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La ciudad recupera la mejor liturgia
crónica del Jueves Santo
La ciudad recupera la mejor liturgia
Carlos Navarro Antolín | Actualizado 13.04.2009 - 18:58
El paso de misterio de las Cigarreras, por la calle O´Donnell, tras quedar cortada la calle Tetuán por una mancha extensa de aceite.
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LOS días grandes lo son por algo. El estilo de las siete cofradías de ayer es marca de primera categoría de la Semana Santa, como una denominación de origen. Igual que un Domingo de Ramos no es lo mismo sin la Amargura, una Semana Santa queda descafeinada, absolutamente rota, sin la plenitud del Jueves Santo. La ciudad se reencontró con la liturgia de un día excepcional. Fue un Jueves Santo que comenzó con los tulipanes de la Virgen de los Negritos y terminó con las orquídeas de la Virgen de la Merced. Un alfa y omega espléndido que sigue revelando que en materia de decoración floral no se ha notado la crisis económica. O las hermandades han recuperado la figura del soltador, que era como se llamaba al hermano que en tiempos difíciles asumía el coste de las flores, o simplemente han realizado un esfuerzo especial. No es previsible que las floristerías hayan rebajado los precios. A la de los Ángeles le tocaron la marcha Virgen de Regla a la altura de la capilla de los Panaderos, donde la cofradía del Miércoles Santo cumplimentaba a la Hermandad de los Negritos como corresponde a la cortesía cofradiera de rigor.
Como el día se sabía de cielos despejados con la suficiente antelación, se vieron muchas mantillas desde por la mañana. Y de muy diversos estilos y estéticas, como era también previsible. Con las mantillas ocurre como los nazarenos. Si no se sabe o no se tiene claro el significado del traje o del hábito, se desvirtúa completamente. Y ocurre lo que no debería ocurrir. Hace tiempo que el traje de mantilla, que es eminentemente de luto y gala, se ha dejado de usar para asistir a los oficios vespertinos y visitar los templos donde se rinde culto a Jesús Sacramentado. Su uso ha evolucionado de tal forma que se anticipa a la mañana y acaba con la última hora de sol. Pero una cosa es eso y otra que la mantilla se vista inadecuadamente y en actitudes que hieren los sentidos.
el incidente
El público supo ayer de la incomodidad del corte de una de las calles principales en las primeras horas de la tarde. Una máquina de limpieza de Lipasam derramó un reguero de aceite por buena parte de la calle Tetuán. Operarios de la empresa municipal de limpieza y agentes de la Policía Local se encargaron durante media hora de avisar personalmente a los viandantes para evitar incidentes, aunque a esa hora ya se habían registrado más de veinte caídas con algunas lesiones. Pocos minutos después se acordonaba el tramo que abarca desde la calle Albareda hasta Rioja. Las Cigarreras ya había metido la cruz de guía a la altura de la puerta del Ayuntamiento cuando se produjo el derrame de aceite, por lo que la cofradía de la fábrica de tabacos no pudo anticiparse y enfilar la calle Méndez Núñez directamente por la acera del Hotel Inglaterra. El cortejo se vio obligado a bordear la Plaza Nueva entera. Lo hizo a gran velocidad para no generar grandes retrasos. El paso de palio de la Virgen de la Victoria realizó prácticamente de una chicotá su recorrido por la Plaza Nueva. Y a golpe de tambor. A las grandes cofradías no le hacen falta música. La histórica Virgen cigarrera, la que su paso fue presidido por un Rey de España, iba aún más bella ataviada con un fajín de varios colores y con tan sólo el redoble del tambor. El exorno no pudo ser más clásico: claveles blancos, que lucían hojillas verdes en los ramos cónicos de los entrevarales.
La Quinta Angustia, que debía enfilar la calle Velázquez por Rioja y Tetuán, optó también por evitar esta última, que en esos momentos presentaba una alfombra de serrín para tratar de secar la enorme y extensa mancha de aceite. A esa hora los armaos de la Macarena ya habían desplegado su plumerío por el Hospital Virgen del Rocío, recuperando la visita a los niños enfermos, donde tan singulares pacientes juegan con los cascos, las corazas y los espadines.
Con Tetuán prácticamente clausurada, el público también tuvo que utilizar alternativas para los desplazamientos. Con Méndez Núñez ocupada por las Cigarreras, la calle Cuna era la opción más próxima, lo que obligaba a tomar necesariamente alguno de los cruces de la carrera oficial. En ellos, por cierto, estaban los agentes de la Policía Local sin lucir los guantes blancos que durante muchos años han empleado en las jornadas señaladas de la Semana Santa.
retraso inevitable
La carrera oficial acumuló el retraso esperado por el corte de Tetuán. A las ocho de la tarde, con Montesión en la Campana, la demora era de más de media hora, a pesar del esfuerzo realizado por las Cigarreras, que nadie pudo discutir. El día registró otro pequeño incidente, cuando a la Virgen de Montesión se le rompió uno de los rosarios en la Alameda de Hércules. El auxiliar de priostía tuvo que hacer uso de la escalera para efectuar una reparación de urgencia sobre la marcha.
Por lo demás, la jornada seguía mostrando sus mejores perfiles, instantes y luces. Muy meritorio, por ejemplo, resultó el exorno del paso del Cristo de la Fundación a base de jacintos y rosas y tulipanes rojos. Los nazarenos de la Exaltación dan medallas con la efigie del Cristo. Es la alternativa a la cera, los caramelos y las estampitas.
