crónica personal

Carod: hay que pararlo

| Actualizado 30.07.2010 - 01:00
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NO puede ser que un señor que se llama Carod Rovira y que es independentista catalán marque la vida social de este país. De España, no de Cataluña.

Algo hay que hacer para poner coto a las ocurrencias de este político al que ni siquiera respeta su propio partido, que le buscó un buen acomodo en la Generalitat para que viajara mucho y colocara con buenos sueldos a sus parientes, pero al que cortaron las alas en ERC, donde no pinta absolutamente nada porque cansó a los de ERC con sus caprichos, diatribas y broncas.

No puede ser que Carod sea el que marque el paso, el que mande en la Generalitat, el que mande en Montilla y también en Zapatero, el que tenga a los españoles en vilo con sus historias independentistas y con sus iniciativas que pretende sean humillantes para los españoles. Porque él llama españoles a los que no son catalanes, faltaría más.

Nos ha metido el gol de los toros, aunque si Zapatero quisiera se podría arreglar con una ley estatal superior a la autonómica, pero el presidente de Gobierno a lo mejor no se atreve. Pero es que quiere ir aún más lejos: después de que ERC peleara para que el Parlamento autonómico aprobara una ley que sanciona a quienes no rotulan en catalán -un conocido abogado nacionalista recibió un requerimiento para que colocara en su placa avocat en lugar de abogado, por lo que podría ser multado- pretende ahora eliminar todos los recuerdos que suelen buscar y comprar los turistas en Cataluña; todos los que no sean estrictamente catalanes, desde las muñecas vestidas de flamencas a las espadas de Toledo, los mantones que imitan a los de Manila, cerámicas de Talavera, sombreros de ala ancha o cualquier otro objeto de los muchos que llenan las tiendas de souvenirs de cualquier punto de España.

Pues Cataluña no quiere ser un punto más de España y abomina de esas tiendas. O más bien de lo que se vende en esas tiendas. Que por supuesto deben estar rotuladas en catalán. En una que se encuentra en la Plaza de San Jaume, donde la Generalitat y el Ayuntamiento, el cartel de souvenirs aparecen en siete idiomas, incluido uno oriental. No en español.

La votación de los toros es un gesto antiespañol se mire por donde se mire, lo han interpretado así incluso fuera de nuestras fronteras, porque las obviedades se advierten siempre a la legua. Pero los catalanistas, nacionalistas e independentistas no se conforman y pretenden seguir con su política de propugnar la abolición de símbolos españoles. Llámense toros, sangría o porcelanas de Lladró.

Que alguien pare ese disparate. Que alguien con sentido de la responsabilidad detenga esa inteligente política de los independentistas que consiste en eliminar del mapa cualquier objeto identificado con lo español.
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