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Una estrella del cine republicano
Una estrella del cine republicano
Se cumple un siglo del nacimiento en la calle Pureza de Antoñita Colomé, que antes de cumplir los 20 años ya estaba trabajando para los estudios franceses de la Paramount · Fue trianera de honor en 1985
Francisco Correal | Actualizado 19.02.2012 - 10:38Sólo Paz Vega llegó tan lejos. Pero Antoñita Colomé no sólo hizo películas, más de 40, sino que vivió una vida de película. Nació el 18 de marzo de 1912 en una casa de la calle Pureza, hija de Ricardo Colomé Lasso de la Vega, cantaor aficionado y comerciante al frente de una gorrería.
Antoñita Colomé (1912-2005) fue homenajeada en el primer Festival de Cine de Sevilla que, bajo la dirección de Francisco Millán, tuvo lugar del 20 al 26 de octubre de 1980. Una década, los 80, muy fructífera para esta actriz: en 1982 protagonizó Los alegres bribones, de Pancho Bautista, y en 1988 Pasodoble, de José Luis García Sánchez. Entre estos dos títulos crepusculares de su carrera, fue nombrada trianera de Honor en la Velá de 1985, cuando era alcalde de Triana Paco Arcas, el rey de las Golondrinas.
"Estrella indiscutible del cine republicano español", la llama Ángel Vela en su libro Triana. Un barrio de cine, donde cuenta que la actriz era vecina de Juan Belmonte y en la misma calle había vivido Antonio Montes, un torero que murió en la plaza de México y que comparte gloria en el callejero de Pureza con la Colomé. El Ayuntamiento rotuló una calle con su nombre en el barrio E del Polígono SanPablo.
Tuvo una sólida formación. Una monja francesa le daba clases de solfeo y canto en el colegio del Santo Ángel. Estudió bachillerato y su idea inicial era estudiar Farmacia. Fue precoz en casi todo. En su carrera artística, que inicia jovencísima yendo a los estudios de la Paramount de París antes de cumplir los veinte años.
Se casa en 1930 con Antonio García Matos, más conocido como Antonio Triana, a quien Antoñita conoce a través de su hermano, el pianista Manuel García Matos. La boda tuvo lugar en la iglesia de Santa Ana. El novio debutó con 14 años en el Café Novedades, se fue de polizón a Nueva York y allí ganó un concurso de alta escuela con Charles Chaplin y Douglas Fairbanks en el jurado.
El matrimonio duró poco, pero su noviazgo con el cine fue largo y prolífico. En el libro Spanish Cinema 1896-1983, editado en inglés por el Ministerio de Cultura para introducir el cine español en el extranjero, Antoñita Colomé aparece por orden alfabético entre el Padre Coloma y Fernando Colomo. De ella se destacan "la gracia y el encanto". El libro lo coordinó Augusto M. Torres y del cine de la República se encarga Román Gubern, que acompaña el texto con un fotograma de La señorita de Trevélez, que dirigió Edgar Neville con Antoñita Colomé en el elenco artístico.
Dice Ángel Vela que la vocación artística de la vecina de la calle Pureza surgió bajo una cartelera del cine Rocío. Trabajó en al menos cuatro películas de Benito Perojo (1894-1974): El hombre que se reía del amor, El negro que tenía el alma blanca -repuesta en 1997 en el homenaje que la Asociación de Escritores Cinematográficos (Asecan) le realizó en el cine Cervantes-, Crisis mundial y Héroe a la fuerza. Las tres primeras se estrenan en plena República. La última, en 1941.
Otros directores con los que repitió en el reparto fueron su amigo Edgnar Neville (1899-1967), conde de Berlanga del Duero, a cuyas órdenes trabaja en la mencionada La señorita de Trevelez y en El malvado Carabel. Eusebio Fernández Ardavín la dirige en La rueda de la vida (1942), premiada en el Festival de Venecia, y en Forja de almas.
Cuando estalla la guerra civil, vive en Barcelona. Allí conoce al bailarín Tony Martín, con quien contrae matrimonio, el padre de su hija Eugenia. Fue actriz de matrimonios fugaces. Pese a ser fecha tan convulsa, en 1936 rueda tres películas: Una mujer en peligro, de José Santugini, La señorita de Trevelez, y El bailarín y el trabajador, de Luis Marquina, sobre una obra de Jacinto Benavente.
