De libros

Hotel Demencia

  • En su segunda y última novela, Yusuf Atilgan ofreció un febril retrato de una vida en la que el deseo postergado se transforma en una fuerza destructiva

El escritor turco Yusuf Atilgan (Manisa, 1921-Estambul, 1989). El escritor turco Yusuf Atilgan (Manisa, 1921-Estambul, 1989).

El escritor turco Yusuf Atilgan (Manisa, 1921-Estambul, 1989). / d. s,

Si poco o nada se sabe de la literatura turca en general (más allá de la constelación del Nobel Orhan Pamuk), hablar de autores vanguardistas de Turquía nos introduciría aún más de lleno en una zona de sombra. Dígase la ignorancia. En breve se cumplirán ocho años desde que Turquía fuera el país invitado a la Feria del Libro de Frankfurt, el gran escaparate mercantil y literario de Europa. Pero, al menos por estos lares, aquellos reconocimientos a la literatura moderna turca apenas si tuvieron aquí su influjo.

No obstante, de un tiempo a esta parte se vienen produciendo ciertos esfuerzos meritorios por dar la voz a quienes vienen de más allá del Bósforo (no importa si vivos o ya muertos). De Yusuf Atilgan (1921-1989) la editorial Gallo Nero publicó su anterior novela El hombre ocioso. Ofrecimos por aquí en su día aquel retrato de C., un personaje que se dedicaba a dar vueltas y revueltas por el cambiante Estambul de los años 50. Siempre andaba haraganeando, gastando como un manirroto pachá otomano de otros tiempos. C. era un esnob caído, un misántropo, que huía en primer lugar del espantajo de sí mismo. Si El hombre ocioso nos ofrecía una realidad existencial carente de sentido, aquí, en Hotel Madrepatria, la realidad vuelve a ofrecernos una estética agria, un aguafuerte aún más desabrido.

El amable lector dirá que gracias por avisar de una novela que no debe leer. Uno no iría tan rápido. Yusuf Atilgan hace uso de técnicas experimentales para mostrarnos la anodina vida de Zerbecet, gerente del Hotel Madrepatria, situado en una innombrada ciudad de provincias de Anatolia (se supone que no muy lejana de Esmirna).

Si con C. nos introducíamos en los vaivenes callejeros de una cabeza sin rumbo, ahora, con este otro personaje alterno, los vaivenes y camballadas son más bien de orden mental. Zerbecet va incubando poco a poco un proceso de autodestrucción. En principio se dedica a atender a los clientes, al día a día administrativo, a comer y a beber el té, a hablar lo sucinto con quien entra y con quien sale por recepción. Eso sí, humilla a la limpiadora del hotel, con quien fornica cuando le place. Apenas abandona el Hotel Madrepatria, herencia de una próspera familia que hizo fortuna en el ocaso de la era otomana.

Un día llega al hotel una extraña pero sutil mujer, procedente del expreso de Ankara (el hotel está cerca de la estación de tren y muchos de sus clientes son viajantes de mero paso). Tras hacer noche en la ciudad, la mujer se marcha, pero deja en el aire una posible vuelta. Las jornadas que pasan sin que Zerbecet vuelva a verla coinciden con los días en los que va ingresando en un mundo paralelo. Su obsesión por la mujer lo adentra en un estado paranoico.

Zerbecet se ausenta del viejuno hotel y pierde todo pie en la realidad. Como decíamos, los días van cobrando la forma de un delirio fuera del tiempo. La mecánica rutina se convierte ahora en un sinfín de paranoias, de ecos y voces, de taladros mentales que se empeñan de pronto en evocar el pasado familiar. Este tránsito a la demencia la narra Yusuf Atilgan con técnicas literarias de vanguardia (podría hablarse en ciertas fases de metaliteratura).

Hay un detalle histórico que no debería pasar desapercibido. Cuando Hotel Madrepatria se publicó en 1973, en Turquía se practicaba la narrativa política propiciada por el golpe de estado de 1971 y, de forma paralela, la literatura experimental, uno de cuyos máximos exponentes fue el infortunado Oguz Atay. Hotel Madrepatria consagró a Atilgan como otro iniciador de la vanguardia y sorprendió a la crítica en aquella agitadísima hora de entonces. A primeros de los 70 el país vivía al borde de la guerra civil por la violencia política entre comunistas y derechistas. El profesor Francisco Veiga explica en su monumental El Turco que en aquellos años nadie sabía bien en qué consistía ser turco. En cierto modo, si bien imbuido en su mundo fuera del mundo, Zerbecet podría reflejar ese estado colectivo, de inopia existencial, pese a que la novela no refleje violencia política alguna. Aun así, antes de entrar de lleno en la locura, Zerbecet nos había parecido el reflejo de un insignificante hombre de su tiempo y de un país que no podía ser otro que Turquía.

Atrevida y a ratos cruda, Hotel Madrepatria fue llevada al cine con éxito en 1987 por Ömer Kavur. Resulta casi milagroso, pues la resaca del tremendo golpe de estado de 1980 del general Kenan Evren seguía siendo furiosa. En realidad sería la última novela acabada del autor, pues falleció dos años más tarde mientras dejaba inconclusa una tercera novela.

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