juicio caso marta del castillo

La Policía desmonta la versión de Samuel de que fue coaccionado para inculparse

Los investigadores sospecharon de Miguel porque en su primera declaración dijo que Marta estaba "harta" y se quería marchar de casa, algo que negaban todos sus amigos.

jorge muñoz / Sevilla | Actualizado 31.10.2011 - 13:00
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Los policías que participaron en la investigación del asesinato de Marta del Castillo han asegurado en la sexta sesión del juicio que nadie coaccionó o presionó al que fuera amigo íntimo del asesino confeso Samuel Benítez para que se autoinculpara en el crimen y que le indicaran los detalles que contó en su declaración y desde donde arrojaron el cuerpo de la víctima supuestamente al río Guadalquivir. El testimonio de los agentes desmonta la versión que el propio acusado ha dado en la vista oral, en la que sostuvo incluso que los policías le entregaron un bolígrafo y le hicieron dibujar un plano con los datos que le iban proporcionando previamente.

Un inspector del Grupo de Menores (Grume) de la Jefatura Superior de Policía ha afirmado en su declaración como testigo que ninguno de los imputados fue coaccionado para que prestara ningún testimonio. "Ni se les amenazó ni coaccionó ni golpeó ni nadie le pintó planos", dijo el funcionario, que reconoció que se les repitió "infinitas veces" las ventajas que tendrían en caso de colaborar con la Justicia y mostrar arrepentimiento.

El investigador precisó que desde un primer momento las sospechas se centraron en Miguel Carcaño puesto que todos los amigos de Marta con los que habían contactado habían destacado que era una joven normal, que estaba bien en su casa y no tenía intención de fugarse, y en su primera declaración antes de ser detenido el asesino confeso ofreció una versión completamente distinta. Miguel les dijo en esa ocasión a los policías que Marta tenía intención de marcharse de casa, porque estaba "harta" de las normas que le imponían sus padres. En ese momento, no obstante, la Policía tenía aún abiertas todas las líneas de investigación, desde que la desaparición pudiera obedecer a una fuga voluntaria o a un accidente.

Otro de los policías aseguró que la declaración inicial de Samuel Benítez, en la que aseguró que había ayudado a Miguel a trasladar el cuerpo hasta el río en la moto del asesino confeso, fue "completamente espontánea" y recibir ninguna indicación o sugerencia. Según este agente, cuando Samuel dijo que habían tirado el cuerpo al río, se interrumpió la declaración para trasladar al joven a la pasarela de Camas para que señalara el punto exacto donde tiraron el cuerpo de Marta, pero el detenido no lo pudo precisar.

Otro agente también negó que se dieran pistas o se hicieran sugerencias a Francisco Javier García Marín, el Cuco, sobre lo que tenía que declarar. "Así no se trabaja", negó con rotundidad otro funcionario del Grupo de Menores (Grume).

El inspector añadió que Samuel Benítez se mostró "en principio bastante colaborador" y relató que en una de las ocasiones en las que declaró antes de ser detenido mostró sus "sospechas" sobre la posible participación de Miguel Carcaño en la desaparición de Marta, ya que, según el testigo, dijo que "estaba preocupado por si Miguel había hecho alguna locura", un dato que contrastaron con el hecho de que otros testigos apuntaran el carácter "violento y que no podía controlar sus impulsos" de Miguel Carcaño, aunque el agente no pudo concretar si fue Samuel quien se refirió a ese carácter violento.

Los investigadores también se pronunciaron ante el tribunal sobre la implicación de María García Mendaro, la novia del hermano, y en este punto aclararon que "sospecharon de la veracidad" de su testimonio porque dijo que desde las 11:30 horas de la noche del 24 de enero había estado en el piso de León XIII hasta las ocho y media de la mañana, y que en ese tiempo no había visto nada extraño. A las 08:30 se marchó a unas oposiciones y regresó a la vivienda sobre las 11:30, añadió el agente sobre la versión que dio María García en aquel momento y que es la misma que ha mantenido a lo largo de todo el proceso.

Uno de los agentes del Grupo de Homicidios que se presentó en el piso de León XIII sobre las siete y media de la tarde del día 25 de enero aseguró que el domicilio "olía a limpieza, pero no tenía un olor particular" y añadió que María García le permitió acceder a la vivienda e inspeccionarla.

Este testigo aseguró que las "sospechas" del grupo de Homicidios "estaban encaminadas desde primera hora" hacia Miguel Carcaño, por no era normal que no habían dado explicaciones y había resultado complicado ponerse en contacto tanto con este joven como con su hermano, Javier Delgado.

Los policías también negaron que hayan "indicado" al testigo clave de la investigación, Diego Carrere, la hora que tenía que decir respecto al momento en que vio a Miguel Carcaño manipulando una silla de ruedas en la madrugada del 25 de enero de 2009. Uno de los agentes indicó que el testigo indicó desde el primer momento que la hora aproximada en la que coincidió con Carcaño fue a la una de la madrugada más o menos, cuando lo vio frente al espejo del pasillo, colocándose la prenda superior, una actitud que le extrañó a este vecino.
29 comentarios
  • 29 paco 27.10.2011, 21:01

    la gente que defiende a estos lerdos asociales, que cree las palabras de unos asesinos y encubridores confesos, que tratan de escaquearse con mentiras, simplemente son igual que ellos, porque las pruebas científicas son irrefutables, por encima de las falsedades que intentan alimentar el mal trabajo policial, dando cancha a los culpables. , si de verdad les hubieran amenazado como dicen, SÍ QUE SABRIAMOS DONDE ESTÁ EL CUERPO DE MARTA, porque esta gente no tiene ni dos leches

  • 28 antonia 27.10.2011, 20:46

    en un país civilizado, estos individuos serían juzgados y condenados no sólo por asesinato y encubrimiento, sino que además les caerían unos cuantos añitos por perjurio. si con pruebas, se puede demostrar que mienten, no hay justificación para que no lo añadan a la condena

  • 27 antonia 27.10.2011, 20:42

    en un pais donde los justicia sea seria, donde priman las pruebas contrastadas y científicas, este juicio y estos individuos estarían listos de papeles hace tiempo. pero es una justicia de pacotilla, que consiste en creerse lo que dicen unos acusados confesos, que por otro lado, dirían cualquier cosa para escaquearse, y menos cuando no hay escrúpulos ni moral de por medio, como está demostrado

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