La música hecha literatura

Es casi imposible encontrar en las letras españolas del siglo XX a un escritor en el que la música se imbrique de tal forma en la literatura como el cubano Alejo Carpentier (1904-1980), un arquitecto frustrado que quiso ser músico, un músico que se descubrió sin talento para componer y terminó haciéndose escritor. Y son justamente estas tres disciplinas las que se funden en una obra literaria de fascinante raigambre culterana y barroca. Así la analiza Blas Matamoro en este breve y lúcido ensayo en el que se apuntan algunas de las constantes esenciales del universo estético y vital de Carpentier: su concepción cíclica de la historia, la revolución, la América desmesurada, y por ello, consistentemente barroca, el conflicto entre el mundo primitivo y la civilización o esa idea de lo real maravilloso en la que confluyen modernismo, surrealismo y barroquismo para marcar el camino del tan manoseado luego realismo mágico.

Pero Matamoro no tiene en cuenta únicamente el universo del relato ficticio, de las novelas, repletas todas ellas de referencias (y formas y géneros) musicales, y no sólo las que llevan la música hasta en sus títulos, como Concierto Barroco o La consagración de la primavera, sino también al musicólogo y al crítico, el que nos dejó la tardía (1980) y espléndida recopilación de artículos y reseñas de Ese músico que llevo dentro (que publicó varias veces en su día Alianza). Es este un terreno en efecto "inorgánico" y "disperso" del autor cubano, y se agradece el esfuerzo si no por categorizar, al menos por agrupar y ordenar nombres, ideas y diatribas, especialmente interesantes las que tienen por objeto a las vanguardias del siglo XX y al folclorismo americano y sus alternativas. Luego está también el Carpentier historiador, el de la temprana (1949) La música en Cuba, un estudio académico y ordenado que termina justo donde empieza su dispersa tarea crítica, en algunas de las polémicas fundamentales del siglo XX; allí, como testigo excepcional de una época en la que la música también podía hacerse literatura.

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