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Hoyo en uno para la integración social
Hoyo en uno para la integración social
El Real Club de Golf de Sevilla está realizando, en colaboración con el Colegio de Educación Específica San Pelayo, un proyecto para que niños con discapacidades puedan intentar emular a 'Tiger' Woods
Manuel Conradi | Actualizado 12.01.2009 - 05:03Dicen los que lo practican que el golf es, pese a su dificultad, un deporte muy adictivo. Aun así, Lucas Montaner, licenciado en Educación Física, jugador profesional y maestro de golf, reconoce que no se esperaba que a los niños del colegio de educación especial San Pelayo les gustara tanto. "Les encanta", asegura.
Lucas ya tenía experiencia como monitor de niños discapacitados por su colaboración con la Fundación Deporte y Desafío, con la que había participado en diversos campamentos en la que los chavales practicaban deportes como la equitación, el esquí... "pero nunca el golf". Ahora, gracias a la iniciativa de la Federación Española de Golf -y particularmente el apoyo de la vocal del comité de Golf Adaptado, Candelaria Flores- que ha acogido con entusiasmo el Real Club de golf de Sevilla, los chicos del Colegio de Educación Especial San Pelayo pueden practicar el deporte de Severiano Ballesteros y Tiger Woods.
Y María Luna, jefa de estudios del Colegio San Pelayo, confirma que les apasiona. "Están deseando volver. Y eso les motiva a mejorar su comportamiento en clase e incluso en casa para poder hacerlo".
El control del comportamiento, agresivo en el caso de alguno de estos chicos -en el colegio hay 130 alumnos, desde afectados por parálisis cerebral a otros perfectamente capacitados para una integración laboral, pasando por autistas, hiperactivos, Síndrome de Down...- es uno de los objetivos por los que en el colegio se fomenta "muchísimo el deporte", explica María, "además de mejorar su autonomía, favorecer su integración social, su autoestima...".
Un autobús recoge cada viernes a un grupo de alumnos -de cuatro a siete, según las dificultades que presenten, que se van turnando- y los lleva al Real Club de Golf, donde los está esperando Lucas Montaner. Van acompañados por sus profesores, "lo que es una gran ayuda para mí", reconoce Lucas.
Durante dos horas, Lucas, que ha recibido varios cursos para enseñar el golf adaptado, los rudimentos del deporte, y de paso se va fijando "en aquéllos que tienen más aptitudes, y sobre todo más interés, para poder formar en el futuro un equipo que pueda competir".
Y ya hay algunos, asegura, que demuestran sus cualidades. "Tenemos una chica con Síndrome de Down que le pega muy bien. Mejor que algunos alumnos sin discapacidad", asegura el profesor.
No siempre, sin embargo, resulta fácil, y cada situación plantea sus propios problemas. "Los de Síndrome de Down aprenden mucho con repetición. Como el golf es en realidad un deporte muy mecánico, ellos tienen facilidad para practicarlo".
En el ámbito de las discapacidades físicas, apunta Lucas, los adelantos tecnológicos son una gran ayuda. "Ahora, por ejemplo, existen sillas de ruedas especiales con arnés que permiten ponerse de pie. O para las personas a las que les falta un miembro superior, prótesis que sirven de pinza para poder agarrar el palo".
Pero su gran ventaja, afirma Lucas, es "su enorme fuerza de voluntad y su ilusión, que les permite trabajar y mejorar". Y recuerda el caso de uno de los campeonatos celebrados en el Real Club de Golf donde competía un golfista al que le faltaba una pierna pero que a pesar de los problemas de equilibrio que ello le provocaba había logrado llegar a un hándicap cuatro. "Nuestro objetivo es que se integren y que puedan competir en igualdad de condiciones".
Eso es algo que hacen ya en otras modalidades los alumnos del Colegio San Pelayo, donde tienen ya equipos de fútbol y gimnasia rítmica que compiten a menudo fuera de Sevilla. "Salir les enseña a ser independientes, a ser ordenados, a relacionarse con el entorno. Y competir les ayuda a sentirse útiles, igual que cualquier otro niño".
Y para los profesores, también hay recompensas. "Han hecho dibujos y me los han mandado. Del campo de golf y uno mío con una gorrita, que tengo colgado en mi despacho. Son muy humanos", concluye Lucas Montaner.
Lucas ya tenía experiencia como monitor de niños discapacitados por su colaboración con la Fundación Deporte y Desafío, con la que había participado en diversos campamentos en la que los chavales practicaban deportes como la equitación, el esquí... "pero nunca el golf". Ahora, gracias a la iniciativa de la Federación Española de Golf -y particularmente el apoyo de la vocal del comité de Golf Adaptado, Candelaria Flores- que ha acogido con entusiasmo el Real Club de golf de Sevilla, los chicos del Colegio de Educación Especial San Pelayo pueden practicar el deporte de Severiano Ballesteros y Tiger Woods.
Y María Luna, jefa de estudios del Colegio San Pelayo, confirma que les apasiona. "Están deseando volver. Y eso les motiva a mejorar su comportamiento en clase e incluso en casa para poder hacerlo".
El control del comportamiento, agresivo en el caso de alguno de estos chicos -en el colegio hay 130 alumnos, desde afectados por parálisis cerebral a otros perfectamente capacitados para una integración laboral, pasando por autistas, hiperactivos, Síndrome de Down...- es uno de los objetivos por los que en el colegio se fomenta "muchísimo el deporte", explica María, "además de mejorar su autonomía, favorecer su integración social, su autoestima...".
Un autobús recoge cada viernes a un grupo de alumnos -de cuatro a siete, según las dificultades que presenten, que se van turnando- y los lleva al Real Club de Golf, donde los está esperando Lucas Montaner. Van acompañados por sus profesores, "lo que es una gran ayuda para mí", reconoce Lucas.
Durante dos horas, Lucas, que ha recibido varios cursos para enseñar el golf adaptado, los rudimentos del deporte, y de paso se va fijando "en aquéllos que tienen más aptitudes, y sobre todo más interés, para poder formar en el futuro un equipo que pueda competir".
Y ya hay algunos, asegura, que demuestran sus cualidades. "Tenemos una chica con Síndrome de Down que le pega muy bien. Mejor que algunos alumnos sin discapacidad", asegura el profesor.
No siempre, sin embargo, resulta fácil, y cada situación plantea sus propios problemas. "Los de Síndrome de Down aprenden mucho con repetición. Como el golf es en realidad un deporte muy mecánico, ellos tienen facilidad para practicarlo".
En el ámbito de las discapacidades físicas, apunta Lucas, los adelantos tecnológicos son una gran ayuda. "Ahora, por ejemplo, existen sillas de ruedas especiales con arnés que permiten ponerse de pie. O para las personas a las que les falta un miembro superior, prótesis que sirven de pinza para poder agarrar el palo".
Pero su gran ventaja, afirma Lucas, es "su enorme fuerza de voluntad y su ilusión, que les permite trabajar y mejorar". Y recuerda el caso de uno de los campeonatos celebrados en el Real Club de Golf donde competía un golfista al que le faltaba una pierna pero que a pesar de los problemas de equilibrio que ello le provocaba había logrado llegar a un hándicap cuatro. "Nuestro objetivo es que se integren y que puedan competir en igualdad de condiciones".
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