Copa del Rey · La Crónica

La Copa no es la Liga (0-1)

  • El Sevilla se marcha de Lepe con los 'tres puntos', pero pierde la oportunidad de sentenciar la eliminatoria · El gol de Kanoute debió servir para que el Primera dejara noqueado al San Roque.

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Oportunidad malograda por el Sevilla para certificar de pleno su pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey. El equipo de Marcelino García Toral debe dejar en la cuneta al San Roque, cierto, sobre todo después de esta ida saldada con el único gol de Kanoute, pero tampoco es cuestión de dejar cabos sueltos cuando existe una ocasión inmejorable para liquidar al adversario. La cuestión, tal vez, estuvo en confundir la Liga con la Copa, porque los blanquirrojos se fueron con los tres puntos del estadio Ciudad de Lepe, y hasta ahí todo correcto para ellos, pero tardaron demasiado en imponer las diferencias que deben existir entre un Primera División aspirante a cosas y un Segunda B que bastante tiene con mantenerse en esa categoría. 

Pero al Sevilla le faltó un punto de ambición, una pizca de maldad, como tantas y tantas veces en el presente curso balompédico, para plasmar las diferencias sobre el terreno de juego, para que el rival se viera obligado a hincar la rodilla. Ni siquiera la enorme ventaja de tener un gol a favor en el minuto 11 sirvió para que así fuera. Los visitantes jugaron a un fútbol controlado que a veces da resultados y otras provoca el mayor de los sinsabores. 

Porque mejor no se les pudieron poner las cosas a los sevillistas. Apenas sobrepasado ese minuto 10 y una contra concluye en un disparo fuera del área de Armenteros cuando un compañero lo doblaba por la izquierda. El disparo lo rechazó con dificultades José Ramón y Kanoute lo empujó con la serenidad de siempre a la red. El litigio, pues, se puso con celeridad a favor a los hombres de Marcelino, pero ni siquiera eso iba a servir para que éstos se asentaran sobre el campo y mostraran una imagen más dominadora. 

Al contrario, otra vez con el dibujo de cuatro hombres por detrás de Kanoute, esta vez el único delantero, echaba de menos un mejor escalonamiento de las piezas. Cierto que el control por el medio era suyo, que allí había más piernas sevillistas que leperas, a pesar de la tremenda voluntad de los locales, pero servía para muy poco. Entre otras cosas porque los dos hombres de las bandas rara vez se iban a poner a la altura del delantero francés y eran Campaña y Trochowski quienes sólo algunas veces se le acercaban en el campo. 

Si a eso se le suma que la zaga, un cuarteto más experimental en este caso por la entrada de Cáceres, Escudé y Luna, se metía demasiado atrás, la conclusión era ver un equipo demasiado desconectado, incapaz de dejarle claro al adversario que allí había un equipo de Primera División y otro de Segunda B. El Sevilla no tenía mayores problemas, ésa es la realidad, pero tampoco ofrecía una imagen dominante, sobre todo si se tiene en cuenta que el marcador estaba a su favor desde demasiado pronto y eso debía servir para tranquilizarlo. 

La capacidad para salir al ataque con contras certeras, con intentos que al menos sirvieran para atornillar al contrario atrás, era nula. El San Roque, por tanto, se mostraba mucho más atrevido y hasta era capaz de plantear la presión en zonas que pueden incomodar a quien está enfrente. Claro que esa situación se hace inexplicable cuando se enfrentan dos equipos tan dispares en lo que respecta a su potencial. 

Pero el Sevilla no podía ser más permisivo con la situación y sólo iba a dar un nuevo aviso cuando ya se afrontaba la recta final del primer periodo. Ahí Armenteros pudo sentenciar en un disparo que se estrelló en el poste con José Ramón batido. Tal vez iba a ser el aviso de lo que pasaría en el segundo periodo y así fue. Marcelino optó por dosificar a Kanoute, quién sabe si con la idea de plantearle un partido de tú a tú al Real Madrid, y metió a Negredo en la segunda mitad. 

El Sevilla, ahora sí, dio un paso adelante y ofreció una imagen más mandona. Incluso llegó a encerrar atrás al San Roque, aunque entonces se topó tanto con José Ramón como con su propia incapacidad para sacarle jugo goleador a su segunda línea. Negredo abría los espacios, pero el gol debieron rubricarlo Jesús Navas, Trochowski o Armenteros. Ninguno lo logró, ya fuera por deméritos o por las intervenciones del meta rival. Los sevillistas tienen tres puntos más en una irreal clasificación, pero su bola aún no está en el próximo bombo copero.

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