El dedal o la pluma

  • Raquel Lanseros y Ana Merino reúnen en esta antología 82 voces de mujeres nacidas entre 1886 y 1960 con la vocación de ampliar el canon oficial realizado y arbitrado por los hombres.

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POESÍA SOY YO. POETAS EN ESPAÑOL DEL SIGLO XX (1886-1960)Raquel Lanseros y Ana Merino (editoras). Visor. Madrid, 2016. 978 páginas. 22 euros

La poesía siempre ha sido, o se ha querido que sea, territorio masculino. Las mujeres autoras han jugado en este campo un lugar muy secundario: flores raras que contemplar con lupa, excepciones que confirman la regla, destellos de arrogancia en un mundo cerrado que poco a poco ha ido abriendo tímidamente sus puertas para dejar entrar a lo que siempre ha existido, a lo que el silencio nunca pudo callar.

Sobre la calidad de la poesía escrita por mujeres se ha discutido mucho. También sobre cómo ha afectado a la producción poética femenina la dificultad de acceso de las mujeres a la educación reglada y al conocimiento y el desempeño de roles tradicionales alejados del parnaso donde los hombres disfrutaban del ocio necesario y encontraban oportunidad para la reflexión y el pensamiento abstracto. Negar que estos parámetros sociales hayan influido en la producción poética femenina es negar una evidencia y también la posición a la que estas autoras han sido relegadas durante siglos por el pensamiento oficial, por el canon establecido. No obstante, las 978 páginas de Poesía soy yo desmienten el mito con la incuestionable presencia de las 82 autoras incluidas, autoras de diversa procedencia y estilos y también, por qué no, de desigual calidad. Ahí están, alzando sus voces para explicar el mundo de otra manera, para dotarlo de nuevas perspectivas, para nombrar la vida, el amor y la muerte con palabras nuevas.

Asumen las también poetas Raquel Lanseros y Ana Merino la siempre arriesgada tarea de editar una antología y es la suya una obra que toma posiciones desde la portada. Al subtitularla Poetas en español del siglo XX, hacen una precisa declaración de intenciones sobre la igualdad de estas mujeres con esos otros poetas, esos compañeros de viaje literario que en muy pocas ocasiones las trataron como iguales: huyen del cursi "poetisa" y omiten el artículo; el lector que quiera adentrarse en las páginas de esta obra tiene que hacerlo despojado de prejuicios, dispuesto a disfrutar con la diversidad de voces, tonos y tendencias.

Las compiladoras han tenido la generosidad y la inteligencia de acercarse a la figura de estas mujeres sin arrebatos justicieros, sino intentando hacer justicia con el talento solapado, abriendo la ventana para que entre la luz y desvele la mitad del mundo que, durante tanto tiempo, ha permanecido en la penumbra. Aprovechan para repasar obras anteriores en esta misma línea y son escrupulosas con un trabajo que las ha llevado a multitud de archivos y bibliotecas públicas y privadas.

El carácter reivindicativo de esta antología es insoslayable, pero también lo es su riguroso planteamiento, como lo es la voluntad de Lanseros y Merino de ofrecer al lector un panorama lo más amplio posible de la poesía escrita por mujeres en el siglo pasado. La selección, como ya advierten ellas, no puede ser exhaustiva, pero casi. Entre las representadas se incluyen autoras con un solo libro, es el caso de la ecuatoriana Lydia Dávila, y se excusa en el prólogo la ausencia evidente de otras como Olvido García Valdés o Chantal Maillard, "invitadas a participar y que por diversas causas no han podido finalmente hacerlo".

Ochenta y dos autoras nacidas entre 1886 y 1960 unidas por su lengua común. Es éste uno de los aspectos más novedosos, y a la vez más emocionantes, de esta antología que elude crear un marco espacial y geográfico para delimitar la selección de autoras a favor de un rasgo mucho más democrático e igualitario: el uso del español como lengua para comunicarse y explicarse. La lengua, la lengua materna, la lengua transmitida y enseñada, la mayoría de las veces, por mujeres es el nexo que une a estas autoras que se expresan con los personales matices del español de aquí y de allá.

Entre las seleccionadas, poetas conocidísimas y otras cuya obra ha sido reivindicada más recientemente. Es el caso de la excelente Ángela Figuera Aymerich, autora de intensos y sobrecogedores poemas como el titulado Bombardeo, o la ultraísta Lucía Sánchez Saornil, que publicó muchos de sus poemas con seudónimo masculino. Otras cobran una nueva dimensión gracias a esta selección. Es el caso de Alfonsina Storni, Gloria Fuertes o Rosario Castellanos.

Como ya han advertido Raquel Lanseros y Ana Merino, esta antología nace con la vocación inequívoca de ampliar el canon oficial realizado y arbitrado por los hombres, abrirlo a otra forma de entender y explicar la realidad con una mirada distinta, que, sin embargo, siempre ha estado ahí. Lo resume bien la chilena Concha Zardoya (1914-2004) en estos versos: "El dedal o la pluma -doble símbolo- / no sirven de defensa ni tampoco / desafían ni alcanzan la victoria. / Amorosos, humildes instrumentos / consuelan tu vivir o con su llanto / lavan la piedra gris de muchos sueños".

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