Una de las estampas más esperadas del día fue la del Señor de Pasión con la cabeza desnuda. Sin potencias ni corona de espinas. Parece que gustó mucho a los hermanos de la cofradía y devotos, a juzgar por los comentarios emitidos la misma mañana en las tertulias del Patio de los Naranjos. Nadie recordaba al Señor con semejante estética en una salida de Jueves Santo. Si el año pasado fue la Semana Santa del Gran Poder con túnica bordada, la de este año quedará marcada por Pasión tal como lo concibió Juan Martínez Montañés, mucho más humanizado y cercano.
Como el día se sabía de cielos despejados con la suficiente antelación, se vieron muchas mantillas desde por la mañana. Y de muy diversos estilos y estéticas, como era también previsible. Con las mantillas ocurre como los nazarenos. Si no se sabe o no se tiene claro el significado del traje o del hábito, se desvirtúa completamente. Y ocurre lo que no debería ocurrir. Hace tiempo que el traje de mantilla, que es eminentemente de luto y gala, se ha dejado de usar para asistir a los oficios vespertinos y visitar los templos donde se rinde culto a Jesús Sacramentado. Su uso ha evolucionado de tal forma que se anticipa a la mañana y acaba con la última hora de sol. Pero una cosa es eso y otra que la mantilla se vista inadecuadamente y en actitudes que hieren los sentidos.
el incidente
El público supo ayer de la incomodidad del corte de una de las calles principales en las primeras horas de la tarde. Una máquina de limpieza de Lipasam derramó un reguero de aceite por buena parte de la calle Tetuán. Operarios de la empresa municipal de limpieza y agentes de la Policía Local se encargaron durante media hora de avisar personalmente a los viandantes para evitar incidentes, aunque a esa hora ya se habían registrado más de veinte caídas con algunas lesiones. Pocos minutos después se acordonaba el tramo que abarca desde la calle Albareda hasta Rioja. Las Cigarreras ya había metido la cruz de guía a la altura de la puerta del Ayuntamiento cuando se produjo el derrame de aceite, por lo que la cofradía de la fábrica de tabacos no pudo anticiparse y enfilar la calle Méndez Núñez directamente por la acera del Hotel Inglaterra. El cortejo se vio obligado a bordear la Plaza Nueva entera. Lo hizo a gran velocidad para no generar grandes retrasos. El paso de palio de la Virgen de la Victoria realizó prácticamente de una chicotá su recorrido por la Plaza Nueva. Y a golpe de tambor. A las grandes cofradías no le hacen falta música. La histórica Virgen cigarrera, la que su paso fue presidido por un Rey de España, iba aún más bella ataviada con un fajín de varios colores y con tan sólo el redoble del tambor. El exorno no pudo ser más clásico: claveles blancos, que lucían hojillas verdes en los ramos cónicos de los entrevarales.
La Quinta Angustia, que debía enfilar la calle Velázquez por Rioja y Tetuán, optó también por evitar esta última, que en esos momentos presentaba una alfombra de serrín para tratar de secar la enorme y extensa mancha de aceite. A esa hora los armaos de la Macarena ya habían desplegado su plumerío por el Hospital Virgen del Rocío, recuperando la visita a los niños enfermos, donde tan singulares pacientes juegan con los cascos, las corazas y los espadines.
Con Tetuán prácticamente clausurada, el público también tuvo que utilizar alternativas para los desplazamientos. Con Méndez Núñez ocupada por las Cigarreras, la calle Cuna era la opción más próxima, lo que obligaba a tomar necesariamente alguno de los cruces de la carrera oficial. En ellos, por cierto, estaban los agentes de la Policía Local sin lucir los guantes blancos que durante muchos años han empleado en las jornadas señaladas de la Semana Santa.
retraso inevitable
La carrera oficial acumuló el retraso esperado por el corte de Tetuán. A las ocho de la tarde, con Montesión en la Campana, la demora era de más de media hora, a pesar del esfuerzo realizado por las Cigarreras, que nadie pudo discutir. El día registró otro pequeño incidente, cuando a la Virgen de Montesión se le rompió uno de los rosarios en la Alameda de Hércules. El auxiliar de priostía tuvo que hacer uso de la escalera para efectuar una reparación de urgencia sobre la marcha.
Por lo demás, la jornada seguía mostrando sus mejores perfiles, instantes y luces. Muy meritorio, por ejemplo, resultó el exorno del paso del Cristo de la Fundación a base de jacintos y rosas y tulipanes rojos. Los nazarenos de la Exaltación dan medallas con la efigie del Cristo. Es la alternativa a la cera, los caramelos y las estampitas.
Una de las estampas más esperadas del día fue la del Señor de Pasión con la cabeza desnuda. Sin potencias ni corona de espinas. Parece que gustó mucho a los hermanos de la cofradía y devotos, a juzgar por los comentarios emitidos la misma mañana en las tertulias del Patio de los Naranjos. Nadie recordaba al Señor con semejante estética en una salida de Jueves Santo. Si el año pasado fue la Semana Santa del Gran Poder con túnica bordada, la de este año quedará marcada por Pasión tal como lo concibió Juan Martínez Montañés, mucho más humanizado y cercano.
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