José María Manzanares: "Llego a Sevilla más presionado, pero me gustan los grandes retos"

Lo que era una quimera germinó en un sueño. De azul turquesa y oro, arando la bravura de 'Arrojado', abrió la semilla de un indulto en el dorado albero de la Maestranza. Dador de vida por su reciente paternidad, ya sueña con la cuarta generación manzanarista, tribu que tiene al temple como estrella solar de su tauromaquia. En su pulso juega con fraguar conjugaciones ordoñistas del Tajo de Ronda y de su padre, pleamar mediterránea de luces.

luis nieto Luis Nieto | Actualizado 22.04.2012 - 13:42
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José María Manzanares ha vivido la Semana de Pasión encerrado como un ermitaño en la finca de sus apoderados, los Matilla, en tierras charras. Allí ha tomado oxígeno, ha entrenado y, fundamentalmente, ha reflexionado sobre su cita para este ciclo abrileño en la Maestranza, que inicia hoy. El torero nos cuenta que ha intensificado su preparación física durante estos últimos días: "Si habitualmente dedicaba la mañana a ejercicios y gimnasia y toreaba de salón unas dos horas, ahora empleo más tiempo, fundamentalmente, al toreo de salón. Es lo que más hago. Creo que es la forma de coger naturalidad en los movimientos. Ahora, tomo el capote y la muleta por la mañana y por la tarde". Dice que espiritualmente llega sereno a la cita con Sevilla y que físicamente está "totalmente recuperado de la lesión de la mano izquierda", aunque soporta "algunas molestias musculares en la espalda, pero por exceso de entrenamiento. En cuanto a las hernias estoy bien".

-Me decía que su sueño en el toreo era llegar a la total naturalidad. ¿Se ha aproximado a ello?

-He dado un pasito más. Pero no he conseguido todo lo que quiero. Este invierno he trabajado mucho para ello. Para lograr que no haya brusquedades y toques violentos delante del toro. En el arte hay que buscar la belleza y la armonía.

-¿Qué sensaciones ha tenido en Olivenza y Valencia?

-Han sido muy buenas. Después de cinco meses de problemas tras la última operación -una docena de intervenciones- en la mano izquierda, me he encontrado muy bien, tanto en América como en las primeras ferias; sobre todo en Olivenza.

-Me había comentado que le gustaría mejorar su toreo de capa.

-Sí. He trabajado más que nunca el toreo con el capote. Quizás porque es lo que más me ha costado. Y fundamentalmente porque en los principios de mi carrera no le daba tanta importancia, pensando fundamentalmente en que el toro dure para la faena.

-Ha desempolvado, sin complejos, la suerte de recibir, siendo más arriesgada que el volapié.

-Claro, es mucho más arriesgada. Es curioso, porque es algo que no había entrenado en el campo. El año pasado, la realicé por primera vez en Olivenza y pinché al toro; en Valencia sucedió lo mismo. Y luego, he conseguido grandes estocadas recibiendo. De hecho, maté entre un cincuenta y un sesenta por ciento de toros de ese modo.

-¿En qué se basa para tomar la decisión de ejecutar esa suerte?

-En intuición. Es una suerte que me gusta más. También es más bonita que el volapié, que es más mecánico. En el momento que cojo la espada ya decido que voy a esperar al toro. Para que salga bien hay que estar muy convencido.

-Ha encargado un estoque de carbono. ¿Qué características tiene?, ¿lo ha probado ya?

-Lo tengo en fase de prueba. El primer prototipo me gustó, aunque pedí algo más de dureza. Está hecho en un taller de Andalucía, que fabrica piezas para aviones. Si la espada de ahora pesa medio kilo, ésta no llega ni a 100 gramos. Como obtenga un buen resultado, también encargaré estaquilladores, palillos, para manejar mejor la muleta. Todo lo que sea evitar peso es magnífico para que los movimientos sean menos violentos.

-Le queda poco tiempo para volver a hacer el paseíllo en la Maestranza. Tras el éxito del año pasado, con indulto incluido. ¿Lo afronta con mayor responsabilidad?

-Tengo muy buenas sensaciones. Y, por supuesto, la responsabilidad es mayor que nunca. Pero intentaré quitármela de encima. Lo del año pasado ya es historia. Ésta es una feria nueva y todo cambia. La he preparado y llego a la Maestranza con la misma ilusión de siempre y con la idea de disfrutar y hacer disfrutar a la afición.

