Voleibol l Superliga 2

Brasileños, y juegan con las manos

  • Cardoso, Alan, Rodrigo y Tiago forman la columna vertebral de un Cajasol Voley que roza la permanencia tras su llegada

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La colonia de deportistas de Brasil en Sevilla no se limita en exclusiva al fútbol. Al contrario. De las playas brasileñas, como la de Copacabana, llegó el renacer en Superliga 2 del Cajasol Voley, gracias a cuatro jugadores que han dado otro aire al equipo. En la primera vuelta sólo tres triunfos alumbraban a los de Ricardo Lobato. Ahora, con la columna vertebral canarinha, la salvación está a un paso. A una victoria.

Cardoso fue el primero en aterrizar en Los Montecillos al inicio de la liga procedente de un conjunto portugués, pero una lesión dejó al receptor fuera desde el principio del campeonato. Poco a poco arribaron el resto: Alan (opuesto), Rodrigo (central) y Tiago (colocador). Para ninguno es la primera experiencia en el extranjero, ya que Brasil es, seguramente, la principal cantera del voley mundial. Pero sí que coinciden en que ésta es la mejor.

Rodrigo y Alan viven juntos. El primero, el techo de la categoría con sus 2,11 metros, ha jugado en los mejores equipos de su país, e incluso en Kuwait. Todo un veterano que encara la recta final de su vida deportiva "con la misma ilusión que al principio". A su compañero las aventuras exóticas tampoco le son ajenas, ya que estuvo a punto de jugar en Sevilla la pasada campaña y acabó en Israel: "Fue un buen año. Una experiencia en la que aprendí mucho de una cultura diferente a la mía, tanto que no llegué a acostumbrarme", explicó el atacante, MVP de la pasada jornada.

Y es que Brasil no sólo vive del fútbol. "El voleibol es el segundo deporte nacional. Los listos se decantan por el fútbol, que da más dinero; los locos, por el voleibol, que es como una droga que te engancha cada vez más. Por eso resulta extraño jugar allí ante miles de personas y aquí ante unos pocos cientos", explica Tiago.

En poco menos de un mes la liga se acabará, y todos regresarán a "su Brasil", donde les esperan vidas distintas. "Seguiré estudiando administración de empresas, y cuando empiece la próxima temporada espero volver a España", explica el colocador. Con esa intención retorna también Alan, que desea acabar Educación Física, aunque compaginará los estudios con otras dos actividades: "Allí siempre he jugado en el Flamengo los campeonatos territoriales. Lo seguiré haciendo a partir de mayo, pero también ayudaré en el negocio familiar, una tienda de importación de pelucas y pelo natural. Existen pocas en Brasil, y hay mucho trabajo".

Cardoso también volverá, aunque el viaje para él sólo será de ida. "Tengo varias ofertas para trabajar allí -terminó ya la Licenciatura de Educación Física-. Después de varios años jugando en el extranjero (Argentina y Portugal), quiero recuperar el tiempo perdido. Tengo un hijo de 3 años del que apenas he disfrutado, ya que habré estado con él cuatro o cinco meses".

Todos reconocen tener la suerte de dedicarse a lo que les gusta, porque la vida en Brasil "es muy difícil para la mayoría y todos hemos perdido a alguien cercano por la violencia". "El deporte nos ha permitido vivir más o menos bien, porque a este nivel no se paga mal, pese a tener que renunciar a la familia", señala Rodrigo, "y el Carnaval", añaden el resto. "Es una cultura, una fiesta que los brasileños necesitamos. Llevamos ya cuatro años sin él, y sientes que te falta algo", finaliza Tiago.

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