Casualidades que se tornan en pasión

  • Carlos Caro Salazar. Árbitro de baloncesto en la Adecco Oro y coordinador de formación arbitral en Sevilla

Hay veces que una situación ajena a una persona puede cambiar su futuro. Algo que nunca se imaginó y que, por extraño que parezca, puede descubrir sensaciones que cambien la manera de pensar. Esto es lo que le pasó a Carlos Caro, un joven sevillano que decidió cambiar la pelota por el silbato en el mundo del baloncesto y que, a día de hoy, dirige encuentros de la liga Adecco Oro.

"Todo gira en torno a un favor que le hice a mi hermano. Él arbitraba en la liga de distrito y un día su compañero se puso malo y me pidió que fuese a ayudarle. Ésta fue la experiencia que me hizo cambiar y me metió el gusanillo, porque yo antes practicaba el baloncesto como jugador", confiesa Carlos.

A partir de entonces, el sevillano se sumergió de lleno en este mundo y ha experimentado una carrera meteórica. El colegiado comenzó su camino arbitrando en las ligas municipales de la ciudad, tras lo que dio el salto al Comité de Árbitros de Sevilla en 2001. Cuatro años después subió a Primera División Andaluza y, tras su primera temporada, consiguió su vinculación a la Primera Nacional, alternando encuentros de ambas categorías. Pero fue en 2008 cuando logró un nuevo ascenso al Grupo 2 de Árbitros de la FEB, dirigiendo encuentros de categoría de Liga EBA. Este largo viaje le ha llevado esta temporada a arbitrar en la Adecco Oro, algo que confiesa le ha costado mucho trabajo.

"Mi debut fue una sensación muy bonita. Me estrené el 9 de diciembre en Melilla, en un partido entre el Melilla Baloncesto y el Mallorca Básket, junto a Germán Morales. Es algo que no voy a olvidar nunca porque he pasado por mucho hasta llegar aquí", confiesa.

Pero Carlos no sólo se ha dedicado a progresar en su carrera como colegiado ya que, a la vez que arbitraba, se licenció en Ciencias Ambientales y ahora quiere doctorarse en Nanotecnología, para lo que esta preparando su tesis, todo un ejemplo de cómo administrar el tiempo. "Procuro organizarme lo mejor posible, ya que todos los fines de semana viajo y la familia y la vida social se resienten, pero se intenta compaginar. Tengo unos jefes muy comprensivos", afirma.

El colegiado confiesa que mientras que pueda permitírselo, compaginará el mundo del básket con el de su preparación profesional, pero afirma no saber con qué se quedaría. "Aún no me he planteado qué elegiré, pero siempre intentaré llevar ambas cosas adelante. Si el día de mañana no puedo dedicarme al arbitraje a alto nivel, me gustaría hacerlo al menos en la liga LEB".

Sin duda, Carlos ha vivido en sus carnes las vueltas que puede dar la vida, descubriéndole un mundo nuevo en el que ha llegado muy lejos por su esfuerzo y del que ahora no quiere despegarse. "Adoro esto y quiero seguir y ver hasta dónde me lleva".

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