"Vi que la única manera de afrontar mi realidad era desde el humor"

  • Víctor Jiménez deslumbra con un poemario sobre su labor como profesor de la ESO.

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Víctor Jiménez (Sevilla, 1957), autor de celebrados poemarios como Las cosas por su sombra y Taberna inglesa, acaba de publicar en el sello La isla de Siltolá un trabajo en el que, por primera vez, desnuda sus vivencias e inquietudes como profesor de institutos de secundaria en diversos centros de Andalucía. Al pie de la letra parece, a primera vista, una obra anómala en la producción de este fiel admirador de Rafael Montesinos y cultivador de una lírica intimista y brumosa, evocadora del tiempo y los paraísos perdidos, antes que plegada a las experiencias cotidianas. "Este libro es un mosaico de estampas de la vida de un profesor conforme avanza el curso académico y está organizado en tres partes, una por trimestre. Son sencillos poemas de andar por clase escritos en tiempos personalmente difíciles y en días en los que cuesta convencer a los alumnos de que hay otros modelos y valores que no son los que muestra la televisión basura. Pero no pretende ser un análisis de la situación actual en las aulas, sino un desahogo, un reflejo de mis inquietudes", confiesa de este volumen, que él califica de "poesía civil".

Para abordar este giro de la poesía más elegíaca a la testimonial, Jiménez optó por un lenguaje directo y un tono cercano, donde la ironía, la sátira y los juegos de palabras son recurrentes. "Tampoco faltan parodias y alusiones a textos de mis autores favoritos, como Miguel Herández, Blas de Otero, Bécquer, Unamuno y Antonio Machado. Pero todo surgió de forma natural. Vi que la única forma de afrontar mi realidad de profesor de la ESO era con humor", desgrana.

La aparente sencillez formal de esta obra hermosa y compleja no ha pasado inadvertida a los autores de su generación, que la señalan ya como un título esencial de la última poesía sevillana. Antonio García Barbeito ha escrito que "mañana habrá que ir a este libro para encontrar el retrato de un instituto, como vamos a los versos de Machado para ver las aulas de ayer"; para Rafael Adolfo Téllez, "Víctor Jiménez podría ser el último eslabón de esa nómina de poetas (Bécquer, Manuel Machado, Montesinos, Fernando Ortiz...) en la que le precede inmediatamente en el tiempo Javier Salvago".

Tras varias décadas en la docencia, el autor de Al pie de la letra ha visto cómo se repiten en todas las aulas, ciudad tras ciudad, arquetipos como la maestra solitaria, el compañero que se coge bajas por enfermedad sin estarlo, el alumno que se duerme en la clase, el padre fuera de la ley que se niega a firmar los partes en los que se amonesta a sus hijos, el profesor colega que se resiste a imponer una mínima disciplina... Con ellos compone algunas estampas agridulces de este fresco en el que también tienen cabida el amor, la amistad, la preocupación por los alumnos descarriados y una llamada al respeto entre las personas, "que tiene que partir desde abajo, de los hijos con los padres en primer lugar, para que luego se reproduzca en las aulas. Es muy difícil lograrlo en estos tiempos en que los valores cotizan a la baja. Por eso, frente a la cruda realidad de lo cotidiano, propongo la poesía como manera de salvar el alma".

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