Vindicación del maldito

  • 'Caín'. Lord Byron. La Isla de Siltolá. Sevilla, 2011. Trad. José Luis Piquero. 192 págs. 16 euros.

Según recuerda Honour en El Romanticismo, el XIX fue también el siglo de la vindicación del maldito, de aquellos grandes solitarios que, desde el albor del tiempo, personificaron la determinación y el genio. Todavía en el XX, Machado hablaba de "un trozo de planeta, por donde cruza errante la sombra de Caín". Pero antes, la tropa romántica había reclamado como propia la altiva soledad de Don Juan, de Prometeo, de Hamlet. Tanto como una exaltación del Mal, pues, se trató de un elogio de los temperamentos melancólicos, y de las razones que adujeron para ceñirse la herrumbrosa corona del proscrito. Así, este Caín de Byron, escrito en su vacación italiana (Chateaubriand aún escuchó en Venecia secretos y menudencias sobre las artes amatorias del poeta británico), este Caín pertenece al acervo de los héroes trágicos, erigidos por el escalofrío romántico: Maldoror, Des Touches y un lacrimoso Werther.

José Luis Piquero, autor de la solvente traducción, señala la actualidad del poema, a pesar de los excesos y amaneramientos de Byron. Sin embargo, el lector de este Caín encontrará, no tanto la prosodia ajada del Ochocientos, como la sencilla dramatización, la inopinada vigencia, la reformulación en suma, de un viejo conflicto. Caín no es aquí el bárbaro homicida de motivo clásico, sino un hombre atormentado, que se pregunta por la necesidad de saber y por la culpa heredada de sus padres. De este modo, Caín se convierte, no en arquetipo del Mal, sino en la trémula personificación de lo humano. En su momento, la obra de Byron añadió a esta originalidad el escándalo de presentar a Caín amancebado con su propia hermana. Pero, en rigor, y siguiendo las Sagradas Escrituras, estos primeros pobladores del mundo no pudieron acudir a otro emparejamiento que el fraterno. La novedad radica, pues, en la humanización del Mal que se postula en el poema. Ahí, y en la formidable soledad del maldito, alzado contra una divinidad inflexible.

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