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El mercado de la corrupción
la esquina
El mercado de la corrupción
| Actualizado 28.05.2009 - 01:00LA política española ha descendido a las cloacas. Allí ha encontrado suciedades de diversa calidad, intensidad y mal olor que, convenientemente esparcidas por los rastreadores, producen un efecto generalizado: esto es una mierda. Y una consecuencia devastadora: más abstención.
Los que rebuscan, ventilador en mano, en el albañal creen, en su osada ignorancia, que la corrupción, en sus diversas formas, sólo deteriorará a sus adversarios y que con ellos hará una excepción. Como si eso fuera posible... Hurgando en los vicios ajenos y silbando cuando se descubren los propios piensan que éstos les serán condonados y que el peso de la culpa recaerá unilateralmente sobre los otros.
Un repaso a la actualidad de las últimas semanas es como la lectura de un catálogo de corruptelas (reales o presuntas, que eso parece ser lo de menos) de muy distinta entidad, ya digo. A los trajes de Camps y la impasibilidad de Trillo tras la sentencia del Yak-42 se han sumado, oportunamente, el avión oficial del presidente del Gobierno para acudir a un mitin partidista, la detención del alcalde socialista de Lorca, la condena de otro ex alcalde socialista y la denuncia sobre la subvención concedida por la Junta de Andalucía, siendo Chaves presidente, a una empresa minera asesorada o apoderada por una hija suya. Sin duda, habrá más casos.
Estos asuntos difieren unos de otros en la consideración que merecen desde tres puntos de vista: legal, ético y estético. Aunque en su primera aparición mediática todo aparenta ser delito, en la mayoría de los casos éste o no existe o no puede ser probado (el resultado práctico es el mismo). Por el contrario, casi todos los casos denunciados revelan comportamientos que dejan mucho que desear ética y/o estéticamente. Pero lo todo lo benéfico que resulta sacarlos a la luz, o casi todo, se pierde por su descarada utilización partidista.
PSOE y PP mantienen en teoría códigos éticos o de buenas prácticas obligatorios para sus militantes, códigos que no difieren gran cosa, lo que debería servir para aplicar una doctrina común frente a la corrupción. Nada habría más convincente y didáctico para los ciudadanos que esa rigidez compartida ante los corruptos. Sin embargo, todo se viene abajo desde el momento en que se imponen la discriminación y la ley del embudo. Se pierde la legitimidad y se destruye la credibilidad cuando uno actúa exactamente como los hipócritas de la parábola de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. O se trata a todos por igual o se está sembrando la semilla de la apatía y el escepticismo.
Cuando pase esta campaña electoral amainará el temporal. Será el signo inequívoco de que no les importa tanto la corrupción política que hace enfermar a la democracia como la aniquilación del enemigo.
Los que rebuscan, ventilador en mano, en el albañal creen, en su osada ignorancia, que la corrupción, en sus diversas formas, sólo deteriorará a sus adversarios y que con ellos hará una excepción. Como si eso fuera posible... Hurgando en los vicios ajenos y silbando cuando se descubren los propios piensan que éstos les serán condonados y que el peso de la culpa recaerá unilateralmente sobre los otros.
Un repaso a la actualidad de las últimas semanas es como la lectura de un catálogo de corruptelas (reales o presuntas, que eso parece ser lo de menos) de muy distinta entidad, ya digo. A los trajes de Camps y la impasibilidad de Trillo tras la sentencia del Yak-42 se han sumado, oportunamente, el avión oficial del presidente del Gobierno para acudir a un mitin partidista, la detención del alcalde socialista de Lorca, la condena de otro ex alcalde socialista y la denuncia sobre la subvención concedida por la Junta de Andalucía, siendo Chaves presidente, a una empresa minera asesorada o apoderada por una hija suya. Sin duda, habrá más casos.
Estos asuntos difieren unos de otros en la consideración que merecen desde tres puntos de vista: legal, ético y estético. Aunque en su primera aparición mediática todo aparenta ser delito, en la mayoría de los casos éste o no existe o no puede ser probado (el resultado práctico es el mismo). Por el contrario, casi todos los casos denunciados revelan comportamientos que dejan mucho que desear ética y/o estéticamente. Pero lo todo lo benéfico que resulta sacarlos a la luz, o casi todo, se pierde por su descarada utilización partidista.
PSOE y PP mantienen en teoría códigos éticos o de buenas prácticas obligatorios para sus militantes, códigos que no difieren gran cosa, lo que debería servir para aplicar una doctrina común frente a la corrupción. Nada habría más convincente y didáctico para los ciudadanos que esa rigidez compartida ante los corruptos. Sin embargo, todo se viene abajo desde el momento en que se imponen la discriminación y la ley del embudo. Se pierde la legitimidad y se destruye la credibilidad cuando uno actúa exactamente como los hipócritas de la parábola de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. O se trata a todos por igual o se está sembrando la semilla de la apatía y el escepticismo.
Cuando pase esta campaña electoral amainará el temporal. Será el signo inequívoco de que no les importa tanto la corrupción política que hace enfermar a la democracia como la aniquilación del enemigo.


