Polideportivo

Antonio Escribano, el mago más cercano

  • Así es el médico cordobés que con sus métodos ha revolucionado la nutrición en el mundo del deporte

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Columnista en El Mundo, colaborador habitual en El Larguero, estrella mediática a su pesar, pero amable, cercano y cordobés ante todo. Así es Antonio Escribano, el médico de los milagros, el responsable de que el fútbol se haya puesto a dieta y el causante de que la alimentación haya entrado de lleno como uno de los factores clave en el deporte profesional.

Sus conferencias sobre hábitos de alimentación en el deporte se cotizan a miles de euros y todos los foros se lo rifan conscientes de que su presencia es garantía de éxito. Sin embargo, encuentra huecos en su apretada agenda para difundir su mensaje a todo aquél que quiera oírlo. Así ocurrió en el Centro Penitenciario, donde compartió unos minutos con los internos dentro del programa de la Fundación Sociocultural de la Federación Española de Baloncesto, que ha puesto al galeno cordobés al frente de un ambicioso programa contra la obesidad infantil.

Un ordenador, una presentación en power point y el casi hipnótico poder de su palabra son suficientes para convencer a todo el que lo escucha de que "la comida es lo que más mata en el mundo, así que en algo estamos metiendo la pata".

Saltó a la fama como el médico de las papillas, el milagroso reconstituyente que se convirtió en uno de los secretos del Sevilla ganador de las dos Copas de la UEFA. "Son una mezcla de los alimentos más simples, de la base de la pirámide", se cansa de indicar Escribano, que no ha escapado de las sospechas de dopaje. En un deporte profesional cada vez más bajo sospecha, su trabajo es mirado con lupa, sembrando al mismo tiempo admiración y, por qué no, cierta envidia.

Sus métodos empezaron a llamar la atención hace cuatro años, y los clubes comenzaron a rifárselo como si del mejor secretario técnico se tratara. Después llegaron Mallorca, Murcia, Deportivo, Zaragoza, Xerez, Getafe y ahora el Tottenham de Juande Ramos. El técnico impuso en su contrato con los spurs la llegada de Escribano al club de White Hart Lane, que puso a disposición del galeno un apartamento en el centro de Londres para que dirigiera en primera persona la alimentación de la plantilla. Los resultados no tardaron en llegar.

"La primera vez que entré al buffet del equipo me sorprendió ver en las bandejas dulces, chucherías, todo tipo de salsas, Coca Cola, cerveza...", recuerda con una sonrisa, pero con él todo cambió. El triunfo en la Carling Cup hizo que todos los medios ingleses se fijaran en él -los tabloides ya le llaman Doctor Baby Food- y su fama cruzó fronteras definitivamente. "No me considero una estrella mediática, pero el fútbol lo sobredimensiona todo", dice Escribano, cuyos éxitos se miden por los kilos que hace perder a las plantillas con las que trabaja. Más de 100 en el Sevilla, con transformaciones tan espectaculares como las de Esteban o Palop, que pasó de los 90 kilos con los que llegó a Nervión a los 81 que le han colocado a las puertas de la Eurocopa.

Porque Escribano tiene la fórmula para que la alimentación mejore el rendimiento deportivo, pero sus recetas son aplicables a todos los campos. "Si mi fama sirve para difundir un mensaje positivo me doy por satisfecho", dice en su particular cruzada "contra el alcohol y todas las porquerías que le metemos al cuerpo".

Ésa es la gran tarea que se ha marcado un hombre empeñado en hacer de la dieta un elemento más del entrenamiento de sus equipos. "Si sólo hay un violín y hay cuatro músicos, sólo lo tocará el que llegue primero", dice en uno de sus gráficos ejemplos, y aunque los resultados avalan su método, Escribano sólo se considera "una parte más del trabajo. Sólo soy el que fabrica los zapatos, porque sin zapatos no se puede jugar, pero el éxito es siempre del grupo".

Dice un proverbio que las grandes personas son las que hacen de la modestia una forma de vida. Antonio Escribano tiene las mismas palabras para un vestuario de millonarias estrellas del fútbol que para un reducido auditorio de internos en la prisión. Quizás eso, tan sencillo y complicado a la vez, sea el inescrutable secreto de su éxito.

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