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Las chicas no son guerreras
la esquina
Las chicas no son guerreras
| Actualizado 27.07.2010 - 01:00POR qué las chicas sacan mejores notas que los chicos, repiten curso mucho menos que ellos y desde hace una década son mayoría en las universidades? No porque sean más inteligentes -tampoco lo son menos- ni por una predisposición genética relacionada con el sexo, sino porque estudian más.
Ésta es la conclusión de un trabajo realizado por la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense en el que han participado más de trescientos centros educativos, casi tres mil profesores y once mil estudiantes de los últimos cursos de ESO, bachillerato y formación profesional, que adelantó ayer el periódico La Vanguardia.
Los datos del informe son apabullantes: las grandes diferencias que se constatan en resultados académicos y titulaciones entre chicos y chicas se deben a que ellas se toman más en serio el trabajo que la sociedad les encomienda en esta temprana edad, que no es otro que estudiar y formarse. El 49,6% de las adolescentes estudian más de dos horas diarias, frente al 24,4% de los adolescentes. El doble. Con respecto a la lectura no relacionada directamente con los estudios, el 26,3% de las muchachas pasan otras dos horas del día delante de un libro, mientras que entre los varones el porcentaje es del 14,5%. También el nivel de lectura quiere decir algo.
Las cifras no engañan, aunque tal vez resultan insuficientes para explicar el fenómeno. La pregunta previa es precisamente por qué se aplican más y mejor las alumnas que los alumnos, qué les impulsa a tomarse más en serio su paso por las aulas. Como sociólogo aficionado -o sea, más intuitivo que científico-, aventuro una hipótesis: maduran antes. Se hacen mayores, es decir, más responsables, serenas y juiciosas, a más velocidad que sus compañeros varones. No hay más que observar y escuchar a un grupo de amigas adolescentes y, por separado, a otro grupo de amigos adolescentes. Las primeras les dan sopas con hondas a los segundos. Las muchachas en flor son superiores a los zangolotinos en todas las comparaciones posibles, salvo las relativas al deporte y cierta aversión a las normas socialmente aceptadas.
Es por su madurez incipiente por lo que ellas presienten pronto que sus logros en el terreno escolar y académico constituyen premisa indispensable para su futura independencia y emancipación, que son valores en alza gracias al feminismo más responsable y al contraejemplo de sus madres y abuelas. Las chicas no son guerreras, como cantaba Coz (en 1981, ¡cómo pasa el tiempo!), sino más estudiosas, conscientes y preocupadas por el futuro. Aun así, luego que se licencian con un gran expediente les pagamos menos por su trabajo que a cualquier lelo que ha pasado los cursos sin dar golpe.
Ésta es la conclusión de un trabajo realizado por la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense en el que han participado más de trescientos centros educativos, casi tres mil profesores y once mil estudiantes de los últimos cursos de ESO, bachillerato y formación profesional, que adelantó ayer el periódico La Vanguardia.
Los datos del informe son apabullantes: las grandes diferencias que se constatan en resultados académicos y titulaciones entre chicos y chicas se deben a que ellas se toman más en serio el trabajo que la sociedad les encomienda en esta temprana edad, que no es otro que estudiar y formarse. El 49,6% de las adolescentes estudian más de dos horas diarias, frente al 24,4% de los adolescentes. El doble. Con respecto a la lectura no relacionada directamente con los estudios, el 26,3% de las muchachas pasan otras dos horas del día delante de un libro, mientras que entre los varones el porcentaje es del 14,5%. También el nivel de lectura quiere decir algo.
Las cifras no engañan, aunque tal vez resultan insuficientes para explicar el fenómeno. La pregunta previa es precisamente por qué se aplican más y mejor las alumnas que los alumnos, qué les impulsa a tomarse más en serio su paso por las aulas. Como sociólogo aficionado -o sea, más intuitivo que científico-, aventuro una hipótesis: maduran antes. Se hacen mayores, es decir, más responsables, serenas y juiciosas, a más velocidad que sus compañeros varones. No hay más que observar y escuchar a un grupo de amigas adolescentes y, por separado, a otro grupo de amigos adolescentes. Las primeras les dan sopas con hondas a los segundos. Las muchachas en flor son superiores a los zangolotinos en todas las comparaciones posibles, salvo las relativas al deporte y cierta aversión a las normas socialmente aceptadas.
Es por su madurez incipiente por lo que ellas presienten pronto que sus logros en el terreno escolar y académico constituyen premisa indispensable para su futura independencia y emancipación, que son valores en alza gracias al feminismo más responsable y al contraejemplo de sus madres y abuelas. Las chicas no son guerreras, como cantaba Coz (en 1981, ¡cómo pasa el tiempo!), sino más estudiosas, conscientes y preocupadas por el futuro. Aun así, luego que se licencian con un gran expediente les pagamos menos por su trabajo que a cualquier lelo que ha pasado los cursos sin dar golpe.


