de su hija. Decir lo que ha dicho el padre de Marta del Castillo o darle la razón no supone pedir que se torture a los detenidos. Muy al contrario: supone exigir que no se siga torturando a una familia que, al dolor del brutal asesinato de su hija, ha de añadir la burla constante de su asesino, el tormento de ignorar el paradero del cuerpo y la pena de no poder darle sepultura. En estas circunstancias decir, como ha hecho su padre, que "la ley da más privilegios al delincuente que al ciudadano de a pie" no debe escandalizar. ¿O acaso no estamos asistiendo a la diaria tortura de esta familia?

Sin embargo, quienes se extrañan de que un asesino confeso lleve dos meses tomándole el pelo a jueces y policías, y quienes piden el endurecimiento de las penas y hasta la cadena perpetua para determinados crímenes siguen siendo acusados de vengativos, inhumanos, reaccionarios y hasta defensores de la tortura. Parece que algunos tienen en tan alto aprecio su particular idea de los derechos humanos, porque les hace sentirse justos y progresistas varones, que se diría que no les importa que desde hace tres meses se estén pisoteando los derechos más elementales de la familia de Marta del Castillo. No ya el de que se haga justicia, y que el asesino sea juzgado y condenado a una pena más severa de las que entre nosotros suelen aplicarse, sino el derecho primero y más elemental de poder dar sepultura a su hija. Uno de los derechos humanos más antiguos reconocidos, como testifica Homero cuando Príamo le pide a Aquiles el cadáver de Héctor para enterrarlo.