EL BUEN FIN

Severidad franciscana bajo miles de pétalos

La petalada frustrada el año pasado por la lluvia se produjo por fin en el Duque

Fernando Pérez Ávila | Actualizado 09.04.2009 - 10:10
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La Virgen de la Palma recibe una petalada a su salida.

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La cruz de guía del Buen Fin llega a la Plaza de San Lorenzo a la misma hora que se abren las puertas de la basílica del Gran Poder. Avanzan los nazarenos franciscanos con el Señor en su paso de fondo. Da tiempo de sobra a entrar en el templo antes de que llegue el Cristo del Buen Fin. Hay poca bulla y mucha sombra en la plaza, lo que la convierte en un lugar muy agradable para contemplar una cofradía. "¿Quiele sillita?", ofrece una mujer china entre el público.

De los bares de la calle Eslava salen costaleros y se oye el tambor clásico de la Centuria. El paso de cristo da la vuelta y enfila San Lorenzo con una marcha nueva. "Ay, si la Centuria sólo tocara las clásicas...". Salen costaleros de abajo con las camisetas empapadas. Dicen que el paso, con lo pequeño que parece, es de los que más jabón da de la Semana Santa. Y eso que ya no lleva figuras secundarias.

La Virgen de la Palma aparece por Alcoy, con su palio renacentista, sus angelotes de Castillo Lastrucci y con toda la luz de las seis de la tarde dándole en el rostro. En la presidencia va el cardenal, Carlos Amigo Vallejo, hermano del Buen Fin por su vinculación franciscana y asiduo en la salida de la cofradía. Sólo una vez se la perdió y fue porque quiso estar presente en la primera salida del Carmen Doloroso. Ayer volvió a San Vicente. ¿Será la última vez que lo haga? El palio gira hacia San Lorenzo con Virgen de las Aguas. Relevo en el bar Eslava. El único sitio libre de la primera fila está al lado de unos contenedores que dan asco y en el que ya no caben más bolsas de basura. El incienso purifica el ambiente. A alguien se le olvidó recoger la basura, como se le olvidó a otro limpiar la estatua de Juan de Mesa del centro de la plaza, que está perdida de excrementos de palomas.

Una hora más tarde llega el momento esperado desde hace un año. La petalada que se frustró el año pasado por la lluvia se produce por fin. Miles de pétalos caen en la Plaza del Duque al paso de la Virgen. Llueven flores rosas, amarillas y rojas desde varias ventanas. Caen por todas partes, pasan dos minutos y siguen cayendo hasta que forman una alfombra en el suelo. La escena emociona.
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