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Menos recursos para luchar contra el sida
editorial
Menos recursos para luchar contra el sida
| Actualizado 26.07.2010 - 01:00DE preocupante puede calificarse el balance de la reciente Cumbre Mundial del Sida, que ha reunido en la ciudad austriaca de Viena durante seis días a los principales expertos en la lucha contra esta pandemia. Tras más de doscientas sesiones de trabajo, presentaciones y actividades, el resultado práctico del cónclave para combatir el síndrome de inmunodeficiencia adquirida arroja una sensación agridulce. La faz de la moneda son los importantes avances científicos mostrados en la cumbre, que permiten albergar esperanzas de que esta enfermedad mortal continúe poco a poco convirtiéndose en una dolencia crónica, al menos en los países más desarrollados. Los datos estadísticos, sin embargo, siguen siendo escalofriantes: a pesar de que la percepción de alerta con respecto al sida ha descendido en las naciones industrializadas, el impacto que la enfermedad tiene a nivel global es impresionante. Más de 33 millones de personas están afectadas por el síndrome. Unos dos millones de personas mueren cada año como consecuencia de sus efectos. Y las infecciones suman cada día 7.400 personas más a la rueda de la muerte que, en muchos casos, supone contraer el sida. De ahí que sea criticable la tibieza con la que las economías más desarrolladas afrontan ahora este problema. Es el envés de la moneda: mientras en las sociedades occidentales el sida es una amenaza latente, en la mayoría de los países del Tercer Mundo o en las naciones en vías de desarrollo se trata de una realidad omnipresente. Sirva de ejemplo el caso de Sudáfrica, que ha acogido este año el Mundial de fútbol. La pandemia en estas zonas pobres sigue creciendo por la falta de prevención y la ausencia de medicación. Es lógico que las críticas de los organizadores del cónclave se hayan dirigido a los países del G8, que han recortado las ayudas para la investigación, en parte como consecuencia de la actual crisis económica. Lo que el mundo se juega en la lucha contra el sida, al igual que ocurre en el caso de otras enfermedades mortales como la malaria, es demasiado importante para que su avance dependa de las dificultades económicas. Las economías más ricas deben seguir manteniendo los recursos para la investigación. Es una obligación moral.


