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Aquello que el texto no dice

  • Páginas de Espuma inicia una colección de cuentos ilustrados con 'La respiración cavernaria', una historia de la argentina Samanta Schweblin que convierte en imágenes su paisana Duna Rolando

La escritora argentina Samantha Schweblin (Buenos Aires, 1978). La escritora argentina Samantha Schweblin (Buenos Aires, 1978).

La escritora argentina Samantha Schweblin (Buenos Aires, 1978). / isabel wagemann

Un día, la escritora Samanta Schweblin visitó el estudio de la artista Duna Rolando, a la que apenas conocía personalmente pero con la que compartía ciertas coordenadas vitales, ya que ambas eran bonaerenses y residían en Berlín. La autora de Pájaros en la boca o Distancia de rescate quedó impresionada con la perspicacia y la particular sensibilidad con que la pintora retrataba, en una serie de lienzos de gran formato, a otros creadores afincados en la capital alemana. Deslumbrada por aquellas obras, Schweblin propuso a Rolando algún tipo de colaboración, una sugerencia que, según supo más tarde, la otra acogió con inquietud. "Yo tengo que ser parte de lo que ilustro, involucrarme sentimentalmente en lo que pinto. ¿Y si no me gustaba lo que escribía?, pensé", confiesa Rolando, que tras aquella invitación se adentró en la obra de Schweblin sin encontrar inicialmente la inspiración. "Su trabajo era increíble, pero yo no me identificaba", admite esta profesora de grabado y también cantante de tango, que experimentó una sacudida cuando llegó a La respiración cavernaria,uno de los cuentos de Siete casas vacías, el libro con el que la narradora logró el Premio Ribera del Duero. "En el personaje de Lola, la protagonista, me identificaba, veía a mi abuela. Al libro le quedaban un par de relatos más, pero yo paré de leer. Sentía que había llegado a casa".

La respiración cavernariave la luz ahora como el primer título de una colección de cuentos ilustrados que ha iniciado la editorial Páginas de Espuma, el mismo sello que publicó hace un par de años Siete casas vacías. Schweblin, a quien sorprendió que Rolando se decidiera por un relato "muy oscuro" -tras la historia de una mujer enferma de Alzheimer se esconde una reflexión sobre la pérdida, la identidad y el declive-, no ha cambiado "ni una coma" de aquella pieza, una de las más complejas y sugerentes de su trayectoria. "Para mí, el texto ya estaba, yo ya había dicho lo que tenía que decir. Si seguí escribiendo, lo hice en el trabajo de Duna, no en el mío", apunta la escritora, que "desde el primer momento" estuvo convencida de que el proyecto "no podía ser una ilustración de La respiración cavernaria, tenía que ser algo más. Lo que Duna hiciera tenía que contar cosas nuevas", sostiene Schweblin, para quien "la imagen puede decir cosas que no escribes. Por ejemplo: para Lola su marido es un tipo que no tiene pasiones ni un pasado interesante, y sin embargo Lola va por el pasillo y están los trofeos de él de natación, las fotos de él con su familia; no se da cuenta de que hay un hombre precioso detrás que ella no puede ver. Trabajamos mucho en este sentido, en ver qué más podíamos contar que el texto no estuviese diciendo".

Rolando eligió el óleo para reinterpretar el universo de ese cuento, "aunque el secado llevara mucho tiempo y las correcciones no sean tan rápidas como en Photoshop. Pero con mi experiencia en el cine haciendo escenografías comprobé que el formato digital no tiene la misma fuerza de un óleo. Quería que quedara un registro de lo que hacía, que quedara el cuadro, y también quería disfrutar del placer de pintar", cuenta la artista.

Los primeros esbozos emocionaron a Schweblin, que rememora el asombro que sintió cuando Rolando apartaba la tela que cubría esos cuadros y ella descubría la visión que la pintora poseía de su obra. "Es muy difícil para un autor entender de manera concreta qué es lo que pasa por la cabeza de un lector, y esa primera mirada fue mágica. Por un lado era algo nuevo, había muchos detalles que no estaban en el texto, pero por otra parte el clima era reconocible", explica la narradora, que pese a la sintonía que halló con Rolando percibe a su protagonista de manera diferente. "Para mí, Lola era mala; para Duna estaba loca. Escribiendo tú trabajas al personaje en la forma de hablar, en qué tipo de cosas hace, pero en las imágenes afinas levantando medio centímetro la ceja a la mujer; colocándole luz en la nariz. Era llegar al mismo lugar desde un lugar completamente nuevo, fue muy inspirador".

Tras La respiración cavernaria, Páginas de Espuma sacará en la misma colección un cómic basado en Ajuar funerario de Fernando Iwasaki y una revisión ilustrada de una obra de Andrés Neuman. El editor Juan Casamayor manifiesta su ilusión por acercarse al relato desde otra óptica en esta serie que ilustrará un solo cuento en cada volumen. "Cuando editas un libro planteas el orden de cada texto en relación con los otros. Hay una atmósfera, un hilo invisible que te va guiando... Y no es lo mismo si un cuento abre o cierra el libro. En esta serie cada cuento tiene su autonomía, habla por sí mismo. Va a ser muy enriquecedor".

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