LAS SIETE PALABRAS

Hasta la última nota tras el paso

Un respiradero del paso de palio cayó al suelo en la primera levantá en el templo

Diego J. Geniz | Actualizado 09.04.2009 - 10:13
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El Cristo de las Siete Palabras, con la última luz de la tarde, en la calle San Vicente.

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A estas alturas de la semana, cuando sobre el cuerpo cae el peso de los días y en los pies florecen ciertas deformaciones dolorosas, cualquier mobiliario urbano -si aún no se posee silla plegable- puede ser objeto de uso para el descanso. Así debieron pensar un grupo de cinco jóvenes que llegaron de Morón de la Frontera para ver salir a las Siete Palabras. Inciso: más que para ver a la cofradía de San Vicente a la banda que acompaña al misterio, que es de su pueblo.

La pandilla ha llegado tarde, pero han sabido hacerse un hueco entre los presentes y han aprovechado el alféizar de la ventana de un bar para dar descanso a su cuerpo. Allá donde toque la banda, allá que va el quintento juvenil.

Rosy es la cabecilla del grupo, la que dispone dónde, cuándo y hasta cuándo hay que ver una cofradía. El resto secunda sus directrices, no hay ninguno que las ponga en duda. Rosy saca de su bolso un programa de mano de 2008, "en un año no habrá habido ningún cambio", afirma la adolescente.

El Señor de la Divina Misericordia traspasa el dintel de San Vicente. Raúl, otro de los chicos de la pandilla, se entusiasma con el Nazareno. "La primera vez que veo una canastilla de plata". Rosy le aclara inmediatamente que existe otra en Sevilla, que saldrá mañana (por hoy), y que sobre ella va el Señor de Pasión.

Tras esta lección "magistral", los jóvenes se impacientan. Ya sale el misterio en el que toca la banda del pueblo. "Olé las bandas buenas", grita Cristina, la otra fémina del grupo, a la que le cuesta trabajo saber quién es la Virgen entre las imágenes secundarias. "La de al lado de la cruz", contesta Rosy. "¿Y por qué las visten de momias a las otras?", replica Cristina. Rosy decide entonces abandonar la conversación. Se ha enterado de que al paso de la Virgen de la Cabeza se le ha caído un respiradero y eso le preocupa más. Se resuelve el incidente. Cogen sus bolsos y a seguir a la banda. Con la música a otra parte. Hasta la última nota.
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