¿Copa o sólo entrenamiento?

  • Blandito El Betis, con los ojos en la Liga, afrontaba Valencia como un trámite y mostrándose muy permisivo Inofensivo Tras el descanso se repetiría la película de la insultante superioridad de los locales sobre un rival sin peso específico

Dando la impresión de que estábamos en un entrenamiento y no en una vuelta de octavos de final de Copa, el Betis remató su triste andadura por la competición del K.O. cayendo sin paliativos y por lo mismo que en la ida ante un Valencia que ha librado una de las eliminatorias más fáciles de su dilatada historia. Juanito maquillaría la noche con un espléndido testarazo en el tramo final, pero quedando palmariamente claro que el Betis ha estado en este doble lance casi siempre a merced de un rival sensiblemente superior.

Pintan bastos para el Betis en la cuenta atrás de este asalto definitivo de octavos coperos. Abstracción hecha de la diferencia existente entre ambos potenciales, la distancia entre un Valencia en horas bajas y un Betis que tira de recursos en un plantel que no se caracteriza, precisamente, por su abundancia de efectivos, por lo que cuando Rubinos ordena que empiece el baile son muy pocos los que dan un duro por los de Paco Chaparro.

Instala el trianero al Betis con un equipo experimental que empieza en Casto y acaba en Caffa, que tiene a Lima de compañero de Juanito y a Babic de defensor de Joaquín; en el centro, Juande se preocupa de Silva y de cerrar mientras que Fernando coincide a menudo con Ever Banega, Xisco se ve las caras con Baraja, José Mari se escora a la banda, Caffa a la otra y es Sobis el más adelantado en este proyecto tan inédito.

Así las cosas, el Betis no espera sino que va en busca de un rival que hace circular la pelota a muy buen ritmo, que triangula mucho y que va a encontrarse con una breva en forma de gol inesperado y que el Betis va a recibir como un obús en su línea de flotación. Van sólo nueve minutos y, rompiendo el fuera de juego ante una defensa atascada, Zigic llega antes que Casto para marcar de cabeza en forma de vaselina.

Las distancias en el cómputo de estos octavos de final se hacen siderales y el partido empieza a tomar el perfil de un entrenamiento con público. Ya nadie tiene prisas y parece que menos que nadie, el Betis. Pero al Betis le va bien el ritmo que adquiere el juego, se siente cómodo así, sin que el rival le acelere los tiempos ni le hostigue en la presión. Así sale a flote Fernando y el equipo de Chaparro hasta osa tutear al Valencia que ve cómo todo el pescado lo tiene vendido.

Claro que para cualquier iniciado subyace la impresión de que si hay más goles sólo serán para incrementar la cuenta que el Valencia inició una semana antes al final de la Palmera. Joaquín, Vicente, Silva, Banega son de otra galaxia mientras que Zigic ya ha mostrado su tarjeta de depredador aéreo con el gol. Tiene el Valencia varias ocasiones de marcar y el Betis sólo una, la de una vaselina de Caffa ante Hildebrand que va al palo cuando Rubinos ya mira de reojo el crono para ordenar el intermedio.

Ha sido un primer tiempo versallesco, con todo resuelto para el Valencia y con el Betis mirando de reojo, o con los dos ojos, a esa Liga que reaparece el domingo a las cinco en todos los relojes de la tarde heliopolitana. Tras el descanso juega Capi en vez de Caffa con el consiguiente traslado de Xisco a babor y entra Damià a suplir a un Babic que no estuvo tan mal como se esperaba ante Joaquín.

También cambia Koeman, es unos minutos después y para darle aire al recién llegado Ever Banega, al que suple Sunny para emparejarse ipso facto con Capi. Y la película se parece a la anterior como se parece una gota de agua a otra. El Valencia es el dueño de la pelota y, por ende, del juego, mientras que el Betis se mantiene dignamente de pie y como dando la impresión de estar loco porque el partido termine y, por consiguiente, su andadura copera, tan breve, tan triste y tan anodina.

Y todo se hace más triste, no más anodino sino más triste, cuando Vicente le hace el enésimo roto al sistema defensivo bético para plantarse ante el indefenso Casto y fusilarle por bajo. Si había algún atisbo esperanzador, ahí se difumina, a más de veinte minutos del final de esta andadura tan pobretona en una competición que se tiñó de verde, blanco y verde no hace tanto tiempo, pero ¿se ha hecho algo bien desde entonces? Ésa es la cuestión, el estigma que ha caído sobre el beticismo como si de una maldición bíblica se tratase. Luego marcó Juanito y hasta pudo empatar José Mari, pero ya con un Valencia en retirada y con los deberes debidamente hechos. Y así el Betis ya no tiene otra cosa en que pensar que en la Liga, esa dama que asoma tan amenazadora.

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