Un catálogo de abuelas

  • Raquel Díaz Reguera quiso evocar a dos de las personas cruciales en su vida, y tras hacer memoria le salió uno de sus libros más exitosos.

Abuelas de la A a la Z. Raquel Díaz Reguera. Lumen. Barcelona, 2012. 82 páginas. 19,95 euros.

"Me gusta observar las cosas y clasificarlas, tiendo a hacer catálogos, sí, porque soy muy desorganizada pero luego todo lo ordeno en los papeles", dice Raquel Díaz Reguera, que tras unos primeros pasos en el mundo de la música acabó encontrando su camino entre lápices y pinceles. Con ellos reproduce en su último álbum ilustrado, que va ya por la segunda edición, un muestrario de abuelas, tierno y elaborado con sentido del humor, "en ningún caso ñoño", advierte la autora, que abarca desde las Cocinillas -"inventoras de la traditionnelle cuisine"- a las Coleccionistas -con sus "mesas inmaculadas llenas de cosas"-, desde las Curapupas -"también conocidas como abrazables, pues están diseñadas para que al abrazarlas se te diluyan los miedos"- a las Lunáticas -"desordenadas y divertidas", a las que "los vecinos más antipáticos llaman chifladas" aunque a sus nietos les parecen, más bien, inteligentes y creativas-, desde las Supersticiosas -que "a todo le ven peligro y para cualquier peligro tienen una solución"- a las Melancólicas -para las que a veces haría falta "un traductor de sollozos para entenderlas"-, y así hasta una treintena, cada una de ellas acompañada de sus enseres distintivos.

"El libro surge de mi admiración por ellas. Mis abuelas, las dos, han sido trascendentales en mi vida. Y hoy en día, con la conciliación familiar inexistente, siguen siendo fundamentales. Me maravillan las personas mayores porque tienen mucha vida, y eso es importante, y las abuelas en particular se merecen un homenaje diario", dice Díaz Reguera, cuya tipología, recuerda ella, permite combinaciones. "Mi abuela Pepa, por ejemplo, con la que pasé más tiempo en mi infancia, era una abuela Consiguelotodo-Melancólica. Y mi abuela Ana, una mujer brillantísima, con muy poca cultura, de familia humilde, pero más lista que el hambre, ella era muy claramente Cocinilla-Lunática y en los últimos años Desmemoriada", dice la ilustradora y escritora, que "podría llenar un libro con las anécdotas" que le cuenta la gente después de leer su libro, dice.

"Lo que me ha llamado más la atención es la cantidad de mails emocionados que me escriben. Cuando estaba preparando el libro no podía imaginar que iba a tocar la sensibilidad de la gente de esa manera... Me llegan muchos mails que parecen escritos al borde de las lágrimas. Y cómo no te va a emocionar eso", continúa Díaz Reguera, que acaba de poner el punto y final a su primera novela infantil, titulada de momento Las abuelas de Robin Hood, aún pendiente de encontrar editorial, y que es sólo uno más de los campos en los que se ha adentrado esta sevillana nacida en 1974 que con 19 años dejó la carrera de Bellas Artes que cursaba en la ciudad para probar suerte en Madrid en el mundo de la música.

Allí se ganaría la vida durante 11 años con ocupaciones diversas -escribió letras para Nek (la adaptación de Laura no está y todas las de los primeros tres discos del cantante italiano son suyas), para Zucchero (Baila, morena), Pasión Vega, Víctor Manuel, Miguel Ríos o Chayanne; fue corista de Joaquín Sabina; y formó el grupo de pop Maldeamores con su hermana Nuria-, y con 30 años volvió a Sevilla, donde empujada por "la infamia de la piratería, que ha acabado con la música y va a acabar también con los libros", opina, pero sobre todo por su maternidad, comenzó a trabajar en su primer álbum ilustrado, ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?, que acabaría convirtiéndose en un long-seller de la literatura infantil.

"Cuando fui madre y empecé a ir a librerías especializadas aluciné, me quedé muerta. ¡Hay obras de arte! La ilustración parece un arte menor respecto a la pintura, pero hay autores espectaculares, gente que hace cosas que podrían estar en el Prado. Por otro lado, a mí siempre me ha gustado inventar cuentos... y decidí escribirlos sobre todo cuando mi hija Violeta, al contrario de lo que yo creía que iba a querer ser, resultó que estaba empeñada en ser una princesa. Y yo no podía comprenderlo. Recuerdo que yo, cuando la bañaba, le preguntaba: pero Violeta, vamos a ver, ¿qué hacen las princesas que resulte interesante? Las princesas sólo esperan: esperan al príncipe azul, esperan a que la rana se convierta en príncipe, esperan a que fulanito le traiga el dragón a la puerta del castillo... ¡qué aburrimiento! Así se me ocurrió ese primer cuento sobre una princesa que odia ser princesa. Lo escribí y luego se me ocurrió ilustrarlo, surgió de manera muy natural. Luego tuve mucha suerte, porque empecé a enviarlo a editoriales y en una semana me respondieron y lo publicaron muy pronto".

"No creo que tenga una técnica muy concreta, voy experimentando siempre", afirma sobre su impronta personal la autora, que se define como "muy ecléctica". "Tengo un conflicto conmigo misma porque según mis editores mi estilo es reconocible... pero yo no consigo verlo, la verdad. Admiro a mucha gente, y además la admiración a mí me pone las pilas y me mueve a hacer cosas, y si hay alguien a quien admiro particularmente es a [el pintor, collagista, editor y director de la revista Litoral] Lorenzo Saval. Yo de mayor quiero ser Lorenzo Saval", dice Díaz Reguera, que disfruta especialmente haciendo literatura infantil porque en ella "todo es posible". "Los animales hablan y no pasa nada, es normal y corriente... Puede pasar cualquier cosa", sostiene, "sin que resulte fuera de lugar o sin que parezca que estás recurriendo a la literatura fantástica, porque la literatura infantil siempre es literatura fantástica".

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