El hijo pródigo

  • 'Ángeles y hombres'. William Goyen. Trad. Esther Cross y Carlos Ribalta. Seix Barral. Barcelona, 2012. 574 páginas. 25 euros.

Parece claro que sin la Biblia, sin la lectura atenta de sus páginas que hicieron numerosas generaciones, a un lado y otro del Atlántico, la literatura anglosajona no podría entenderse cabalmente. Esto es válido para el doctor Johnson, para De Quincey, para Sterne y Charles Dickens; pero también para ese vasto ramal americano que culmina en Faulkner y Flannery O'Connor, así como en este desconocido William Goyen, de quien dimos noticia hace unos meses por la publicación de un breve volumen de relatos: La misma sangre y otros cuentos. Ahora es Seix Barral quien publica sus Cuentos completos; cuentos en los que una pesadumbre levítica, las terribles fuerzas del Génesis, hacen del hombre una materia dúctil, ahormada por la fatiga, la cólera y la desdicha.

Al comienzo de Ángeles y hombres, escribe Goyen: "En ese tiempo me di cuenta -me pregunto si ustedes también- de que la vida de algunas personas se revierte como si una fuerza las moviera contra su voluntad". Se trata, claro está, de la parábola del hijo pródigo; del joven que, ya mayor, regresa purificado por el sufrimiento. Pero también se trata del hombre como juguete ciego de los dioses. En Goyen, en mayor medida que en Faulkner y O'Connor, esta presencia de lo fatídico, de lo ineludible, de lo trágico, conduce a sus protagonistas a una cadena de violencias, repetida durante generaciones, que parece excluir la redención. Existe, como se ha dicho, el perdón. Pero sus actos, la memoria que se tiene de ellos, y la profunda amargura que habita sus personajes, indican que la expiación, el agua lustral de un olvido redentor, son imposibles. Esa es, al cabo, la fuerza última, las sangres sucesivas, la culpa irrestañable, que unen y separan el Sur arcaico, fantasmal, veterotestamentario, de William Goyen. En sus relatos, son las potencias de la Naturaleza, revelada como hostil y aciaga, las que atropellan al hombre, las que lo afligen y arrebatan.

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