Las Cigarreras

Un nombre para la memoria

Primera estación de penitencia tras el cierre de la fábrica de tabacos

T. P. | Actualizado 13.04.2009 - 17:51
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La Cruz de Guía de las Cigarreras cambia de rumbo para evitar la calle Tetuán.

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La estación de penitencia que realizó ayer las Cigarreras fue la primera en la que el oficio del que cogió su acepción popular es sólo un vestigio del pasado, como ocurre como otras muchas hermandades, toda vez que la fábrica de tabacos -con la que se trasladó de San Fernando a Los Remedios en los años 60- cesó su histórica actividad en Sevilla en diciembre del 2007. Pero, ávidos de Semana Santa y después de que la cofradía fuera una de las damnificadas por la lluvia el año pasado, el detalle pasó desapercibido para los hermanos, que celebraron los 30 años de su banda de cornetas invitando a todos los que formaron parte de la misma a participar en el cortejo.

Ello, la originalidad con la que fue vestida la Virgen de la Victoria -llevaba en las manos un pañuelo de Isabel II- y el lucimiento que le brindó el día podrían haber centrado las crónicas si no fuera por el incidente que obligó a modificar sobre la marcha parte de sus recorrido.

Un vehículo de Lipasam derramó aceite en la calle Tetuán, lo que dejó el firme altamente resbaladizo. El cortejo tuvo que enfilar por O'Donnell para llegar a la Campana. No fue demasiado aparatoso, no obstante.

Antes de eso, y al poco de la salida, por el puente de Los Remedios, sus nazarenos proyectaron sombras achatadas, porque el sol estaba -esta vez sí- en todo lo alto. Las túnicas y antifaces morados daban reflejos tornasolados. Había barcos fondeados cerca, en la dársena, para contemplar desde una perspectiva distinta el desfile, con el que legiones de turistas saturaron las tarjetas de sus cámaras digitales.

El paso de misterio casi cobraba vida por el puente cuando el sol hacía que los reflejos en las frentes de los romanos -que azotan a un Cristo hercúleo pero humillado- se antojaran hilos de sudor. Más dramatismo si cabe para esta narración hecha escena.

Eso sí, el avance de los nazarenos dejó un enorme hueco ante el paso, que se convirtió en desordenado lugar de cruce y conversación. Contrastaba con la seriedad y la perfecta formación de los penitentes de la trasera.

La comitiva sí iba perfectamente ante la Virgen, que paró en mitad de la pasarela y concentró ante sí una nube de improvisados fotógrafos. Ya enfilando hacia el Paseo de Colón las nubes de polvo que levantaba el viento en las cercanas obras de la estación del Metro de la Puerta de Jerez se mezclaron con las volutas de incienso.
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