Balada del solitario

  • 'Los placeres del condenado'. Charles Bukowski. Visor. Madrid. 2011. Trad. Ciro Arbós. 672 páginas. 22 euros.

Los placeres del condenado (The Pleasures of the Dammed. Poems, 1951-1993) es el título de la nutrida antología poética que John Martin, editor y amigo de Bukowski, publicó tras su muerte, en el año 2007. Lo cual la convierte, en cierto modo, en una suerte de antología canónica, a falta de una improbable, por abultada, poesía completa. Ciro Arbós, traductor del volumen y autor de un minucioso prólogo, subraya oportunamente la condición poética de Bukowski, si bien su tardía celebridad fue debida a la publicación de relatos en revistas underground -unos relatos cínicos, dolientes, abrasivos-, que lo convirtieron en un mordaz icono de la contracultura estadounidense, ya en los 70-80.

En ese sentido, Bukowski fue un poeta eclipsado por el prosista. No obstante, esta afirmación es válida sólo en parte. La poesía de Bukowski es esencialmente una poesía prosaica, despojada, de carácter narrativo, en tanto que sus relatos y novelas mantienen un aparte lírico, afincado en el dolor, que nos remite inmediatamente al poeta. De hecho, sus referentes, salvo Ezra Pound, pertenecen al ámbito de la prosa: Hemingway, Fante, Saroyan, Dos Passos, Miller, D. H. Lawrence y, en general, los autores de la Generación Perdida. Son Whitman y Nietzsche, sin embargo, quienes dicen su verdad epifánica y oracular bajo la sordidez urbana de Bukowski. Más allá de la impudicia erótica, más allá de la fatalidad y el sarcasmo, la obra de Bukowski se define como un severo canto a la Creación, más la violenta súplica del hijo pródigo. Es el dolor, el pecado, la remisión de la culpa (vastas categorías de la Protesta), quienes revelan en Bukowski, no al poeta underground de célebre memoria, sino al autor de una secreta letanía que blasfema y ora, abismado en el fango, perdido en la noche oscura de Los Ángeles.

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