El Cerro

Por el barrio siempre

Los vecinos del Cerro recibieron a su Virgen de los Dolores con una lluvia de pétalos

A. Martín | Actualizado 13.04.2009 - 18:03
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El Cristo del Desamparo y Abandono desfila por las calles del Cerro.

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Un cirio con la estampa de la Virgen de los Dolores.

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El Cerro del Águila volvió a echarse a la calle un Martes Santo más para recibir a los señores del barrio. Y ya hace 21 años de la primera vez. Los balcones engalanados y los comercios clausurados evidenciaban que no era un día cualquiera. Gente ataviada con sus mejores galas buscaban la sombra de los árboles en una mañana que era más fría de lo que parecía por el sol que reinaba en el cielo.

A las doce y diez de la mañana, 20 minutos después de que la cruz de guía de la Hermandad del Cerro abandonara la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores para iniciar su recorrido hacia la Catedral, el Cristo del Desamparo y Abandono irrumpió en el dintel del templo acompañado de los aplausos de miles de vecinos. Algunos llevaban esperando este momento desde las nueve de la mañana. "Esto es para nosotros un día de fiesta, el más importante del año", aseguraba Vicente, un anciano que aguardaba pacientemente sentado sobre un asiento plegable en la esquina de Afán de Ribera con Aragón.

La Virgen de los Dolores se hizo de rogar otra media hora, pero la espera mereció la pena. Bajo una lluvia de pétalos desfiló la Madre del Cerro, aplaudida y piropeada a rabiar. No cabía ni un alfiler en la calle Afán de Ribera y en la calle Aragón, pero es que la avenida de Hytasa se quedó estrecha en pocos minutos, incapaz de acoger a todos aquellos que querían despedir a sus señores antes de que se perdieran por Ramón y Cajal.

Fue el día del barrio, pero también el día de las familias. Padres e hijos unidos por un auricular escuchaban la retransmisión radiofónica de la salida para no perderse ni un solo detalle. A su lado, tres generaciones distintas de una misma saga disfrutaban a su manera. Los mayores, sentados en sus sillas; sus hijos, de puntillas para que su cámara digital captara el mejor ángulo; los nietos, jugueteando a sus pies o directamente adormilados en sus carritos.

Marchaba con prisa la hermandad. No en vano, el Cerro es la más numerosa del Martes Santo, con un largo recorrido por cumplir. A las cinco pedía la venia en Carrera Oficial y poco después hacía su entrada en Campana la Virgen de los Dolores bajo otra impresionante petalada. Pero la prisa no era por llegar, sino por volver al Cerro, por regresar a su casa.
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