José López Rubio recrea un patio de vecinos de Triana en la película El crimen de Pepe Conde, adaptación de un texto de Muñoz Seca y Pérez Fernández. A Antoñita Colomé la acompañan en el reparto Miguel Ligero y Jesús Tordesillas.
No fue el cine la única inquietud artística de la actriz. Tras su segunda separación, se enrola en una compañía de variedades para hacer las Américas. Además de actriz y cantante hace programas de radio en Buenos Aires y en Lima. Su regreso se vio envuelto en cierta controversia, tachada incluso de espía. Antes de volver al cine en la década de los 40, trabajó en un espectáculo de El Príncipe Gitano.
En el homenaje que le rindió el festival de Cine, el crítico Diego Galán glosó la figura de la artista trianera, que compartió focos con el cineasta Otto Preminger y la actriz Sylvia Kristel, la entonces mundialmente conocida por su personaje de Enmanuelle. En ediciones posteriores del Festival se homenajeó a Imperio Argentina y a Estrellita Castro.
En la ficha de intérpretes del libro Spanish Cinema, Antoñita Colomé aparece entre Aurora Bautista y Ana Belén. Clarísima precursora de la internacional artista trianera Paz Vega, la estrella del cine republicano que se casó con un bailaor primero y con un bailarín después dejó su impronta. "Nunca fue una folcclórica", dice Ángel Vela para librarla de las connotaciones peyorativas de la palabra. En las antípodas de la dignidad que a la palabra folclore le dio Antonio Machado Álvarez, Demófilo, el padre de los poetas, nacido en Galicia y que murió en una casa de la calle Pureza, como recuerda unaplaca.
Hoy la llamarían posmoderna, polivalente. Los que tuvimos la suerte de conocerla y entrevistarla en aquellos primeros años 80 conservamos el recuerdo de una mujer que se había adelantado en muchos años al rol cosmopolita. Como tantos trianeros, la mandaron al Polígono San Pablo (su nombre) para alegrarle la vida a vecinos, transeúntes y carteros. Actriz de la República, de la guerra, la posguerra y la incipiente democracia. Desde Edgar Neville hasta Pancho Bautista.
Un siglo de Antoñita Colomé. Un centenario de una trianera itinerante que volvió de un largo silencio artístico para interpretar en 1977 La viudita andaluza.
Antoñita Colomé (1912-2005) fue homenajeada en el primer Festival de Cine de Sevilla que, bajo la dirección de Francisco Millán, tuvo lugar del 20 al 26 de octubre de 1980. Una década, los 80, muy fructífera para esta actriz: en 1982 protagonizó Los alegres bribones, de Pancho Bautista, y en 1988 Pasodoble, de José Luis García Sánchez. Entre estos dos títulos crepusculares de su carrera, fue nombrada trianera de Honor en la Velá de 1985, cuando era alcalde de Triana Paco Arcas, el rey de las Golondrinas.
"Estrella indiscutible del cine republicano español", la llama Ángel Vela en su libro Triana. Un barrio de cine, donde cuenta que la actriz era vecina de Juan Belmonte y en la misma calle había vivido Antonio Montes, un torero que murió en la plaza de México y que comparte gloria en el callejero de Pureza con la Colomé. El Ayuntamiento rotuló una calle con su nombre en el barrio E del Polígono SanPablo.
Tuvo una sólida formación. Una monja francesa le daba clases de solfeo y canto en el colegio del Santo Ángel. Estudió bachillerato y su idea inicial era estudiar Farmacia. Fue precoz en casi todo. En su carrera artística, que inicia jovencísima yendo a los estudios de la Paramount de París antes de cumplir los veinte años.
Se casa en 1930 con Antonio García Matos, más conocido como Antonio Triana, a quien Antoñita conoce a través de su hermano, el pianista Manuel García Matos. La boda tuvo lugar en la iglesia de Santa Ana. El novio debutó con 14 años en el Café Novedades, se fue de polizón a Nueva York y allí ganó un concurso de alta escuela con Charles Chaplin y Douglas Fairbanks en el jurado.
