EL BARATILLO

El Arenal que espera un año para volver

La hermandad sigue concitando a hijos y nietos de los antiguos vecinos del barrio

T. Perdiguero | Actualizado 09.04.2009 - 12:30
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Un costalero del Baratillo capta una fotografía del trabajo de la cuadrilla.

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Faltaban 45 minutos para que la capilla de la Piedad abriera sus puertas cuando nazarenos del Baratillo ya formaban hileras por Santas Patronas, por Adriano, por el Paseo de Colón hacia el coso de la Maestranza, donde habrían de formar. Los devotos de esta hermandad tenían ayer ganas de Semana Santa después de que la lluvia, normalmente benévola con los del Arenal, les dejara en capilla el año pasado. Quizá ello influyó para que batieran récord de papeletas de sitio, con alrededor de 1.400 nazarenos a los que flanqueó una calle llena hasta la bandera.

Pero el animado grupo que acompañaba a las cuñadas Ana María Serrano y Paqui Solís (tres generaciones llegadas de Sevilla, Camas y Castilleja de la Cuesta) cogió buen sitio. A las dos de la tarde, una avanzadilla ya aparcó cerca, porque hasta ocho miembros de la familia -siete nazarenos, un penitente- participan en un cortejo grabado a fuego en su calendario doméstico. "Mi padre moría por esto", justificaba Paqui, refiriéndose a Paco, "el abuelo del Postigo, criado en el 8 de la calle San Diego", que hasta buscar en Camas un hogar para su familia, salía como trompeta con la hermandad. El grupo tenía previsto volver anoche a la recogida y mañana viernes a contemplar el paso de la Trianera por el templo baratillero.

Sobre las seis y cuarto la petición de silencio fue propagándose entre el gentío cuando otro grupo comentaba la "espantá de Chaves" en plena Semana Santa y cuyas palabras de despedida interrumpieron las retransmisiones cofrades en la radio. Los ciriales estaban en la puerta y la larga chicotá con la que el paso de misterio salió, se colocó en mitad de la calle y reviró captando toda la atención. El sol dio más plasticidad si cabe a la imagen de Cristo muerto, mientras que el sudario de la cruz se mecía apenas con el paso de los costaleros. No había ni una brizna de viento. Las fachadas de Adriano se iban reflejando en el cristal impoluto de las tulipas del paso y Paqui no pudo reprimir las lágrimas al paso del hijo nazareno, que iba de promesa.

Más de media hora después de lo previsto, fue el turno para la Virgen de la Caridad, a la que recibió la lluvia de pétalos desde la espadaña y que echó a andar, elegante, lentamente, a los sones de Estrella Sublime con el sol ya sobre Triana.
1 comentario
  • 1 Hermano 09.04.2009, 11:56

    Los Palacios son unos sacapasos de segunda, os cargais la cuadrilla que hay por donde vais, como habeis hecho en La Cena, para traer a vuestros amigos de costales de colorines y pantalones remangaos. Basta ya de la HERENCIA de los capataces, y respeten a los hermanos costaleros de las hermandades, no a los posturitas que llevan ustedes.

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