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Bolonia negra

Bolonia negra Bolonia negra

Bolonia negra

De Vittorio Giardino (Bolonia, 1946) siempre he admirado su elegancia. Y no me refiero solo a la elegancia de su trazo, que salta a la vista en cada viñeta, sino también a esa especie de refinamiento literario que caracteriza sus mejores historietas. Lo primero que leí suyo fue Rapsodia húngara (1982), el debut del personaje Max Friedman y una obra maestra que puso en órbita a Giardino. Recuerdo que lo sofisticado del argumento (con su irónico y sorpresivo giro final) y la poderosa caracterización de los personajes me enamoraron tanto o más que la pulcritud visual de la obra. He vuelto de vez en cuando a Giardino, a sus Little Ego, Jonas Fink y al resto de peripecias de Friedman, pero ninguna me ha arrebatado tanto como lo hizo la Rapsodia. Miento, me cautivó Shit City, una aventura larga del detective Sam Pezzo, que estaba firmada también en 1982 (aquí no la leímos hasta 1990) y que puede colocarse sin sonrojo junto a otras joyas del género negro, como las que, por ejemplo, nos ha regalado Jacques Tardi. Ya sabía que Giardino había hecho más cosas de Pezzo, pero no he tenido ocasión de hincarles el diente hasta ahora que Norma Editorial se ha decidido afortunadamente a recuperarlas todas ellas en un solo volumen, con diversos paratextos y una bonita sección de extras a color.

Sam Pezzo. Un detective, una ciudad recoge las ocho piezas que componen la bibliografía del protagonista: Plomo de propina, Nadie la echará de menos, Amargo despertar, La trampa, Merry Christmas, El último golpe, Night fire y la antes citada Shit City, publicadas originalmente en las cabeceras Il Mago y Orient Express entre 1979 y 1983. En ellas se aprecia una rápida evolución artística, la afirmación de un talento inmenso que se va depurando en el juego de luces y sombras del hermoso blanco y negro, y en el ambiente enrarecido de una Bolonia tormentosa, observada desde el interior de los callejones. El comienzo es inexperto, pero prometedor. Cuando se alcanza el final, Giardino ya se ha convertido en una estrella.

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