-En cierta ocasión me dijo que la presión le sienta bien...

-Llego a Sevilla más presionado, pero me gustan los retos. Disfruto más en las plazas de primera que en las otras en las que me juego menos. Lo que me repiten una y otra vez y yo mismo pienso es "¡A ver si consigo lo del año pasado!', '¡a ver si logro hacer una temporada como la pasada!". Soy consciente de que tengo que hacerlo lo mejor posible, pero fundamentalmente lo que debo de hacer es disfrutar toreando.

-¿Algún cartel en especial?

-El reencuentro con la ganadería de Cuvillo es especial, como también con los toros de Juan Pedro Domecq. Pero lo más especial de la Feria de Abril es compartir cartel con Padilla, por todo lo que supone. Ese será un día muy importante. Y luego, en San Miguel, me apetece mucho el mano a mano con Alejandro Talavante.

-¿Cómo fue el reencuentro con 'Arrojado' en la finca 'El Grullo', de Núñez del Cuvillo?

-Me hizo mucha ilusión y me emocioné. Al mirarlo veía su mirada en la plaza cuando me embestía. Me sentí muy feliz porque está padreando y estoy deseando torear descendientes suyos. Siento una gran curiosidad por conocer si sus embestidas me recordarán aquella embestida suya.

-Aquella faena del indulto, ¿fue su mejor faena?

-Emocionalmente sí; técnicamente, no. Por todas las cosas bonitas que viví fue, junto a la alternativa, la tarde más cargada de emociones.

-¿Teme que, con el tiempo, se hable más del toro, por el indulto, que de su faena?

-No pienso en eso. Eso me da igual. Lo que sentí en ese momento no tiene medida. Lo del indulto me da igual. Prefiero que la gente, cuando pasen años y años, recuerden pases y pases que di aquella tarde. Porque ante todo, viví sensaciones que fueron muy intensas.

-¿En concreto, cómo fueron?

-Durante la lidia se me olvidó todo. Estuve como transportado, en otro sitio. La conexión con el toro fue muy grande. Sentí una vibración especial con el público. Pero había momentos, cuando toreaba, en que parecía como si no estuviera en la plaza.

-Hace unos días entregaba a la Maestranza el terno turquesa y oro que vistió aquella tarde.

-Es más bonito que lo tenga la Maestranza a que lo tenga yo. Al menos, me hace más feliz. Es una forma de dar las gracias a todos los aficionados y a Sevilla. Si me lo quedo, hubiera sido algo injusto y muy egoísta.

-El pasado noviembre fue padre por primera vez -su hijo se llama también José María-. ¿Le cuesta más vestirse de luces?

-Me cuesta mucho salir de casa. Es algo muy duro. Porque soy consciente de que no le estoy viendo crecer. Y luego, afrontar el jugarme la vida pensando en esa criatura tan guapísima... Se me puede pasar por la cabeza lo de no asumir tanto riesgo. Pero lo desecho pronto. Es lo que he elegido. Ahora entiendo más a mi padre. Pero todo tiene su lado positivo. Y ahora, en la llegada a casa, soy infinitamente más feliz. Ser padre es lo más bonito del mundo.

-¿Le ha cambiado el tempo?, ¿lo ve todo bajo otra perspectiva?

-Sí. En ilusión, sí.

-Ha mencionado a su padre. Me aseveró que sería muy difícil igualarle. Tras lo conseguido el año pasado, ¿lo ha desbancado?

-No, hombre, no. Me queda mucho ¡Con todo lo que ha sido mi padre, con ese empaque, con esa naturalidad! Fíjese, cuando tengo dudas, le sigo llamando a él. Esa sabiduría que tiene para torear no la tiene nadie como él.

-Quedan nada más que horas para volver a pisar el albero de la Maestranza. Miedo, ilusión, alegría, responsabilidad... ¿qué pesa más?

-Cuando llegue al portón de cuadrillas lo sabré. Ahora siento de todo. Todo dependerá de cómo me levante. Cada vez ha sido de una manera. El día del indulto viví unos momentos previos muy relajado. Fue la vez que más relajado pasé la mañana.

-¿Ha soñado con otro indulto?

-No. En los sueños únicamente me veo disfrutando delante de la cara del toro.
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