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Betis- Barcelona (3-2): Edu empaqueta el regalo

  • Monólogo: Los azulgrana, con Xavi e Iniesta sueltos y elBetis agazapado, lograron una cómoda ventaja de dos goles· Subidón: Los de Rijkaard se echaron a dormir y los verdiblancos vieron luz a espuertas

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Desde que entramos en los tiempos en los que el aspecto táctico, pero sobre todo el físico, sirven para decantar más partidos que el técnico, ese más íntimo y que nace con el propio individuo, al fútbol no se puede jugar andando. Y un equipo no puede ser andarín ni ganando por dos goles de ventaja con comodidad a otro inferior en casi todos los órdenes, como le ocurrió ayer al Barça. No es cuestión de entrar en la diatriba de si el partido lo ganó el Betis o lo perdieron los azulgrana, porque de todo hay. Pero si el equipo de Rijkaard no hubiera manoseado tanto el usufructo prontamente obtenido, jamás el de Chaparro habría hallado una de sus mejores armas para acabar ejecutándolo: la exaltación.

Es el Betis un conjunto lleno de carencias y ayuno de calidad, pero con la suerte de que la mayor parte de ésta reside en un solo jugador. Y ese reparto aunque pueda antojarse perjudicial resulta de un efecto contrario por su adecuada concentración. Edu, ése al que Lopera regatea en los despachos, está capacitado por sí mismo para una tarea que en el fútbol lejos de ser ingrata es la más agradable, la de verdugo. Su nudo no fue el de la horca, sino el lazo que empaquetó el regalo azulgrana.

Así, con la sangre que le inyectó el Barça y la clase del brasileño, sólo aturullado a la hora de batir a Valdés desde los once metros, se sintió seguro el Betis para agarrar por el pecho a un enemigo del que dirán que empezó a pensar pronto en el Schalke pero que en verdad sólo fue reo de su pereza, de esa facultad que tiene el ser humano para ser proclive a la negligencia y al descuido. Ocurrió, además, que el Betis no estaba muerto sino algo adormecido y con el apoyo de Heliópolis acabó por despertar. Porque en el Calderón, donde Lopera estuvo a punto de meterlo, no le remonta dos goles al Barça ni...

El error principal de los verdiblancos, que motivó el estado de cosas en que hubo de resolverse la pelea, radicó en su escasa educación, en esa manía de acatar las órdenes al extremo, en esa mala lectura de los partidos que le lleva a la obediencia autómata sin que ninguno de sus miembros sea capaz de alterar el guión. Es por ello que acostumbra a la mutación tras los descansos, cuando su técnico puede programar nuevamente los cerebros.

Porque una cosa es defender prudentemente cerca de Casto, como obliga la velocidad física y mental de los azulgrana, y otra cosa agazaparse delante del extremeño. Como tampoco es igual que el Barça lleve la iniciativa que regalarle el balón y presionar con la misma fe del que mira al cielo esperando una lluvia de monedas. Ése es el problema, igual que cuando adelantar la línea en Mestalla fue sinónimo de suicidarse casi en el centro del campo.

Por esa escasez de futbolistas inteligentes, por esa ausencia de un líder en los medios, sufre tanto este Betis que no supo leer la posición de Eto’o en la derecha ni cómo atascar los procelosos terrenos que pisaron Xavi e Iniesta. Señales inequívocas de que estamos ante un equipo menor y de que por eso anda metido en tareas tan poco honrosas como la supervivencia.

Empero, el Betis, desde que un menudo trianero agarrase con firmeza su timón, se parece cada vez más a un equipo de hombres y no a ése de niños que zozobró durante más de media hora. No hay que alabar los conocimientos tácticos de Chaparro, sus cambios de sistema, primero emparejando a Rivera con Juande, luego habilitando un 4-4-2, o lo acertado de las entradas de Sobis y Odonkor y del paso adelante de todo el equipo en la segunda mitad; no, es casi más importante cómo el entrenador ha logrado imbuir al equipo de su genio, cómo Sobis entra al campo a reivindicarse, cómo Juande deja su hórrida actitud para contagiarse de los arrestos de Rivera, cómo Edu aprovecha los momentos que le regala el partido, cómo el equipo se viene arriba incluso tras un penalti fallado.

Ahí residen los méritos del entrenador. Y el corolario no es otro que el Betis es hoy un equipo, preñado de defectos, sí, pero un equipo. Por eso saca fruto de sus virtudes, algunas tan escondidas que hasta casuales, se diría...

El Barça representa lo contrario. Un equipo de un perfil alto, atiborrado de clase, con el músculo que le dan sus negros y el ingenio de sus pequeños, pero en su caso con defectos nada recónditos. Uno de ellos es que sufre sin el balón y ayer pretendió tenerlo aun a un ritmo de veteranos. Fue entonces, recién entrada la segunda mitad, cuando se gestó la remontada, con esos preciosos caracoleos de Sobis, con el regreso del Juanito autoritario y goleador, con las ganas de Riverita y, sobre todo, con el veneno que Edu guarda siempre en su testa y en su diestra. Luego, o antes, qué más da, rugió Heliópolis, más aliviado que nunca porque le levantaron un injusto castigo, y los azulgrana se encogieron. El Betis se rebeló y de repente le entró hambre. Olió la salvación y no se conformó ni con el empate. Y, físicamente, acabó fuerte, como siempre. No, si al final esteBetis tiene más cosas de las que pensamos...

Ficha técnica:

3 - Real Betis: Casto; Ilic, Juanito, Melli, Damià; Juande, Rivera; Edu, Capi (Sobis, m.53), Mark González (Odonkor, m.53); y Pavone (Xisco, m.87).

2 - FC Barcelona: Valdés; Zambrotta, Puyol, Thuram, Abidal; Xavi, Touré (Gudjohnsen, m.79), Iniesta; Henry, Eto'o y Bojan (Giovani, m.62).

Goles: 0-1, M.13: Bojan. 0-2, M.15: Eto'o. 1-2, M.63: Edu. 2-2, M.76: Juanito. 3-2, M.78: Edu.

Árbitro: Javier Turienzo Álvarez (Comité Castellano-Leonés). Amonestó a los locales Mark González (m.09), Damià (m.51),

Incidencias: Partido disputado en el Ruiz de Lopera ante unos cuarenta mil espectadores. Terreno de juego en buenas condiciones.

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