El matrimonio duró poco, pero su noviazgo con el cine fue largo y prolífico. En el libro Spanish Cinema 1896-1983, editado en inglés por el Ministerio de Cultura para introducir el cine español en el extranjero, Antoñita Colomé aparece por orden alfabético entre el Padre Coloma y Fernando Colomo. De ella se destacan "la gracia y el encanto". El libro lo coordinó Augusto M. Torres y del cine de la República se encarga Román Gubern, que acompaña el texto con un fotograma de La señorita de Trevélez, que dirigió Edgar Neville con Antoñita Colomé en el elenco artístico.
Dice Ángel Vela que la vocación artística de la vecina de la calle Pureza surgió bajo una cartelera del cine Rocío. Trabajó en al menos cuatro películas de Benito Perojo (1894-1974): El hombre que se reía del amor, El negro que tenía el alma blanca -repuesta en 1997 en el homenaje que la Asociación de Escritores Cinematográficos (Asecan) le realizó en el cine Cervantes-, Crisis mundial y Héroe a la fuerza. Las tres primeras se estrenan en plena República. La última, en 1941.
Otros directores con los que repitió en el reparto fueron su amigo Edgnar Neville (1899-1967), conde de Berlanga del Duero, a cuyas órdenes trabaja en la mencionada La señorita de Trevelez y en El malvado Carabel. Eusebio Fernández Ardavín la dirige en La rueda de la vida (1942), premiada en el Festival de Venecia, y en Forja de almas.
Cuando estalla la guerra civil, vive en Barcelona. Allí conoce al bailarín Tony Martín, con quien contrae matrimonio, el padre de su hija Eugenia. Fue actriz de matrimonios fugaces. Pese a ser fecha tan convulsa, en 1936 rueda tres películas: Una mujer en peligro, de José Santugini, La señorita de Trevelez, y El bailarín y el trabajador, de Luis Marquina, sobre una obra de Jacinto Benavente.
José López Rubio recrea un patio de vecinos de Triana en la película El crimen de Pepe Conde, adaptación de un texto de Muñoz Seca y Pérez Fernández. A Antoñita Colomé la acompañan en el reparto Miguel Ligero y Jesús Tordesillas.
No fue el cine la única inquietud artística de la actriz. Tras su segunda separación, se enrola en una compañía de variedades para hacer las Américas. Además de actriz y cantante hace programas de radio en Buenos Aires y en Lima. Su regreso se vio envuelto en cierta controversia, tachada incluso de espía. Antes de volver al cine en la década de los 40, trabajó en un espectáculo de El Príncipe Gitano.
En el homenaje que le rindió el festival de Cine, el crítico Diego Galán glosó la figura de la artista trianera, que compartió focos con el cineasta Otto Preminger y la actriz Sylvia Kristel, la entonces mundialmente conocida por su personaje de Enmanuelle. En ediciones posteriores del Festival se homenajeó a Imperio Argentina y a Estrellita Castro.
En la ficha de intérpretes del libro Spanish Cinema, Antoñita Colomé aparece entre Aurora Bautista y Ana Belén. Clarísima precursora de la internacional artista trianera Paz Vega, la estrella del cine republicano que se casó con un bailaor primero y con un bailarín después dejó su impronta. "Nunca fue una folcclórica", dice Ángel Vela para librarla de las connotaciones peyorativas de la palabra. En las antípodas de la dignidad que a la palabra folclore le dio Antonio Machado Álvarez, Demófilo, el padre de los poetas, nacido en Galicia y que murió en una casa de la calle Pureza, como recuerda unaplaca.
Hoy la llamarían posmoderna, polivalente. Los que tuvimos la suerte de conocerla y entrevistarla en aquellos primeros años 80 conservamos el recuerdo de una mujer que se había adelantado en muchos años al rol cosmopolita. Como tantos trianeros, la mandaron al Polígono San Pablo (su nombre) para alegrarle la vida a vecinos, transeúntes y carteros. Actriz de la República, de la guerra, la posguerra y la incipiente democracia. Desde Edgar Neville hasta Pancho Bautista.
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