opinión

Demasiadas heridas y afán de protagonismo

Ignacio Martínez | Actualizado 12.03.2010 - 10:35
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EL salvaje atentado de Madrid de hace seis años o el secuestro de los tres cooperantes catalanes no deberían ser motivo de división de las víctimas, ni de exhibición para los políticos. Desgraciadamente, hemos tenido grandes dosis de ambas cosas estos días. Es reprobable el afán de los políticos por la foto; una afición que comparten socialistas y populares. El presidente de la Generalitat, José Montilla, y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, no pudieron el miércoles resistir la tentación de inmortalizarse con la cooperante Alicia Gámez, liberada por los terroristas de Al Qaeda del Magreb Islámico. Podrían haber cumplido en privado. Ayer en Madrid, tanto Esperanza Aguirre como Ruiz-Gallardón organizaron sendos actos para mayor gloria de sus figuras. La ceremonia unitaria del Congreso por la tarde, con la lectura de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es un formato idóneo, en lugar de un festival de homenajes sin los protagonistas: las víctimas y sus familiares. Aunque ayer no estuvieran a la altura, en actos separados.

Instalada en la teoría de la conspiración, Ángeles Domínguez, presidenta de la Asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, se mostró esperanzada en que algún día se sepa la verdad. No se cree la versión oficial, confirmada por la sentencia que condenó a los terroristas islámicos: se mostró esperanzada por encontrar la verdad en un vídeo de El Mundo. Contra el director de este periódico cargó Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M afectados por el terrorismo, diciendo que no tenía un vídeo, sino dos y en uno había un corsé. De camino, descalificó a Esperanza Aguirre por compararse con las víctimas del 11-M tras el atentado de Bombay. Y guardó palabras durísimas contra el ex presidente José María Aznar, a quien aludió como un señor de la guerra con las manos sucias de petróleo, que ahora ante el grito de asesino responde con peinetas.

Seis años después de la tragedia, hay demasiadas heridas abiertas y demasiado afán de protagonismo. Las víctimas no se merecen estos espectáculos.
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