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Perspectivas de empleo para España
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Perspectivas de empleo para España
El último informe de la OCDE sobre el mercado laboral refleja que el paro de larga duración y el ensañamiento sobre el trabajo temporal son los principales problemas de la economía española
Joaquín Aurioles | Actualizado 26.09.2009 - 01:00EL demoledor informe de la OCDE sobre perspectivas de empleo en España comienza por señalar que el paro ha crecido aquí más que en ningún otro país de la organización, que de los 20,5 millones de ocupados que había a finales de 2007, 2,3 millones han perdido su empleo y que la tasa de paro se ha incrementado en 9,7 puntos en apenas un año y medio, hasta situarse en el 18,5%. Las previsiones señalan que lo más probable es que las cosas todavía empeoren y para 2010 la tasa de paro podría situarse en el 20%, por lo que resulta difícil entender como desde el propio Ministerio hasta algunos de los expertos que habitualmente se pronuncian al respecto, se hayan atrevido a realizar interpretaciones de los últimos datos con una cierta carga de optimismo. Lo cierto es que si bien el deterioro ha sido sistemático desde el pasado verano, la intensidad se ha reducido en los últimos meses, hasta el punto de permitir vislumbrar algún comportamiento esperanzador de carácter puntual.
La evolución del mercado de trabajo es el resultado de dos procesos simultáneos. Uno por el que los activos se integran en el colectivo de los tienen trabajo y otro de salida de los ocupados al bloque de desempleados. En el gráfico se ha reflejado la tasa de entrada al mercado de trabajo como la proporción que representa la variación de los ocupados sobre el total de activos y la tasa de salida como la variación en el número de parados con respecto a los ocupados. El resultado nos permite apreciar, en primer lugar, que el deterioro en el mercado de trabajo español comenzó producirse a mediados de 2007, cuando la tasa de salida, es decir, los ocupados que perdían su empleo, comenzó a presentar tasas de variación positiva a partir del tercer trimestre. La situación no era, sin embargo, traumática, dado que la tasa de entrada se mantuvo positiva hasta el verano de 2008. Es a partir del tercer trimestre de este año cuando coincide una tasa positiva de salida con una negativa de entrada, propiciando un deterioro acelerado de la situación, que rápidamente desembocó en la alarmante cifra de los cuatro millones de desempleados. La amplitud de la brecha que se ve en el gráfico transmite con claridad la intensidad del deterioro y al ritmo que se ha producido, pero también que los valores negativos en la tasa de entradas se suavizaron en el verano, al tiempo que en la tasa de salidas se producía un esperanzador cambio de tendencia.
Es aquí donde hay que buscar los fundamentos que han llevado a expertos y analistas a querer encontrar una razón para el optimismo, que ojalá confirmen los datos del tercer trimestre, sin entrar en contradicción con el empeoramiento pronosticado pro diferentes instituciones y organismos para 2010. En concreto, la OCDE apunta que el principal problema será el paro de larga duración, que es un pronóstico absolutamente lógico por dos razones fundamentales. En primer lugar, porque todavía no se ha manifestado en toda su crudeza y la explicación es muy simple: al comienzo de las crisis la mayor parte de los parados son recién llegados, pero su integración en el colectivo de larga duración aumenta conforme pasa el tiempo. La segunda razón es que la probabilidad de que un parado se integre en el segmento de larga duración aumenta a medida que se reduce la tasa de entrada al mercado de trabajo que, como se aprecia en el gráfico, ha sido la variable determinante del aumento del paro durante el último años, y también la que parece más resistente a invertir su tendencia.
Otro problema especialmente destacado por la OCDE es el ensañamiento con trabajadores temporales, para los que la tasa de salida resulta especialmente elevada, y para otros colectivos particularmente sensibles, como son los jóvenes, los inmigrantes y, en general, trabajadores de baja cualificación, cuya tasa de entrada es especialmente reducida. Además, el nivel de formación entre inmigrantes y jóvenes que no han completado sus estudios, así como la falta de experiencia entre los segundos se convierten en una desventaja de partida que normalmente alarga el periodo de búsqueda de empleo y estimula el subempleo y la economía sumergida, lo que se traduce en que una parte significativa del paro que se está creando tendría estructural, no cíclico, que sólo se puede combatir con reformas estructurales. Lo que nos está sucediendo es que la tasa de paro que podríamos considerar de equilibrio a corto plazo, es decir, la que es compatible con la estabilidad de los precios, ha llegado a situarse en un nivel alarmante, tanto por lo elevado del paro como por lo reducido de la inflación. Si la recuperación del consumo y la inversión presiona al alza sobre los precios, es probable que la tasa de paro no pueda reducirse significativamente sin provocar una inflación excesiva, lo que obligaría a descartar las políticas de empleo basadas en los estímulos a la demanda y a concentrar los esfuerzos en las políticas que funcionan por el lado de la oferta y aquí las posibilidades son bastante claras. En primer lugar, los gobiernos siguen teniendo la posibilidad de impulsar reformas estructurales. También se puede intentar elevar el grado de competencia en la economía y, sobre todo, el nivel de la productividad. El problema de estas políticas es que sus efectos se perciben con mucho retraso, pero todavía queda otra posibilidad: la flexibilidad laboral, que, contra la opinión del Ministerio de Trabajo y los sindicatos, nada tiene que ver con el despido libre.
