La hora del lector

  • Una nueva colección muestra la pujanza de la 'blogosfera' como espacio para el intercambio universal, abierto e indiscriminado, e invita asimismo a ponderar el verdadero alcance literario de esta constelación de bitácoras.

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No es habitual que las entradas volanderas de los blogs alcancen a ser recogidas en formato de libro, quiere decirse en volúmenes que no ocultan sino proclaman su origen. Por el contrario, pese a que tales trasiegos no convencen a los puristas de la cosa, es frecuente que los textos de las bitácoras reproduzcan artículos ya publicados o abunden en su contenido. Otras veces, sin embargo, los autores utilizan los blogs como una suerte de diario urgente donde cultivan la autobiografía, practican la crítica literaria o de costumbres, dejan constancia de sus lecturas o señalan pistas acordes a sus intereses. La colección Álogos de La isla de Siltolá, que dirige Javier Sánchez Menéndez, ha sido expresamente concebida para publicar selecciones de "este casi género literario", muestras escogidas por los propios autores que han recorrido el camino inverso del acostumbrado: de la pantalla del ordenador a la página impresa. El diseño de los libros está firmado por Los Papeles del Sitio, es decir, por el librero, editor y poeta Abel Feu, que trabajó durante años en Renacimiento y ha demostrado tener un gusto excelente, en esta como en otras colecciones salidas de su estudio sevillano de Valencina.

Entre los últimos autores de Álogos, publicados de una tacada, se cuentan los poetas Enrique García-Máiquez (De ida y vuelta), José Manuel Benítez Ariza (Pintura rápida), Felipe Benítez Reyes (Las respuestas retóricas), Antonio Rivero Taravillo (Afán de permanencia) o Enrique Baltanás (Las olas muertas), a los que se suma el profesor y crítico Fernando Valls (En verde veronés). Todos ellos presentan selecciones de sus respectivas bitácoras, relativamente conocidas -o tal vez no tanto, de donde la utilidad primera de esta colección- en el superpoblado mundo de la blogosfera. Unos aportan las fechas de las entradas y otros prescinden de cualquier acotación cronológica, pero para el caso es lo mismo. Desprovistos de imágenes, vínculos y demás posibilidades específicas del medio, los textos de los blogs se asemejan mucho a los tradicionales cajones de sastre donde los escritores han solido recopilar sus notas e impresiones sobre libros, viajes, maestros y doctrinas.

Hay, con todo, algunas diferencias. Autor de otras dos recopilaciones semejantes, Señales de humo (2007) y La novela de K. (en preparación), Benítez Ariza (cuyo blog se titula Columna de humo) propone un "diario abierto" donde comparte confidencias de modo no distinto al practicado por otros diaristas que publican directamente en libro. Las selecciones de Baltanás (Al margen de los días) y Rivero Taravillo (Fuego con nieve) son genuinas misceláneas donde cabe un poco de todo, como en la de Valls (La nave de los locos), que ya publicó una antología de los microrrelatos acogidos por su bitácora en Velas al viento (2010). Por su parte, García-Máiquez (Rayos y truenos) y Benítez Reyes (Mercado de espejismos) recopilan sin más algunos de sus artículos, ciertamente estupendos pero poco necesitados de una justificación que exceda el marco de la mera literatura. Cabe consignar la deliciosa humorada del primero, que dice escribir blogg -con doble ge, como en el apellido Blogg- en honor de la mujer de Chesterton. El segundo no tiene reparos en confesar: "Mi blog es un blog de mentira".

Por lo dicho, puede apreciarse que no existen demasiados motivos para hablar de un "casi género literario", menos aún en lo que se refiere a estas selecciones impresas. "Lo importante de un Cuaderno -escribe Sánchez Menéndez- son sus álogos, que enriquecen la blogaduría". La frase sería perfectamente ininteligible si el editor no nos remitiera a su propio blog, La vida al filo de la espada, donde se declara no sin orgullo -aportando las fechas exactas del hallazgo- el inventor de ambos términos. Un álogo, nos explica, es el comentario a una entrada de blog. El sentido de la blogaduría, en cambio, no queda tan claro o no parece demasiado relevante. Incluido en la colección con una antología titulada La vida alrededor, Sánchez Menéndez es un entusiasta de las bitácoras literarias, cuya principal característica -felizmente ausente de la edición impresa- es la posibilidad de que los lectores interactúen con los autores y comenten sus textos, que quedan asociados en una red de remitencias virtualmente infinita. Es una posibilidad interesante, qué duda cabe, pero sus efectos conciernen a un ámbito que poco o nada tiene que ver con la literatura.

Muchos autores de blogs dicen tener en gran estima los comentarios de sus lectores, pero no sabemos hasta qué punto ello no constituye una muestra de obligada cortesía. Sinceramente uno, como lector, cree que lo peor de los blogs son precisamente los comentarios de los lectores, no porque no haya entre ellos quienes consignan aportaciones valiosas, sino porque éstas se alternan con apreciaciones banales, meros saludos y felicitaciones o peroratas que recuerdan a los espontáneos que se lanzan a disertar en las presentaciones de libros. Desde este punto de vista, la interactividad, tan aplaudida como el signo de nuestra época, es sobre todo una servidumbre. En definitiva, puede que los álogos enriquezcan la blogaduría, pero hay quienes preferimos la lectura sin interferencias.

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