Una idea de Europa

  • Timothy Garton Ash reflexiona en su nuevo ensayo sobre el difícil entendimiento entre Europa y EEUU, la problemática relación de las Islas con el Continente o el reto de la asimilacion efectiva de la población musulmana en Occidente.

Los hechos son subversivos. Timothy Garton Ash. Tusquets. Barcelona, 2011. 488 páginas. 25 euros.

Una de las apreciaciones más interesantes recogidas en estas páginas, páginas de una elegante erudición y un fino humorismo, es el análisis comparativo al que Garton Ash somete dos revoluciones de reciente memoria: la escaramuza libertaria del 68, cuya iconografía aún perdura en el imaginario europeo, frente al sordo desplome del muro berlinés en 1989 y la subsecuente liberación de Europa del Este. Una y otra tuvieron muy diferente magnitud e influjo; sin embargo, el colosal desplome del bloque soviético, seguido de una apertura democrática que afectó a millones de hombres, no parece disfrutar del mismo aprecio popular, de la feliz memoria en la que duermen, desde entonces, los sucesos parisinos o la revuelta de Praga. ¿Por qué? Quizá porque los colapsos no poseen la misma carga poética que la insubordinación y la proclama.

Al margen de este hecho paradójico, la crecida actualidad de este volumen se debe a la doble condición de europeísta y británico de Garton Ash, y ello cuando la última cumbre europea, celebrada en Bruselas, ha agravado los desacuerdos que la construcción de la Unión Europea generó, tradicionalmente, en ambos lados del Canal. Garton Ash, profesor de Historia Contemporánea en Oxford y analista liberal a la manera de Isaiah Berlin, dedica páginas de fina inteligencia a explicar la singularidad británica en sus relaciones con el Continente. Y para ello acude, no al carácter insular, a la tradición milenaria o cualquier otro recurso al folclore (quienes hayan paseado por Edimburgo no ignoran la importancia de Walter Scott en la invención de tradiciones escocesas, e incluso de estilos arquitectónicos), sino a la vocación atlántica, y en cualquier caso anglosajona, que se añade a la obvia europeidad de aquellas islas. Sobre este vínculo social, histórico, idiomático, fundamenta Ash la divergencia de intereses que hace unos días volvió a escenificar el primer ministro Cameron, como antes había ocurrido con Margaret Tatcher y aun antes con Winston Churchill.

Hay otra variante, sin embargo, que Garton Ash introduce en esta relación a tres bandas. Si es frecuente aludir al antiamericanismo europeo, tan celebrado en Charles de Gaulle y Regis Debrary, es mucho menos usual señalar el antieuropeísmo americano, de mayor consistencia en el ámbito conservador y republicano. La actual impaciencia del presidente Obama con los acuerdos europeos quizá se deba, marginalmente, a la condición timorata, pusilánime, huidiza, que desde Norteamérica se le atribuye a Europa. En uno de los textos aquí recogidos, Garton Ash hace un retrato, tan educado como demoledor, del presidente Bush, tras mantener con él una reunión en la Casa Blanca. Sin duda, Bush respondía a la caricatura del americano que la izquierda europea suele adjudicarles a sus figuras políticas (Ronald Reagan fue otro firme candidato a este tipo de burlas). No obstante, el desencuentro entre ambas potencias es real, con Gran Bretaña como frágil bisagra, y el menosprecio a la diplomacia europea es una fuente inagotable de sarcasmos para los sectores conservadores de la prensa y la política estadounidenses, más proclives a la intervención armada, al influjo de Marte, que a las agotadoras negociaciones entre cancillerías inconciliables.

Con todo, las páginas más relevantes de este volumen misceláneo, a mitad de camino entre el ensayo y el reportaje, quizá sean las dedicadas a elucidar qué tipo de Europa es deseable, y qué tipo de problemas nos acucian por su gravedad e inminencia. Si bien Garton Ash hace un breve recorrido por la actualidad del globo: Oriente Medio, Birmania, la antigua URSS, los Balcanes..., es el terrorismo y su tratamiento, más la asimilación efectiva de la población islámica y la inclusión de Turquía en la UE, aquello que probablemente tiene un interés más inmediato para el lector europeo. Tras los atentados de Madrid y Londres, tras los numerosos grupos terroristas desactivados recientemente en Europa, urge, según Ash, ganar para la causa civilizatoria, para la libertad, para la convivencia, a cuantos hoy puedan sentirse tentados, dentro de nuestras fronteras, por la épica del terror y el fundamentalismo religioso. Hace unos días, eran perseguidos unos gitanos en Italia por la inicua acusación de una adolescente asustada. Ese abismo, esa brecha irrestañable, es la que Garton Ash propone sortear con determinación e inteligencia. Y en cualquier caso, con una mayor libertad, nunca con menos.

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