La evolución del mercado de trabajo es el resultado de dos procesos simultáneos. Uno por el que los activos se integran en el colectivo de los tienen trabajo y otro de salida de los ocupados al bloque de desempleados. En el gráfico se ha reflejado la tasa de entrada al mercado de trabajo como la proporción que representa la variación de los ocupados sobre el total de activos y la tasa de salida como la variación en el número de parados con respecto a los ocupados. El resultado nos permite apreciar, en primer lugar, que el deterioro en el mercado de trabajo español comenzó producirse a mediados de 2007, cuando la tasa de salida, es decir, los ocupados que perdían su empleo, comenzó a presentar tasas de variación positiva a partir del tercer trimestre. La situación no era, sin embargo, traumática, dado que la tasa de entrada se mantuvo positiva hasta el verano de 2008. Es a partir del tercer trimestre de este año cuando coincide una tasa positiva de salida con una negativa de entrada, propiciando un deterioro acelerado de la situación, que rápidamente desembocó en la alarmante cifra de los cuatro millones de desempleados. La amplitud de la brecha que se ve en el gráfico transmite con claridad la intensidad del deterioro y al ritmo que se ha producido, pero también que los valores negativos en la tasa de entradas se suavizaron en el verano, al tiempo que en la tasa de salidas se producía un esperanzador cambio de tendencia.
Es aquí donde hay que buscar los fundamentos que han llevado a expertos y analistas a querer encontrar una razón para el optimismo, que ojalá confirmen los datos del tercer trimestre, sin entrar en contradicción con el empeoramiento pronosticado pro diferentes instituciones y organismos para 2010. En concreto, la OCDE apunta que el principal problema será el paro de larga duración, que es un pronóstico absolutamente lógico por dos razones fundamentales. En primer lugar, porque todavía no se ha manifestado en toda su crudeza y la explicación es muy simple: al comienzo de las crisis la mayor parte de los parados son recién llegados, pero su integración en el colectivo de larga duración aumenta conforme pasa el tiempo. La segunda razón es que la probabilidad de que un parado se integre en el segmento de larga duración aumenta a medida que se reduce la tasa de entrada al mercado de trabajo que, como se aprecia en el gráfico, ha sido la variable determinante del aumento del paro durante el último años, y también la que parece más resistente a invertir su tendencia.
Otro problema especialmente destacado por la OCDE es el ensañamiento con trabajadores temporales, para los que la tasa de salida resulta especialmente elevada, y para otros colectivos particularmente sensibles, como son los jóvenes, los inmigrantes y, en general, trabajadores de baja cualificación, cuya tasa de entrada es especialmente reducida. Además, el nivel de formación entre inmigrantes y jóvenes que no han completado sus estudios, así como la falta de experiencia entre los segundos se convierten en una desventaja de partida que normalmente alarga el periodo de búsqueda de empleo y estimula el subempleo y la economía sumergida, lo que se traduce en que una parte significativa del paro que se está creando tendría estructural, no cíclico, que sólo se puede combatir con reformas estructurales. Lo que nos está sucediendo es que la tasa de paro que podríamos considerar de equilibrio a corto plazo, es decir, la que es compatible con la estabilidad de los precios, ha llegado a situarse en un nivel alarmante, tanto por lo elevado del paro como por lo reducido de la inflación. Si la recuperación del consumo y la inversión presiona al alza sobre los precios, es probable que la tasa de paro no pueda reducirse significativamente sin provocar una inflación excesiva, lo que obligaría a descartar las políticas de empleo basadas en los estímulos a la demanda y a concentrar los esfuerzos en las políticas que funcionan por el lado de la oferta y aquí las posibilidades son bastante claras. En primer lugar, los gobiernos siguen teniendo la posibilidad de impulsar reformas estructurales. También se puede intentar elevar el grado de competencia en la economía y, sobre todo, el nivel de la productividad. El problema de estas políticas es que sus efectos se perciben con mucho retraso, pero todavía queda otra posibilidad: la flexibilidad laboral, que, contra la opinión del Ministerio de Trabajo y los sindicatos, nada tiene que ver con el despido libre.


