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Coriáceo y letal

  • Nueve partidos concediendo sólo dos empates ante dos aristócratas del continente, golear como golea y encajar un solo gol, avales del Sevilla actual

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Había terminado minutos antes el Athletic-Villarreal para el bronce de Cádiz y Joaquín Caparrós esperaba a que concluyese el turno de Manuel Pellegrini en la sala de prensa. El técnico utrerano se despedía cordialmente de José María del Nido y nos largaba una sentencia que puede resumir la palpitante actualidad de nuestro fútbol. "Sólo tres tienen pegada como para andar a gorrazos, los de siempre y el Sevilla; los demás tenemos que dejarnos los huevos en el campo porque no tenemos otra salida".

Los de siempre son los de siempre y es una obviedad dar sus nombres, pero lo que nos incumbe es que el Sevilla está en el camino de ser considerado uno de los de siempre y cuando el sábado por la noche emboque, ante el Málaga, el Memorial Antonio Puerta, su último test, presentará una tarjeta agosteña inmejorable. Nueve partidos con ocho triunfos y dos empates para que el apartado de goles no haga más que reafirmar ese espléndido balance. Veintiséis tantos a favor y sólo el del mexicano Carlos Vela en la jaula propia, aquel gol que el Arsenal lograba en el Amsterdam Arena el pasado día 9.

Intratable atrás y con una capacidad anotadora impresionante es el balance estival de este Sevilla que ha conseguido una rara cualidad, la de ser mejor mientras más figuras vende. Compra barato, vende caro y no contento con eso, se entretiene en mejorar de un curso para otro de forma espectacular. Tan espectacular que el hombre que puso las primeras piedras del edificio no se recata en meterlo en el terreno, exclusivo y muy pocas veces invadido, que escrituraron en su día el Madrid y el Barça.

Pero, ¿puede certificarse con garantías que este Sevilla es mejor que el anterior? Por lo pronto no tiene la dependencia de ese maratoniano y brillantísimo pelotero que es Daniel Alves. Por lo demás, los huecos dejados por Keita y Poulsen parecen convenientemente cubiertos por Romaric y Duscher. Es más, el primero está llamado a dar muchas tardes de gloria en Nervión y pronto va a ocupar un sitio preponderante en el corazón de los sevillistas.

Su presencia intimidante va acompañada de un salto poderosísimo que le hace ganar infinidad de balones en cualquier zona de la cancha. Cuestiones físicas importantes que cuentan con el plus añadido de una pierna izquierda que maneja como si en vez de extremidad inferior fuese superior, como si en vez de pierna fuese mano con la que remitir pases milimétricos en corto y, sobre todo, en lanzamientos de cincuenta o sesenta metros que sirven para eludir la presión o para poner en disposición de hacer daño al recipiendario.

Por ahí, nada que temer en cuanto a la marcha de Keita al Barça, pero es que Duscher no es un cualquiera y con él debe tener resuelta el equipo la capacidad de restar y de desarrollar el papel táctico que recitaba Poulsen. Ítem más, el rol que está asumiendo Enzo Maresca tras un par de años en que parecía poco identificado con la causa. Vuelve a sentirse importante y en él está encontrando el Sevilla al manijero adecuado, a ese futbolista que en el Calcio se califica regista, de hombre que dirija las operaciones, en ataque más que nada.

Chevantón se está erigiendo en el mejor anotador del equipo. Aunque muchos de sus goles hayan sido en campos de polvareda, los dos que hizo en la final de Cádiz demostraron nuevamente que el gol viaja con él en la maleta. Y es que ya no son las ocasiones que concreta, sino el buen número de veces que se pone de gol sea quien sea el rival que tenga enfrente y sea cual sea el escenario. Por lo tanto, el papel del charrúa en el Sevilla ha subido muchos enteros y Manolo Jiménez es el primero en agradecerlo porque él fue quien lo puso en la senda del reencuentro consigo mismo.

Y como Luis Fabiano sigue en el nivel del curso pasado, y comoquiera que estamos hablando de un equipazo que no ha podido contar con uno de sus buques insignias, el malí Kanoute, pues llegamos a la conclusión de que, como asegura Caparrós, el Sevilla es de los pocos con argumentos letales en ataque y no como la mayoría. Luego está la explosión de Diego Capel, la seguridad de que algún día también goleará Jesús Navas, que Adriano es un valor seguro en varios puestos y que la gran frustración en ataque, Kone, tiene el duro y ya se sabe que quien tiene el duro es el único que puede cambiarlo.

Volviendo la vista atrás, ni siquiera la ausencia de Palop ha supuesto contratiempo alguno.Una sola vez ha tenido el Sevilla que rescatar el balón de la jaula propia y eso, en nueve partidos y con rivales tan aristocráticos como Milan, Arsenal, Inter o Villarreal, habla bien a las claras de la impermeabilidad de una defensa que ha encontrado en Squillaci a un valor seguro, que ve cómo progresa David Prieto, cómo se han tabicado los flancos y de qué forma Javi Varas ha logrado que nadie echase de menos a ese icono del sevillismo que es Andrés Palop mientras se aguarda el retorno a escena de dos pilares como Escudé y Dragutinovic. Coriáceo atrás y letal arriba es el resumen de este Sevilla que crece y crece sin cansarse ni aburrirse.

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